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PREMIO MARGALEF 2017

Sandra Myrna Díaz, ecóloga: "Hemos homogeneizado la biodiversidad, igual que la cultura"

Michele Catanzaro

Sandra Myrna Díaz, premio Margalef 2017. 

Sandra Myrna Díaz, premio Margalef 2017.  / FERRAN NADEU

A la globalización de la cultura le corresponde otra globalización: la de la naturaleza. En la situación en la que se encuentran las mismas tiendas en Barcelona y en Buenos Aires se hallan asimismo las plantas. Este fenómeno tiene ganadores y perdedores: las plantas que crecen rápido y viven poco se difunden, mientras que a las más lentas les va mal. Así lo constata Silvia Díaz, bióloga de la Universidad de Córdoba (Argentina) y copresidenta del Panel Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), equivalente al famoso IPCC del clima, pero aplicado a la ecología. Díaz, experta en plantas, ha recogido esta tarde en Barcelona el Premi Ramon Margalef d’Ecologia, los galardones que la Generalitat otorga desde el 2004 en memoria del investigador catalán, figura de referencia de la ecología internacional.

¿Cómo está la salud de las plantas del mundo? Hay una gran homogeneización de la biodiversidad de las plantas. Hay unas pocas especies muy exitosas que viajan con nosotros a todos lados y desplazan a las especies raras. La globalización cultural tiene un equivalente en las plantas: Como hemos homogeneizado la cultura, lo mismo hemos hecho con la biodiversidad. Hasta ahora, este proceso tiene efectos incluso peores que el cambio climático.

¿Qué plantas ganan y qué plantas pierden? Ganan las que viven poco y crecen rápido, las cultivadas en grandes extensiones -soja, caña de azúcar, palma aceitera, eucalipto– y las invasoras, como las malezas agrícolas. Las plantas más austeras –algunos mirtos, las proteáceas–, las que crecen lentamente y son muy difíciles de reponer – como las orquídeas o los grandes árboles – están perdiendo muchas batallas globales.

¿Por qué ocurre esto? En primer lugar, por la agricultura intensiva. La palma aceitera empezó su negocio en Malasia y ahora se la han llevado a todas partes. Y luego por la globalización: el tráfico internacional lleva y trae plantas a todos sitios. También contribuyen los gustos globalizados en la jardinería.

¿También nuestros jardines tienen la culpa? Ahora, las plantas que se ponen de moda lo hacen en todo el mundo. En el sur de Francia hay una planta invasora, conocida como 'Pampa’s grass', que se introdujo por razones paisajísticas. La 'Pyracantha' se introdujo en la Argentina por sus hermosos frutitos rojos. El 'Ligustrum lucidum', porque sus raíces no levantaban la vereda. Resulta que sus frutos les encantan a las aves, que las han dispersado por todo el paisaje serrano central de Argentina.

¿Qué pasa por perder biodiversidad vegetal? No hay bienestar humano integral sin biodiversidad. Sin ecosistemas no hay comida, clima local, forraje, regulación del clima, calidad del aire… No podemos alimentarnos del sol y de las rocas, los ecosistemas realizan un sostén biofísico esencial. Sin ecosistemas no duraríamos ni una generación. Además, nuestros aspectos espirituales están relacionados con la naturaleza desde hace milenios.

"Las plantas que se ponen de moda en jardinería lo hacen en todo el mundo y pueden volverse invasoras”

¿Aspectos espirituales? Nuestra vida psíquica está relacionada con ciertos paisajes. Gran parte de nuestra evolución ha sido en conjunto con la naturaleza. Estar encerrados en una ciudad sin ni tan siquiera mirar el canal de National Geographic es un estilo de vida muy reciente. Tener un mundo con cosas bonitas, como las plantas, sería un derecho aunque no sirvieran de nada. Imagina cómo sería un mundo sin arte.

¿Cuál es la 'piedra Rosetta' de la biodiversidad en la que ha trabajado recientemente? Una buena cantidad de la diversidad del mundo está en manos de granjeros tradicionales o pueblos indígenas, que no toman sus decisiones en base al método científico. Desde el IPBES, nos propusimos desarrollar una mesa de diálogo entre estos agentes y los científicos, un marco conceptual suficientemente simple para todo el mundo. Llevamos a cabo un proceso participativo de dos años en el que participaron científicos y no científicos. Es el primer esfuerzo sincero de integrar otro sistema de conocimiento en un informe global [el informe del IPBES sobre servicios ecosistémicos que Díaz dirige y que se publicará en el 2019].

"Un mundo sin plantas sería como un mundo sin arte: aunque no sirvieran, serían igualmente un derecho"

¿Qué hay en esta 'piedra Rosetta'? Las grandes cajas conceptuales son la naturaleza, las contribuciones de la naturaleza para la gente, la calidad de vida de las personas y los factores que afectan a la naturaleza. A la naturaleza, yo le llamo proceso biogeoquímico y un habitante de los andes centrales, Pachamama. Pero si decimos sencillamente naturaleza nos vamos a entender.

¿Qué le impulsó a dedicarse a las plantas? Desde muy pequeña me interesaba la biología. A la vez, siempre he tenido una relación muy sentimental con los animales y no me gustaba la idea de abrir la barriga de un animal para entender qué comía. No lo juzgo, pero me sentía más cómoda cortando una planta .