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ALERTA DE CIENTÍFICOS

La Tierra se dirige hacia una sexta extinción masiva de animales

El 30% de los vertebrados ha perdido gran parte de sus poblaciones y de sus hábitats en el último siglo

Antonio Madridejos

Crías de orangután, en un centro de conservación de Indonesia. El simio se halla en peligro de extinción en dos islas del país.

Crías de orangután, en un centro de conservación de Indonesia. El simio se halla en peligro de extinción en dos islas del país. / GREENPEACE

La llamada sexta gran extinción o extinción masiva del Holoceno, ocasionada por las actividades humanas, avanza a un ritmo descomunal y podría ser peor de lo que se pensaba, con un efecto comparable a los grandes cataclismos que han afectado a la Tierra a lo largo de los tiempos. Según muestra un estudio internacional que ha analizado el estado y la evolución de 27.600 especies de vertebrados, la mitad de los conocidos, el 30% se encuentran en clara regresión.

El análisis, realizado por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UAM) y de la Universidad Stanforden Estados Unidos, se ha publicado en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS). Entre las causas de retroceso biológico destacan, según los autores, la pérdida y fragmentación de hábitats, la caza, el comercio ilícito, la sobreexplotación del territorio, la aparición de especies invasoras, la contaminación y el cambio climático.

El ritmo de desaparición de especies es comparable al de los peores cataclismos sufridos por la Tierra a lo largo de su historia

Dos especies de vertebrados se extinguen de media cada año, pero estas situaciones pasan casi inadvertidas tal vez porque no suponen una amenaza clara y presente para los ecosistemas de los que dependen los seres humanos, subraya la Universidad de Stanford en una nota informativa. Entre las especies extinguidas en tiempos recientes se cuentan, entre otras muchas, el tilacino o tigre marsupial de Tasmania, el dodo, varias especies de moas neozelandeses, el caballo tarpán, una especie de cebra conocida como quagga, el otario de Japón y el alca gigante.

El estudio ofrece la primera evaluación global de estas tendencias de declive extremo de poblaciones de animales y sus posibles efectos en cascada, y va más allá de las extinciones de especies para proporcionar una imagen sobre la disminución de poblaciones y rangos de animales.

LA CRISIS DE LOS MAMÍFEROS

Entre las 27.600 especies de vertebrados analizadas, es particularmente dramática la situación de los mamíferos. De las 177 especies que datos conocidos del último siglo, los investigadores concluyen que más del 40% no disponen ni un 20% de su hábitats originales.

Las regiones tropicales aglutinan el mayor número de especies decrecientes. Los mamíferos del sur y el sudeste de Asia, donde todas las especies grandes de mamíferos analizados han perdido más del 80% de sus rangos geográficos, están especialmente afectados.

El estudio sostiene que el 50% del número de animales que alguna vez compartieron la Tierra ya no existen.

"La pérdida masiva de poblaciones y especies refleja nuestra falta de empatía con todas las especies silvestres que han sido nuestros compañeros desde nuestros orígenes", apunta el autor principal del estudio, Gerardo Ceballos, de la UAM, quien añade: "Es un preludio de la desaparición de muchas más especies y del declive de los sistemas naturales que hacen posible la civilización".

Rodolfo Dirzo, profesor en Stanford, indica que se trata de "una aniquilación biológica que ocurre a nivel mundial, aunque las especies a las que pertenecen estas poblaciones todavía puedan estar presentes en algún lugar de la Tierra".

EFECTO EN CASCADA

La pérdida de poblaciones y de diversidad biológica es importante porque, además de ser lo que los científicos llaman un preludio a la extinción de especies, afectan a aspectos cruciales como la polinización de las abejas, el control de las plagas y la purificación de los humedales. Además, se pierden intrincadas redes ecológicas que implican a animales, plantas y microorganismos, lo que conduce a ecosistemas menos resistentes y grupos de información genética que pueden resultar vitales para la supervivencia de las especies en un entorno mundial que cambia rápidamente.

"Tristemente, nuestros descendientes también tendrán que prescindir de los placeres estéticos y las fuentes de imaginación proporcionados por nuestros únicos homólogos vivos conocidos en el universo", subraya Paul Ehrlich, de Stanford.

Los investigadores abogan por frenar los impulsores básicos de la extinción de especies (la superpoblación humana y el consumo excesivo) e instan a la sociedad a alejarse de "la ficción de que el crecimiento perpetuo puede ocurrir en un planeta finito".

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