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Paco Abril: "El antifeminismo se está organizando y quitando la careta"

Paco Abril: "El antifeminismo se está organizando y quitando la careta"

Con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, este sociólogo echa luz sobre las violencias machistas y alerta sobre la organzación de una "contrarreforma" antifeminista

Paco Abril es sociólogo y miembro de la asociación Homes Igualitaris-AHIGE. Llegó a eso que ahora se conocen como masculinidades alternativas tras pasar la primaria sin ser el chico que tocaba y recibiendo trato de bicho raro. «No me peleaba, no jugaba a pelota y me juntaba más con las niñas. Sufrí bullying. ‘Maricón’, me insultaban». Aquello, dice, lo llevó a reflexionar sobre su identidad como hombre y a interesarse luego por los estudios de género. Con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, Abril echa luz en esa caja negra que son las violencias machistas y en el papel de los hombres tras un año convulso en el que el #MeToo, la sentencia de la manada y el 8-M han hecho aflorar los trapos sucios del patriarcado.

‘Sal de la manada’, dice este año el eslogan de su asociación. Van fuertes, ¿no?
Es que el silencio nos hace cómplices. Y la cuestión es: ¿cómo podemos actuar los hombres para ir en favor de la igualdad? Pues siendo valientes y apartándonos del grupo, cosa que a veces no es nada fácil. O sea, no solo estando en contra de la violencia y de según qué comentarios, sino diciéndolo en voz alta. Si crees en un mundo en el que hombres, mujeres, negros, blancos, gais, trans y clases populares tengan las mismas oportunidades, no puedes callarte ante las injusticias, ante las violencias. 

"El silencio nos hace cómplices. Y la cuestión es: ¿cómo podemos actuar los hombres para ir en favor de la igualdad?"

Muchos dirán: «Yo no he sido violento jamás, ¿por qué se me relaciona con la manada?».
Las violencias van desde las más sutiles e invisibles hasta el asesinato o la violación. Y si nos callamos ante determinadas situaciones, de alguna manera estamos alimentando el monstruo. Igual yo no he acosado, ni insultado ni maltratado a nadie, pero no me puedo callar ante los anuncios machistas, los comentarios de compañeros o las políticas injustas en mi trabajo. En todo esto, podemos hacer algo, ¿no?

¿Se autoinculpa de alguna cosa?
Yo también he tenido privilegios, claro. En casa, mis hermanas se encargaban de las tareas domésticas, y  yo me callaba. Y en el mundo laboral también he tenido más facilidad para que me escucharan que otras compañeras que igual llevaban la investigación y sabían más que yo. El problema de los privilegios es que son invisibles para quien los tiene.

Usted que trabaja con las masculinidades: ¿cómo llevan los hombres ese puñetazo en la mesa que han propinado los feminismos?
El cambio no es de ahora, empieza hace más de 100 años. Pero es cierto que la igualdad real no llega –persisten las violencias, la brecha laboral, el desigual reparto del trabajo doméstico o la poca visibilidad en la esfera pública– y que las mujeres organizadas han dicho basta, que no quieren, por ejemplo, que las maten. Algo justo, ¿no? Este revulsivo ha servido para que más mujeres, pero también más hombres, se apunten a empujar hacia un nuevo modelo social. Pero eso implica cosas.

"Muchos hombres o están perdidos o se oponen de forma abierta: está apareciendo, y con fuerza, una contrarreforma antifeminista"

¿Por ejemplo?
Estamos poniendo en cuestión un sistema con miles de años y que se basa en naturalizar las diferencias sexuales y, partir de ahí, dar más preminencia y poder a los hombres. Cuestionar esto es complicado, no tanto para las mujeres, que salen ganando, sino para los hombres, que han tenido estos privilegios. Así que ante este nuevo panorama, muchos o están perdidos o reaccionan oponiéndose abiertamente. Está apareciendo, y creo que con mucha fuerza, una contrarreforma antifeminista. 

Pero la misoginia no es algo nuevo.
No, pero sí lo son esos movimientos antimigrantes en Austria o Alemania que también son antifeministas van en contra de lo que ellos llaman ideología de género. Son un fenómeno nuevo. Gente que tiene altavoz y poder, que van subiendo en los parlamentos. Estamos en un momento de revolución feminista, pero también de contrarrevolución. Y la situación se está polarizando. Ahí están, por ejemplo, Brasil y EEUU, donde hay un abismo creciente entre un sector conservador, racista y antifeminista, y otro movilizado contra estas políticas. Aquí están, por ejemplo, Forocoches y Vox, al que se le está dando mucha voz. ¿Hacia dónde nos lleva esto?

¿Alguna hipóstesis?
No sabría decir. Y me preocupa. La contrarreacción cada vez está más organizada y presente. Igual antes ya existía, pero ahora aflora sin vergüenza, sin caretas. Ya veremos qué pasa, tengo la sensación de que todo se está jugando en el mismo momento.

"La revisión es un proceso largo en el que te cuestiones desde las relaciones laborales hasta las afectivas, y a menudo no llegamos a los hombres que más lo necesitan"

¿Y cómo se explica este repliegue ante cifras de violencias y situaciones que claman al cielo? 
Todo esto va de poder. Todas las instituciones que tenemos, políticas y públicas, son estructuras patriarcales y se basan en una jerarquía donde los hombres ocupan una determinada posición. Y cuestionar esto implica desmontarlo. Así que, por un lado, hay miedo al cambio y, por otro, una clara resistencia.

¿Qué brindan discursos como el del psicólogo ‘llenaestadios ‘Jordan Peterson, el llamado «guardián del patriarcado»?
Bueno, este señor dice que estamos culpabilizando a los hombres y hace una analogía entre humanos y langostas para justificar las diferencias sexuales y las jerarquías que se derivan. Vamos, que somos así y que no hace falta cuestionar nada. Hay gente que habla de las masculinidades rotas, hombres que no pueden estar a la altura de lo que se les pide y que, en lugar de repensarse, actúan de forma más violenta para mantener ciertas posiciones de privilegio. Además, la revisión es una tarea complicada.

¿En qué sentido?
Nosotros hemos nacido con una serie de ventajas que van desde el ámbito sexual al laboral. ¿Se está bien, no? Cuando estoy en talleres con hombres con discursos fuertes, les pregunto: «¿Tienes hijas?». Nadie quiere que su hija sufra violencias y ahí algunos hacen el clic. Pero la revisión es un proceso largo en el que te cuestionas desde la paternidad a las relaciones laborales y afectivas, y somos conscientes de que a menudo no llegamos a los hombres que más lo necesitan.

"Hay estudios que apuntan a que la violencia de género aumenta cuando se tiene miedo a perder el poder"

Oiga, la web feminicidios.net lleva este año contabilizados 89 asesinatos en España. ¿Qué relación tienen violencia y masculinidad tradicional?  
Hay estudios que apuntan a que la violencia de género aumenta cuando se tiene miedo a perder poder. Además, la violencia está muy presente en la socialización masculina. En las películas, en la competitividad entre niños. Esto se cuestiona poco y muchos hombres entienden que es la forma que tienen de relacionarse y que es legítimo utilizarla en momentos de conflicto. Así que cuando tu pareja, por ejemplo, te cuestiona, hay quien utiliza la violencia, ya sea psicológica o física, para restituir el orden.

¿Y cómo encaja la violencia sexual en este puzle? 
El sistema patriarcal nació hace 10.000 años sustentado en que las mujeres son propiedad de los hombres, de los padres o de los maridos, y ya se sabe que con una propiedad puedes hacer lo que quieras. En algunas zonas del mundo, cuando una mujer es violada, la forma de restituir el delito es pagando el padre una dote. Y esa idea aún perdura.

"La violencia está muy presente en la socialización masculina. En las películas, en la competitividad entre niños, y muchos hombres entienden que es legítimo utilizarla en momentos de conflicto"

¿En qué medida?
Basta con mirar en los medios de comunicación cómo se sexualiza el cuerpo femenino, que aparece siempre accesible y disponible. Y esto se ha exacerbado con el porno mainstream, violento y demencial, con el que muchos jóvenes se socializan en el sexo y en el que las mujeres son representadas como objetos con los que se puede hacer cualquier cosa. Hay chicas violentadas por sus parejas, a las que no les gusta ese trato, pero que lo aceptan porque piensan que es lo normal. Incluso hay tipos que ni sienten que cometen delitos porque han asumido que con una mujer pueden hacer lo que quieran en un determinado contexto.

Como sociedad, ¿tenemos las violencias que toleramos?
Creo que somos bastante tolerantes con la violencia, sí. Además, se suele hablar mucho de las víctimas y poco de los violentos. Se tendría que poner, también, el foco en los hombres violentos, trabajar con ellos para que reconozcan la violencia y reconstituyan una vida sin ella. Y aunque ahora estamos más sensibilizados, sigue sin existir una posición frontal y radical, que vaya desde la educación hasta la justicia, una de cuyas mayores críticas es que los jueces en general no están formados en perspectiva de género. Muchas veces incluso no se dice ni que la violencia es machista, que es generada por hombres contra mujeres y contra otros hombres, y que es estructural.

"Urge una sexualidad basada en el placer, en compartir y explorar, y no en la violencia y la dominación. Debemos erotizar el buen trato"

Oiga, ¿alguna ventana abierta? 
Hoy en las aulas hay más diversidad, de identidades y sexualidades, pero los modelos tradicionales acaban arrastrando al resto. Creo que la educación afectivo-sexual es fundamental. Urge una sexualidad basada en el placer, en compartir y explorar, y no en la violencia y la dominación. Hay una psicóloga, Fina Sanz, que dice que hay que erotizar el buen trato y hacerlo visible en todos los ámbitos de la vida.

No priorizamos exactamente el consentimiento y el cuidado.
Por eso es necesario valorar ese tratar bien a los demás y a uno mismo. Que la gente joven diga «pues qué guai ser buena persona» en lugar de dominar y maltratar, que así nos va: vivimos en una sociedad enferma y al final moriremos con el planeta porque nos lo habremos cargado.