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NOVEDAD EDITORIAL

150 años de clima extremo en Catalunya

Un libro recopila y analiza 15 sucesos meteorológicos excepcionales desde las inundaciones de 1862

Los fenómenos más característicos son las lluvias torrenciales y las sequías

Antonio Madridejos

La nevada de 1962 en el barrio de Sant Andreu, en Barcelona, en el libro Meteorología extrema de Jordi Mazón y Marcel Costa.

La nevada de 1962 en el barrio de Sant Andreu, en Barcelona, en el libro Meteorología extrema de Jordi Mazón y Marcel Costa. / EDUARD MOLINS

La situación entre dos mares y dos continentes, a caballo entre las zonas climáticas tropical y templada, así como la enorme variedad orográfica, con montañas de más de 3.000 metros junto a grandes llanuras, hacen de Catalunya un territorio muy especial desde un punto de vista meteorológico, un auténtico crisol si se tiene en cuenta una superficie de apenas 32.000 kilómetros cuadrados. Y una de las consecuencias de todo ello es la reiteración de fenómenos excepcionales.

El físico Jordi Mazón y el biólogo Marcel Costa, destacados divulgadores científicos, han recopilado y explicado en el libro 'Meteorología extrema' (Albertí Editor) 15 sucesos relevantes que han acontecido en Catalunya en el último siglo y medio, aunque lógicamente destacan los de décadas más recientes porque es también "de los que se tiene más información", asume Mazón. "Hemos procurado que fueran muy variados, prosigue-. Si fuera por recurrencia del fenómeno, habríamos llenado el libro de inundaciones y sequías".

El coautor, que es profesor en la Universitat Politécnica de Catalunya, explica como curiosidad que en las primeras décadas del siglo XX se vivió una cierta regularidad atmosférica, mientras que los sucesos extremos se repiten asiduamente entre 1940 y 1970. Aunque Catalunya no sufre ciclones devastadores como en el Caribe o Asia oriental, por poner un ejemplo, la violencia de algunos de los fenómenos relatados en el libro es espectacular.

1862

El diluvio universal en la Rambla de Barcelona

"La Rambla era como un río que se llevaba todo lo que había a su paso (...). Nunca había visto yo esta fuerza del agua", escribió Hans Christian Andersen, famoso por sus cuentos para niños, que se encontraba en esos momentos en Barcelona, a propósito de las graves inundaciones que asolaron la ciudad a mediados de septiembre de 1862. Es el primer fenómeno seleccionado por Costa y Mazón, posiblemente porque se trata del primero ampliamente documentado. "La catástrofe que el agua ocasionó ayer no tiene ejemplo en los anales de la ciudad condal, según nos ha manifestado una persona competente", destacó el 'Diario de Barcelona'. Llovió durante cinco días seguidos, especialmente el 14 y el 15 de septiembre, y se recogieron en la ciudad del orden de 200 litros por metro cuadrado.

1956

La siberiana de febrero

El mayor episodio de frío del que se tiene constancia en Catalunya y en el conjunto de España, al menos en décadas recientes, se produjo a principios de febrero de 1956 debido a la llegada de una masa de aire gélido de origen siberiano. Fue además una ola de frío muy prolongada, de prácticamente tres semanas. El 11 de febrero, día en que se llegó al cenit, los termómetros bajaron a -10ºC en el observatorio Fabra de Barcelona y a -7ºC en las Drassanes, en la misma ciudad. La mínima absoluta de aquel entonces fueron los -32ºC del Estany Gento, un observatorio de alta montaña en el municipio de Torre de Cabdella (Pallars Jussà), que aún permanecen como el récord español de frío.

Una imagen famosa la publicó el semanario 'Destino' en portada, con las rocas de los acantilados de L'Escala completamente cubiertas por una gruesa capa de hielo. Al margen de perderse cosechas, uno de los efectos más claros fueron las dificultades para acceder al agua corriente debido a la congelación de las tuberías de distribución.

1962

Un millar de víctimas en inundaciones del Vallès

"La noche del 25 de septiembre de 1962, lo que inicialmente parecía una de las características tormentas de principios de otoño -escriben Costa y Mazón- se convirtió en el peor desastre natural en la península Ibérica después del terremoto que afectó a Lisboa en 1755". Oficialmente hubo 441 muertos y 375 desaparecidos, aunque estimaciones posteriores elevan la cifra a 700 y 400. La precariedad de las viviendas donde se produjeron algunas de las mayores crecidas -casas construidas prácticamente en los cauces de los ríos- y la nocturnidad del fenómeno explican la elevadísima mortalidad. Terrassa fue la ciudad más afectada.

Además de explicar de forma pormenorizada el origen y el porqué de la situación meteorológica, los autores ofrecen algunos ejemplos espectaculares que cómo los aguaceros afectaron al sistema fluvial: el río Ripoll a su paso por Sabadell, que de media lleva un caudal de 0,9 metros cúbicos por segundo, tuvo una punta de 2.000 m3/s, mientras que el Besòs en Sant Adrià pasó de 4 m3/s a 5.000 m3/s.

1962

Esquiadores descendiendo por las calles de Barcelona

"El día de Navidad de 1962 -explica el libro- amaneció blanco y bajo una nevada persistente en numerosas localidades". Nevó durante unas 24 horas seguidas y en algunas zonas, fundamentalmente en las comarcas litorales y prelitorales, se acumularon los mayores grosores de todo el siglo XX. En Granollers, por ejemplo, se midió un metro de nieve; en Sabadell fueron 92 centímetros, y 50 en Mataró, Viladecans y el centro de la ciudad de Barcelona. De aquel episodio son las famosas escenas de los esquiadores descendiendo por las calles de Muntaner o Balmes. En el club de gol de Sant Cugat se organizó un torneo de esquí.

La nevada fue en un principio bienvenida, pero la persistencia del frío y la formación de placas de hielo provocaron que la movilidad en muchas localidades, particularmente Barcelona, no se recuperara por completo hasta pasadas varias semanas.

2003

Tres meses de temperaturas tórridas y elevada mortalidad

Aunque las olas de calor son un fenómeno relativamente habitual en nuestras latitudes, y muy particularmente en los últimos años, el episodio del verano del año 2003 merece un capítulo en el libro por su duración y su extensión continental. De hecho, La Organización Mundial de la Salud calificó el verano como el más cálido en Europa de los últimos cinco siglos. Por poner dos ejemplos citados en el libro, en la ciudad de Lleida se superaron los 35ºC de máxima durante 41 de los 75 días comprendidos entre el 1 de junio y 15 de agosto, mientras que el anterior récord era de 35 días. En Tortosa, los 35ºC se rebasaron en 32 días, frente al récord previo de 9.

Aunque el número de fallecidos fue motivo de controversia, la Generalitat estimó que durante el trimestre se produjo en Catalunya una sobremortalidad de 887 personas debido a deshidrataciones, golpes de calor y, esencialmente, agravamiento de enfermedades ya existentes. Al año siguiente, un estudio del Instituto de Salud Carlos III de Madrid calculó que en el mismo periodo se habían producido unas 6.500 muertes más de lo habitual en el conjunto de España.

2005

Mangas y tornados en el litoral del Baix Llobregat

Aunque el avistamiento de mangas marinas en la costa catalana se ha multiplicado en los últimos años, Mazón y Costa consideran que muy posiblemente el principal responsable ha sido la generalización de los teléfonos móviles con cámara. El 7 y el 8 de septiembre del 2005, sin embargo, se produjo una recurrencia excepcional de 15 mangas casi simultáneas en las proximidades del delta del Llobregat, cuatro de las cuales se convirtieron en tornados al tocar tierra. Además, uno de ellos, con vientos asociados que alcanzaron los 250 kilómetros por hora, obligó a cerrar el aeropuerto de El Prat y ocasionó tres heridos y daños valorados en nueve millones de euros. Dos aviones comerciales -ya en tierra- notaron las sacudidas del viento.

2009

Ciclogénesis explosiva en el campo de béisbol

El 24 de enero del año 2009, un temporal de viento que afectó al prelitoral central de Catalunya ocasionó la muerte de ocho personas en Sant Boi de Llobregat -cuatro de ellos niños en un campo de béisbol-, así como la caída de miles de pinos, cortes en infraestructuras (incluidas autopistas y líneas férreas) y otros daños diversos. No solo se alcanzaron rachas superiores a los 100 kilómetros por hora, poco habituales en la zona (en el puerto olímpico de Barcelona se midieron 97 km/h.), sino que el fenómeno tuvo una duración inusual de casi 24 horas, subrayan los autores. La racha máxima la registró un observatorio no oficial en Mediona (Alt Penedès), con 202 km/h.

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