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VENTA DE ARMAS A REGÍMENES AUTORITARIOS

El espíritu del 'Esmeralda': la lección de los astilleros de Cádiz a Pinochet

Los trabajadores gaditanos se negaron a reparar un buque chileno usado para torturar

La izquierda, que avaló aquella decisión, se divide 41 años después en la crisis con los saudís

Gemma Robles

El espíritu del 'Esmeralda': la lección de los astilleros de Cádiz a Pinochet

Julio de 1977. Cádiz. Llegó el verano y las rachas de levante en una provincia cuya coyuntura económica, como las del país en general, no era precisamente boyante. Soplaron vientos de huelga (histórica) en La Bazán, la sociedad del Estado embrión de la ahora Navantia: sus trabajadores se negaron a reparar el 'Esmeralda', el buque escuela chileno en el que los esbirros de Augusto Pinochet torturaron a quienes consideraban resistencia. Los partidos españoles de izquierda, sus diputados y los sindicatos más relevantes, que llamaron al boicot, avalaron una iniciativa y una actitud colectiva que, por aquel entonces, se consideró de justicia. Hubo comunicados conjuntos, manifestaciones y mucho debate social y político.

El navío de la armada de Chile había tenido un accidente en Israel y reclamaba experimentada mano de obra en España, su siguiente parada. Barcelona, donde el colectivo de residentes chileno se hizo notar, ya había anunciado que allí era 'non grato' para hacer escalas, antes incluso de que el buque tuviera problemas. Tomó rumbo a las costas gaditanas en busca de auxilio técnico. Pero no pudo entrar en la Empresa Nacional Bazán. Sus profesionales impidieron el atraque. Se dirigió entonces al muelle de La Carraca, instalación militar, para que expertos de sus talleres y personal de la Maestranza de Cartagena lo repararan. Los abucheos de los ciudadanos que divisaban el barco en la bahía fueron constantes. "La repulsa por la visita del 'Esmeralda' a España es resultado de la campaña que contra el Gobierno actual de Chile está organizada y dirigda por la Unión Soviética", llegó a decir en aquella época Hernán Amaya Videla, agregado de prensa de la embajada chilena en Madrid.

El puerto de Barcelona se negó a acoger al buque chileno como respuesta a su condenable historial

No era el 77 un año tranquilo en España. Los efectos de la crisis del petróleo, una inflación indómita y un alarmante desequilibrio en la balanza exterior se habían instalado en las cuentas estatales. Tanta era la alarma que un puñado de variopintos políticos, que aún se estaban acostumbrando a vivir en democracia, se reunirían, meses después del episodio del 'Esmeralda', para impulsar los Pactos de La Moncloa como medicina de urgencia para una enferma economía. Pese a todo los trabajadores de La Bazán fueron a la huelga en defensa de los derechos de otros: los del pueblo chileno. Y se opusieron a arreglar el particular 'torturódromo' naval de Pinochet, esquinándose otro tipo de cálculos.

"Convertir ideales en realidades"

Octubre de 2018. Madrid. Agitado Pleno del Congreso dedicado a la venta de armas a Arabia Saudí: el presidente del Gobierno, el socialista Pedro Sánchez, confirma que no frenará la venta de armas a Riad para no poner en riesgo múltiples inversiones (estimadas en 17.000 millones) y 6.000 puestos de trabajo. Aquellos que se calcula que Navantia creará directa o indirectamente por la construcción de cinco corbetas contratadas por el régimen de Arabia y que suponen 1.800 millones de euros. No parece que el reciente y brutal asesinato del periodista Jamal Khashoggi, supuestamente cometido por agentes saudís, vaya a hacer cambiar de opinión al también líder de los socialistas, pese a admitir su "extrema gravedad".

La ministra de Defensa, Margarita Robles, el pasado miércoles, en el Congreso. /EFE (ZIPI)

"Yo tengo que estar hoy [24 de octubre] aquí en la defensa de los intereses de España, de sus intereses estratégicos, que además están situados en zonas muy afectadas por el drama del desempleo", sostuvo Sánchez en el hemiciclo. "Siempre he pensado que la política es convertir ideales en realidades", añadió para afianzar su pragmática postura, contraria a la de su ministra de Defensa, Margarita Robles (quien intentó sin éxito frenar en septiembre el envío de 400 bombas a Riad) y a otras organizaciones de izquierda como Podemos, ERC o Compromìs. También PDECat reclamaba un embargo de esas armas, mientras que PP y Ciudadanos coincidieron en este caso con el Ejecutivo.

España estaba, en 1977, inmersa en una gran crisis y, sin embargo, los huelguistas primaron los ideales

No son estos los tiempos del boicot al 'Esmeralda' en el Cádiz de los 70. La derecha no alberga dudas. El PSOE, que lidera claramente la izquierda según los últimos sondeos y que está instalado en La Moncloa desde el verano, gusta de la 'realpolitik' más que 40 años atrás. También las entidades sindicales y los propios profesionales de los astilleros públicos gaditanos quienes, generacionalmente, podrían ser los hijos y nietos de los huelguistas que hace ya unas décadas plantaron cara a Pinochet.

Los matices de Podemos

Cierto es que los contextos son desiguales. Cuando el 'Esmeralda' pidió auxilio a los profesionales de Cádiz, España tenía reciente el entierro de su propio dictador, Francisco Franco, y transitaba poco a poco el camino de la democracia. Buena parte de la sociedad española, especialmente la que con más ahínco había luchado por superar la dictadura, seguía con preocupación las noticias que llegaban sobre Chile y las barbarie que imponía Pinochet. El buque escuela chileno –que continúa navegando hoy en día y es considerado embajada ambulante del país latinoamericano- es hermano gemelo del Juan Sebastián Elcano español y fue entregado en 1953 a la Armada chilena como pago por deudas del franquismo contraídas en la guerra civil.

Verdad es también que la carga de trabajo de estos astilleros en los 70, en una provincia como Cádiz que registraba una tasa de paro del 50% a finales de 1977, era relevante y diversificada, sin clara dependencia de una fuente de contratos, como ahora sucede con las corbetas saudís. Ese es el argumento que Podemos ha utilizado en tierras gaditanas para justificar su rechazo a nivel nacional a la venta de armas a Arabia Saudí –véase a Pablo Iglesias en la sesión parlamentaria del miércoles- y la defensa que, desde la capital sureña, hace su alcalde José María González, 'Kichi', de la conservadora actitud de los trabajadores de Navantia. Iglesias ve compatible no vender más armas a Riad y que las arcas públicas hagan frente a las corbetas en construcción. 

Sánchez no cree poder permitirse un desplante semejante a los saudís tras el asesinato de un periodista

'Kichi' ha hecho campañas comparando lo que acaeció hace cuatro décadas con el 'Esmeralda' y la asunción de los contratos con el régimen de Arabia, que critica sin reclamar que se aborten, por falta de previsión del Gobierno con el sector astillero, según su criterio, y porque los trabajadores "no tienen alternativa". Puede ser. O puede ser que una parte de la izquierda y los sindicatos de Cádiz en particular y España en general hayan evolucionado y se hayan alejado de aquellos que, sin tener demasiada experiencia acumulada entonces en hacer huelgas por venir de una dictadura, se plantaron ante el buque de Pinochet.

El dilema: ética o austericidio

El asunto es extremadamente peliagudo tras la desaparición e hipotético descuartizamiento del periodista Khashoggi y complica la vida y el mensaje a prácticamente toda la izquierda europea, no solo al PSOE. Los ideales y los discursos de la ética ortodoxa frente al espejo de las realidades y los cambios sociológicos. Derechos humanos y contratos. Crisis de valores e hipocresía o crisis económica y amenaza de otro 'austericidio'. Es obvio que el recuerdo del último tsunami económico, planetario y grotesco, sigue muy presente en los hogares españoles, ¡y en los de Cádiz!, cuarta provincia con mayor tasa de paro, muy por encima de la media nacional. Además conviene no perder de vista que hay comicios andaluces el 2 de diciembre y que, en periodo preelectoral, los partidos se lo piensan cien veces antes de arriesgar con sus potenciales votantes.

Podemos reclama el fin de la venta de armas a Riad y que el Estado asuma los pedidos de Navantia

Una ruptura de relaciones con Arabia Saudí -países como Alemania han optado por congelar la venta de armas hasta que la investigación del citado asesinato esté resuelta- pondría en riesgo inversiones de Riad en Andalucía. Claro. Pero no sólo: en la madrileña localidad de Getafe se preparan 48 Eurofighters para los saudís y hay un grupo de empresas españolas involucradas en la construcción de relevantes infraestructuras en el Golfo Pérsico. El precio de intentar castigar los excesos saudís es alto. Muchísimo. El de no hacerlo, seguramente también y para varias generaciones. Si la izquierda española gana o pierde con la postura adoptada, está por ver.