20 sep 2020

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LA COP DE MADRID YA ES LA MÁS LARGA DE LA HISTORIA

Chile echa mano de España para salvar la Cumbre del Clima tras dos días de bloqueo

Carolina Schmidt traspasa el grueso de la negociación a la ministra de Transición Ecológica Teresa Ribera

Las críticas de las delegaciones contra la presidencia chilena eran ya un clamor en el recinto de Ifema

Manuel Vilaseró

Una manifestante por la emergencia climática, el pasado viernes, en Madrid. / AFP / PIERRE-PHILIPPE MARCOU

Una manifestante por la emergencia climática, el pasado viernes, en Madrid.
El ministro de Brasil, Ricardo Salles, charla con los miembros de su delegación durante el plenario del viernes.

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Tras más de dos días de absoluto bloqueo de las negociaciones, Carolina Schmidt, la presidenta de la Cumbre del Clima de Madrid,  pasó anoche las riendas del grueso de las conversaciones a la ministra española de Transición Ecológica, Teresa Ribera. En un emotivo discurso pronunciado ante un pleno informal la chilena reafirmó el deseo de su país de que la cita acabe con un gran avance en la lucha contra el cambio climático y pidió disculpas por la prologación de la conferencia,  que a las seis de la madrugada de este domingo ha batido todos los récord de prolongación. 

"Vamos a estar aquí con todo el compromiso como presidencia, con sus mujeres sus hombres y sus niños. Si no podemos anunciar una decisión ambiciosa, fallamos a la gente. Necesitamos ambición", advirtió a los delegados unos segundos antes de anunciar que le pasaba el testigo a Ribera en todo el paquete pendiente de aprobación salvo en  el tema de los mercados de carbono que seguirá bajo su responsabilidad aunque ya se da casi por descartado que pueda aprobarse. La ministra española deberá cerrar todo lo relacionado con la ambición (la ampliación de los objetivos de reducción de CO2), la financiación y los pagos de los países ricos a los afectados por el cambio climático, según señaló Schmidt.

Declaración firme

La Unión Europea (UE) había mostrado su empeño durante toda la jornada en que la Cumbre del Clima de  Madrid acabara con un llamamiento «firme» a que los países redoblen sus esfuerzos en la reducción de emisiones de CO2 a partir del 2020. No se iba a conformar con menos. Así lo expresaron  por la mañana los negociadores europeos en público y así lo reiteraron en las reuniones mantenidas durante toda la jornada sin lograr un solo avance.

Europa considera que ha hecho los deberes con su Pacto Verde que prevé ampliar la reducción de emisiones hasta el 50% o el 55% en el 2030 y con la apuesta por la neutralidad en el 2050 de todos sus miembros, salvo Polonia. También cree que no se puede desoír a la ciencia y a la voz de la calle que tan fuerte ha resonado en Madrid. Cualquier resolución descafeinada sería, bajo su punto de vista, un fracaso.

Aunque es verdad que la oposición de China, India, Brasil y Australia también había sido firme, algunas fuentes europeas empezaron a culpar más a la presidencia chilena de la cumbre por no saber manejar las negociaciones. La COP25 llevaba ya camino de convertirse en la más larga de la historia. La clausura de este tipo de citas nunca había pasado hasta ahora de la madrugada del domingo y siempre porque los temas que se habían tratado eran de calado. Ahora, solo se trataba  de adoptar una declaración y dejar cuando menos encarrilado el último fleco pendiente de los Acuerdos de París, la creación de los mercados de carbono.

Dos borradores rechazados

A primera hora de la mañana la presidencia chilena difundió dos borradores de acuerdos que fueron rechazados y el resto del día no fue capaz de armar ningún otro pese a haberlo anunciado reiteradamente. El borrador de declaración final se limitaba a animar a los países a «aprovechar la oportunidad en el 2020 para reflejar la mayor ambición posible en respuesta a la urgencia de abordar el cambio climático y con  miras a lograr los objetivos a largo plazo establecidos» en  París. Es decir para lograr que las temperatura no alcance los 2ºC y, si es posible, el 1,5ºC.

La UE y sus aliados consideraron el texto «insuficiente», al no recoger que la mayor ambición en los recortes de CO2 debe concretarse en los planes que los países han de presentar el año próximo. Krista Mikkonen, ministra finlandesa de Medio Ambiente, advirtió, hablando en nombre de la UE, de que «no se pondrá fin» a las conversaciones si no se adopta un «mensaje firme». «Tenemos la ciencia. Tenemos la voluntad colectiva consagrada en el acuerdo de París. Y ahora es el momento de intensificar la acción», declaró Ola Elvestuen, titular de Medio Ambiente de Noruega. «Un estímulo débil no será entendido por el mundo. Enviará un mensaje de que no estamos escuchando a la ciencia», añadió.

Las organizaciones ecologistas calificaron la propuesta de «decepcionante» y «completamente inaceptable». Adoptar la declaración propuesta «sería una traición para todas las personas en todo el mundo que sufren los impactos climáticos y para aquellos que llaman a la acción», advirtió Jennifer Morgan,  directora de Greenpeace Internacional.

El negociador de la presidencia chilena, Andrés Landerretche, se comprometió a presentar un nuevo borrador de declaración final que no fue capaz de rdactar en todo el día.

Países marginados

También se acusaba a la presidencia chilena de haber marginado a gran parte de los países. Se lo dijo directamente la representante de Papúa Nueva Guinea en la única intervención de los países en el pleno de la noche. "El 90% de los países han sido apartados de la negociación", criticó, tras lo que recibó una sonora salva de aplausos.

Más atascado todavía estaba el debate sobre la creación de los mercados de carbono. Su borrador, difundido poco después de las 9 de la mañana, cosechó duras críticas por contener incluso elementos contradictorios. El mercado de carbono permitiría a los países que no alcanzaran sus objetivos de reducción de emisiones comprar derechos a los que les sobraran.  El problema es que el modelo que exigen algunos países abre la puerta a la existencia de una doble contabilidad. Es decir que una reducción de emisiones la contara un país para cumplir con los objetivos marcados y sirviera también a otro para incumplirlos. Europa prefiere dejar la cuestión para la siguiente cumbre si no se alcanza un acuerdo adecuado.