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Hirokazu Koreeda, en el festival de San Sebastián, el pasado 23 de septeimbre.

LA ENTREVISTA

Hirokazu Koreeda: "En la familia japonesa hay una falta alarmante de amor"

El ganador de la última Palma de Oro de Cannes explora los lazos familiares en 'Un asunto de familia', que se estrena el próximo día 21

Nando Salvà

A lo largo de una carrera que ya casi va por el cuarto de siglo, Hirokazu Koreeda se ha convertido en el más aclamado de los directores japoneses actuales. Y lo ha logrado contando historias que hablan de asuntos tan dispares como la vida samurái –'Hana' (2006)– o el fetichismo sexual–'Air Dol'l (2009)–, y tocan géneros que van de la fantasía –'After Life' (1998)– al thriller judicial –'El tercer asesinato' (2017)–. Pero sin duda es gracias a sus retratos domésticos que ha obtenido sus mayores reconocimientos. En títulos como 'Nadie Sabe' (2004), 'Still Walking' (2008) y 'Después de la tormenta' (2016), Koreeda ha explorado diferentes aspectos de la familia nipona en tiempos de transición social e incertidumbre económica, y lo ha hecho derrochando ternura y humanismo. Ese tipo de película es también 'Un asunto de familia', por la que obtuvo en mayo la Palma de Oro del Festival de Cannes y llega el próximo día 21 a los cines. En ella, mientras contempla a una prole extremadamente disfuncional cuyos miembros salen adelante robando en supermercados, Koreeda reflexiona sobre la naturaleza de los vínculos que nos unen los unos a los otros.

¿Por qué le interesan tanto los modelos de familia heterodoxos y a menudo problemáticos?
No lo sé muy bien. En Un asunto de familia, por ejemplo, intento profundizar en la cuestión que ya abordé en De tal padre, tal hijo (2013): de dónde proviene el vínculo familiar o, mejor, si es posible formar una familia allí donde no hay lazos de sangre. En Japón solemos dar mucha importancia a la consanguinidad pero, curiosamente, en los núcleos domésticos hay una carencia alarmante de amor y cariño. Por eso, cuando leí un artículo sobre una familia que vivía de los artículos que robaban y luego vendían, se me ocurrió una idea prometedora: retratar a una cuyos miembros no están unidos por la genética sino por el crimen, y que aun así son capaces de ofrecerse mucho amor.

¿Cuánto hay de autobiográfico en los lazos familiares que la película retrata?

Mentiría si dijera que la familia en la que me crie o la que posteriormente he formado son disfuncionales, y prometo que mi padre nunca me enseñó a robar en supermercados. Pero hay algo en el relato que sí me interpela.

¿El qué?
Uno de sus personajes es un niño que empieza a madurar al comprender que aquel a quien considera su padre es un hombre fallido. Mi tránsito a la edad adulta fue muy parecido. Mi padre se ausentaba de casa durante largos periodos a causa de su trabajo, y tuve que acostumbrarme a no tenerlo cerca. Tuve que hacerme mayor muy rápido, y creo que eso afectó a mi modo de verle.

Los protagonistas de 'Un asunto de familia' son delincuentes pero, en todo momento, usted demuestra estar de su parte.
Sí, porque son víctimas. En los últimos años, el sistema del bienestar en Japón ha empezado a tambalearse. Los índices de pobreza se han disparado y, de la misma manera, también el número de personas que dependen de ayudas. Además, la media de edad de la población es cada vez más elevada y hay más gente en edad de dejar de trabajar. El Gobierno prometió que invertiría más dinero en programas de asistencia social, pero en lugar de eso lo han destinado a comprar armas a Estados Unidos. Y han fomentado políticas que abandonan a los menos favorecidos a su suerte. En todo caso, mi película no es una crítica social.

"Me preocupa por qué quienes vivimos al lado de personas abandonadas por el sistema no nos tomamos el tiempo de fijarnos en ellas"

Disculpe, pero después de lo que acaba de explicar es difícil no verla como una crítica. 
Lo es en tanto que estos personajes son, hasta cierto punto, invisibles para el sistema. Pero a mí lo que me preocupa es por qué quienes vivimos alrededor de esas personas no nos tomamos el tiempo para fijarnos en ellas. Creo que sería hipócrita echar toda la culpa a los gobernantes cuando nosotros mismos no hacemos nada. Mi objetivo con la película no es que la gente salga del cine criticando al Gobierno, sino haciendo cierto examen de conciencia.

Tradicionalmente, la japonesa ha sido una sociedad con un sentido del honor muy arraigado. ¿Se ha visto afectado ese sistema de valores a causa de la inestabilidad económica y social? 
Sí, de varias maneras. De entrada, el concepto de familia y de comunidad se ha deteriorado. Hasta hace muy poco tiempo, los niños y niñas japoneses tenían un sentido de la familia muy arraigado y mantenían una relación muy estrecha con sus abuelos, pero eso ha dejado de ser así. Las personas de la tercera edad, de hecho, a menudo se ven obligadas a llevar vidas muy solitarias porque nadie cuida de ellas. Por lo que respecta a las nuevas generaciones, cada vez más jóvenes deciden pasar la vida solos porque no se pueden permitir formar una familia. Por último, la inestabilidad ha provocado un auge del nacionalismo y del pensamiento totalitarista que me tiene muy preocupado. Se están perdiendo valores de democracia y tolerancia, y eso se percibe claramente en la calle. Japón se ha convertido en un país perdido, y envenenado de odio.

"Los gobernantes
intentan arrimarse a nosotros, los artistas, para lavar su imagen y usarnos políticamente"

¿Cómo tratan sus gobernantes a los artistas como usted?
Intentan arrimarse a nosotros para lavar su imagen, usarnos políticamente. Es importante no dejarse. Lo mismo sucede con los medios de comunicación, y me preocupa que ellos sí acepten el juego. Las televisiones, por ejemplo, han dejado por completo de mostrarse críticas con el Gobierno, y quienes las dirigen a menudo comen con ministros y otros líderes políticos. Han dejado de ejercer su tarea de control y supervisión, y eso es muy peligroso.

En cuaquier caso, y como muchas de sus películas previas, 'Un asunto de familia' carece del tipo de cinismo y pesimismo que domina el cine actual. ¿De dónde proviene su optimismo?
Lo cierto es que en Japón la palabra optimismo tiene connotaciones peyorativas; llamamos optimista a aquel que es iluso. En todo caso, yo me considero más bien pesimista, pero no quiero hacer películas que deliberadamente depriman al público. Cuando yo era más joven me atormentaba la idea de la muerte. Pero después mis padres fallecieron, y casi al mismo tiempo yo me convertí en padre. Es decir, perdí algo pero algo nuevo llegó para cubrir el vacío. Entonces empecé a ver la vida como algo más fluido y armonioso.

A lo largo de la última década, su ritmo de trabajo parece haberse acelerado. ¿A qué se debe?
El motivo es que mis películas han empezado a hacer más taquilla en mi país, y por tanto ahora me resulta más sencillo encontrar financiación para mis proyectos. Eso, claro, no quiere decir que yo sea un director taquillero, pero por otra parte mis películas no cuestan mucho dinero. En todo caso, es un alivio no tener que preocuparme de si voy a ser capaz de encontrar un productor que financie mi próxima película. 

"Con el tiempo he perdido energía, y supongo que es inevitable. En cualquier caso, me divierto cada vez más rodando películas"

¿Diría que con los años ha ido mejorando como artista?
Soy mejor en ciertas cosas y mucho peor en otras. Con el tiempo he perdido energía, y supongo que es inevitable. Pero trato de compensar ese déficit. Si me dedicara a jugar al béisbol, podría decirse que ya no soy capaz de lanzar con tanta fuerza, así que intento lanzar más bolas curvas. En cualquier caso, me divierto cada vez más rodando películas.

¿Dónde busca la inspiración a la hora de crear sus historias?
Tengo muy buen oído y me encanta cotillear, así que a menudo presto atención a conversaciones ajenas cuando viajo en tren. Es una forma muy útil de aprender los comportamientos humanos. También hablo mucho con taxistas, me fijo en la licencia para ver su nombre y su foto, y fantaseo acerca de sus vidas. 

¿Cuál de sus películas considera su favorita?
Lo lamento, pero para contestar a eso tengo que tirar de tópico. Es como preguntar a un padre: "¿A cuál de sus 12 hijos quiere usted más?" Seguramente uno de los hijos es increíblemente rico y exitoso, y otro no tiene donde caerse muerto, y aun así siente un amor inmenso por ambos. A mí me pasa lo mismo con mis películas.