Ir a contenido
Las estrípers de Wall Street

AP / Barbara Nitke

LA OTRA CARA

Las estrípers de Wall Street

Jennifer López protagoniza una película basada en el caso real de un grupo de bailarinas que estafaron a un buen puñado de 'brokers'

Nando Salvà

Desde que vio la luz a principios de la pasada semana en el Festival Internacional de Toronto (TIFF), 'Estafadoras de Wall Street' ha sido considerada por unos como algo parecido a un manifiesto feminista y, por otros, como una excusa para satisfacer el deseo de Jennifer López de mostrarnos qué buen cuerpo tiene a sus 50 años y qué bien lo menea. Se la ha definido como la versión de 'Uno de los nuestros' (1990) que el mundo pos#MeToo necesita, pero también como un remedo tosco del clásico de Scorsese.

Hay quienes han dado por hecho que estará entre los títulos candidatos a los Oscar y quienes han argumentado que su presencia en esa lista sería una insensatez. De ella, en fin, se han dicho muchas cosas. De hecho, es una de las películas que más han dado de qué hablar este año en un certamen que tradicionalmente funciona como preciso detector del cine estadounidense que más contará en los próximos meses. Y seguirá dando de qué hablar, a medida que vaya llegando a las carteleras. Aquí, se estrena el 22 de noviembre.

  

  

  

Antes de contar la historia detrás de ella, en todo caso, es conveniente hacer una aclaración acerca de las mujeres protagonistas del escándalo en el que se basa. Sí, trabajaban en clubs de estriptís y, sí, se quitaban la ropa a cambio de dinero. Pero Samantha BarbashRoselyn Keo, Karina Pascucci y Marsi Rosen –en la película sus nombres han sido cambiados– eran mucho más que estrípers. Para cuando estuvieron tan metidas en las arenas movedizas del crimen que ni sus taconazos de Gucci podían evitar que se hundieran, esas mujeres eran verdaderos tiburones de las finanzas. Por muy ilegales o inmorales que fueran sus métodos, se basaban en un conocimiento preclaro de la ley de la oferta y la demanda.

Estaban convencidas de que los timos servían para reivindicar su profesión y su sexo

Escrita y dirigida por Lorene Scafaria, 'Estafadoras de Wall Street' ficciona para la pantalla las medidas drásticas que el cuarteto tomó para salvarse de la crisis económica del 2008. Para ella, usa como base un artículo publicado en el 'New York Magazine' en el 2015 que las retrató más o menos como una versión moderna de Robin Hood; después de todo, aquellas mujeres se habían dedicado a robar a quienes previamente habían robado al mundo entero y evitado pagar por ello. La diferencia es que, en lugar de redistribuir la riqueza entre los pobres, se la quedaban.

'Modus operandi'

Su método siempre era el mismo: usaban identidades falsas para concertar citas con hombres, casi siempre vinculados con el distrito financiero neoyorquino, y tras hacerles creer que estaban interesados en ellos, los arrastraban a alguno de los clubs con los que trabajaban y allí les hacían gastar miles de dólares en alcohol y bailes privados.

Siempre suministraban a sus víctimas dosis de MDMA y ketamina para que les resultara más fácil empujarlos a gastar dinero o, en ocasiones, para poder sustraerles la tarjeta si estaban inconscientes. A la mañana siguiente, aquellos tipos ni se darían cuenta del gasto. Y, si se enteraban, daba igual: la mayoría se sentían demasiado humillados o eran demasiado ricos como para denunciar. Y muchos de ellos eran hombres casados y, por tanto, dispuestos a asumir la estafa a cambio de evitar que sus pecadillos fueran puestos en conocimiento de sus esposas. 

Las mujeres llegaron a convencerse de que los suyos eran crímenes sin víctimas, que sus actos servían para reivindicar su profesión y su sexo, y que tenían que cometerlos para cuidar de sus familias –en la práctica, eso sí, también para comprar coches de lujo, viajes y vestidos de Chanel–. Su sentimiento de impunidad aumentó su avaricia, y perdieron la cautela. Finalmente uno de los hombres fue a la policía; consigo llevaba una grabación de audio en la que se oía a algunas de las mujeres admitir que lo habían drogado.

Samantha Barbash, que inspira el personaje al que da vida Jennifer López. /dea

Culpables

En el 2017, Barbash fue sentenciada a cinco años de libertad condicional tras declararse culpable de los cargos de conspiración, asalto y hurto mayor. Un año después, Keo aceptó un acuerdo de culpabilidad admitiendo hurto mayor e intento de asalto, y recibió la misma pena. Rosen y Pascucci fueron sentenciadas a pasar los fines de semana en la cárcel durante cuatro meses y a cinco años más de libertad condicional.

Actualmente, siguen considerándose las partes perjudicadas. No creen haber hecho nada malo, al menos nada tan malo como las cosas que sus clientes hacían regularmente. Recientemente, Barbash ha anunciado que demandará a Jennifer López; sostiene que la actriz y cantante se ha enriquecido a costa de su historia y a la vez, paradójicamente, que la historia que 'Estafadoras de Wall Street' cuenta es falsa.

Barbash ha anunciado que demandará a López por falsear la historia y enriquecerse a su costa 

El personaje de Barbash resulta especialmente trascendente interpretado por López, una estrella rutilante que a menudo ha visto cómo sus atributos físicos eran tenidos en mucha más consideración que su talento. En la película protagoniza una de las entradas más memorables del cine reciente, bailando sobre una barra americana al ritmo de 'Criminal', de Fiona Apple, y asaltada por un enjambre de billetes. Ramona (el nombre del personaje en la película) se apodera del tubo y realiza una serie de sensuales acrobacias que por su dificultad no estarían fuera de lugar en el Cirque du Soleil.

López pasó meses entrenando para aprender escenas como esa, pero su interpretación significa mucho más que unos bailes. Resulta fácil resumir la carrera actoral de la neoyorquina como dos décadas de comedias románticas mediocres y 'thrillers' estúpidos, o asumir que su éxito musical le empujó a relegar al cine a un segundo plano. Sin embargo, este papel promete reconfigurar la imagen que se tiene de ella como actriz que puede decirse que representa una forma de recuperar el tiempo perdido desde que demostró su talento frente a la cámara en 'Un romance muy peligroso' (1998).

Karina Pascucci, en el momento de su detención. /dea

Explotadores explotados

Junto a ella, en el reparto figuran actrices como Constance Wu y Lili Reinhart, y cantantes como Cardi B. Lizzo, y también algún que otro actor con apenas unas pocas líneas de diálogo. Después de todo, es una película hecha por mujeres y sobre mujeres, que proyecta una incisiva mirada femenina a un mundo tradicionalmente contemplado a través de lujuriosos ojos de hombre.

En última instancia, la película cuenta la historia de un grupo de mujeres que persuaden al tipo de hombres que las maltratan y las cosifican para que gasten en ellas la cantidad de dinero suficiente para sentirse humillados; que, en otras palabras, hace que los explotadores se conviertan en explotados. En ella, además, ellos son el verdadero sexo débil, esclavos de una libido que solo son capaces de satisfacer pagando, mientras ellas sacan el máximo provecho del poder que ejercen sobre los hombres.

¿Es 'Estafadoras de Wall Street', pues, un arma de empoderamiento femenino? Habrá quien considere, en cambio, que convertir su historia en una forma de reivindicación supone aceptar un statu quo según el que la fuerza de la mujer se concentra en el atractivo de su físico, y que eso en realidad hace que la película sea más o menos tan feminista como un selfi de Kim Kardashian. Sin duda, se seguirá hablando de ello.