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Medio ambiente en campaña

El clima de las elecciones municipales

Gracias al empuje de los movimientos sociales, por primera vez el cambio climático o la contaminación atmosférica tienen protagonismo en campaña electoral.

Olga Margalef y Amaranta Herrero

Manifestacion Fridays for Future en Barcelona, en Marzo.

Manifestacion Fridays for Future en Barcelona, en Marzo.

Ha llegado la primavera y con ella una sucesión de campañas electorales. Es época de carteles con caras enormes en las esquinas, tertulianos sacando humo en programas de tele y radio y una sucesión de debates sectoriales sobre cualquier ámbito de la política municipal. Esta vez, por primera vez en la historia, las propuestas en materia ambiental son también protagonistas y destacan en la agenda política de la mayoría de grupos políticos.

Aunque esto podría ser motivo de alegría para aquellas que hace años que participan del movimiento ecologista, hay que decir que vamos con un terrible retraso. El año 1992, en la Cumbre de la Terra, en Rio de Janeiro se dio el primer encuentro internacional de Naciones Unidas para tratar el cambio climático como un problema global. La parálisis política en relación a este tema nos sitúa veintisiete años después en plena crisis de biodiversidad (la Sexta Gran Extinción) y en plena crisis climática. Ambas destacan como retos de supervivencia en un futuro próximo.

Por otro lado, hace décadas que la contaminación atmosférica se considera el primer factor de salud ambiental en la mayoría de grandes metrópolis. Se tienen datos sobre miles de muertes prematuras y enfermedades crónicas que se podrían evitar si redujéramos la densidad de vehículos de motor de nuestras calles. Este tráfico es también una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero en las zonas urbanas, contribuyendo significativamente a la crisis climática. ¿Por qué estos problemas tan graves se han escondido durante décadas? No es por falta de datos ni de estudios.

Podríamos hacer una larga lista de trabajos publicados e investigaciones con contribuciones útiles para avanzar hacia una sociedad más justa social y ambientalmente. ¿Por qué no se ha incorporado este bagaje al diseño de políticas públicas? Cuando hace unos años se le preguntaba a Jordi Sunyer, médico e investigador en ISGlobal (centro de referencia en investigación epidemiológica) por qué aun sabiendo las consecuencias de la contaminación atmosférica no se hacia nada para reducirla, él respondía: "Todavía no hay suficiente población movilizada para presionar a unos políticos que tienen las herramientas".

Ciudadanía organizada

Es sabido que la punta de lanza en la conquista de derechos suele ser la ciudadanía organizada. Actualmente la acción ciudadana contra el cambio climático se encuentra representada por Greta Thunberg. Una adolescente que habla sin tapujos y que ha incomodado a las elites con sus discursos en el COP 24, Davos o la Comisión Europea. Ha sido catalizadora de un movimiento global de jóvenes (Friday For Future) que encarna la voz enfadada y asustada de una nueva generación frente la crisi climática. Esta voz se vincula a un activismo climático internacional cada vez más influente.

No es casualidad que en Estados Unidos el New Green Deal adquiera cada vez más centralidad política. En Europa, los campamentos internacionales para la justicia climática y acciones de desobediencia civil se multiplican. Hace solo dos semanas el grupo Extinction Rebellion paralizaba la ciudad de Londres durante una semana. Solo este último año han aparecido multitud de grupos de acción climática que reclaman tratar este problema, no como un hecho aislado en la gestión política, si no como la crisis existencial que representa, como un hecho transversal que afecta también a lo social. Exigen ubicar este tema en el centro del debate político y mediático.

En este último mandato, se han aprobado en algunas ciudades las primeras medidas estructurales para reducir tráfico, pero de momento no dejan de ser políticas tímidas en comparación al alcance de los problemas conectados de salud y clima que necesitamos combatir. Durante el siguiente mandato una de los principales retos tiene que ser tratar la crisis climática como un problema de civilización y articularla de forma transversal a cualquier relato de gobierno.

Esto quiere decir que necesitamos integrarla en los debates sobre turismo, vivienda, alimentación o movilidad. Por otro lado, es necesario intensificar una acción política ecologista que vaya más allá de una lógica electoralista. Necesitamos un entendimiento entre administraciones y distintos grupos políticos. Los problemas ambientales son problemas sociales de primer orden y que priorizarlos es dar respuesta a la protección de la salud y bienestar de toda la población. El elefante está en la habitación e ignorarlo compromete generaciones futuras y la biodiversidad del planeta entero.

Olga Margalef forma parte de la Red de Científicas Comunicadoras de El Periódico.