Ir a contenido
Manifestación en Barcelona del pasado 8-M.

Estos son los efectos del #MeToo

Núria Marrón

Es complejo poner coordenadas a la sacudida provocada por el #MeToo, redoblado por el 8-M y el proceso de 'La manada', cuando aún estamos inmersos en ella, pero aquí va un intento de 'auditoría' local del fenómeno: del mercado laboral al entretenimiento y de las universidades a la ficción y la moda.

Solo 13 denuncias por acoso sexual ante Inspecció de Treball

A pesar de que se estima que un tercio del acoso sexual se produce en el trabajo (y que en el 66’8% de los casos el agresor es un superior, según la encuesta sobre violencia machista que la Generalitat publicó en julio), en lo que va de año apenas se han presentado 13 denuncias ante Inspección de Trabajo en Catalunya, seis menos que en el ejercicio anterior. No está nada claro si el descenso de esta cifra –tradicionalmente considerada la punta del iceberg del fenómeno debido al temor de las víctimas a denunciar por no ser creídas– se debe a un hecho puntual o al efecto ejemplarizante de casos como el de Harvey Weinstein, que han lanzado el mensaje del fin de la impunidad. Sea como sea, los protocolos antiacoso en las empresas, así como los planes de igualdad, obligatorios a partir de 250 empleados, no están sometidos a control, como reconoció poco antes de dejar la Moncloa el Gobierno del PP  en sede parlamentaria. A pregunta de este diario, el actual Ejecutivo asegura que «tendrá en cuenta» este aspecto en la futura ley de igualdad de hombres y mujeres en el ámbito laboral.

Expedientes abiertos en todas las universidades

«En las universidades, también se producen distintas formas de desigualdad», asegura Tània Verge, directora de la Unitat d’Igualtat de la Universitat Pompeu Fabra, para quien, en esta cuestión, «las alumnas van por delante». Los protocolos contra el acoso –en todos los centros hay expedientes abiertos– «son mejorables y siempre deben irse revisando», apunta la especialista, quien añade que «la magnitud de la tragedia que han destapado el #MeToo y 'La manada' se ha traducido en un aumento de hombres aliados y de mujeres que hasta el momento no se habían identificado abiertamente con el feminismo». Aun así, en la universidad queda un largo camino por recorrer en materia de igualdad, asegura Verge. Algunas de las asignaturas pendientes son la incorporación de la perspectiva de género en los currículums, los sesgos que limitan la carrera académica de las mujeres, y su acceso a los órganos de gobierno. Uno de los titulares que arrojó el pasado 8-M es que solo cuatro universidades públicas españolas tienen al frente una rectora.

De la crisis del Lliure a #SerActriuÉs

La actriz Andrea Ros desencadenó un particular #MeToo en la escena catalana cuando, el pasado verano, acusó a Lluís Pasqual, entonces director del Teatre Lliure, de trato vejatorio en un escrito en las redes sociales. La denuncia pública, amplificada por el colectivo Dones i Cultura, acabó provocando una crisis en la institución que se zanjó, semanas atrás, con la dimisión del dramaturgo. Tras el rifirrafe en las redes y los «comentarios condescendientes» de «cómo las actrices deben enfocar su trabajo», la también intérprete Júlia Barceló lanzó el hashtag #SerActriuÉs, que ha acabado arrojando una fotografía de la cosificación, las exigencias estéticas y el acoso que cruza el mundo del espectáculo.

El último informe de la Asociación de Mujeres Cineastas y Medios Audiovisuales cuaja de cifras concretas el 'hashtag' gremial. Los hombres ocupan más del 70% de los cargos de responsabilidad (el 88% en dirección), mientras que las mujeres tienen su plaza en vestuario (86%) y peluquería (72%). Las directoras apenas llegan al 9% en ficción, la peor cifra de esta década, recoge el informe.

Una sacudida de largo alcance en la ficción y la moda

¿Están acusando la moda y la ficción, dos plataformas que a menudo han naturalizado y espectacularizado las violencias, el efecto del #MeToo? «Que Condé Nast ponga en barbecho a Bruce Weber Mario Testino no deja de tener su peso –asegura la crítica cultural Begoña Gómez Urzaiz, quien apunta a que la moda es una de las industrias que más se sustenta en las estructuras del patriarcado–. Emite la señal de que algunas cosas ya no son aceptables y toca ahí donde más duele: si te comportas así, no hay portadas de 'Vogue' para ti». Para la periodista, ya será una victoria –«pequeña y si se quiere cínica pero también útil»– que el #MeToo sirva para que haya más personas que, cuando se va a lanzar según qué imagen o mensaje, digan: ‘Ojo, esto no, que nos van a crucificar’».

Gómez Urzaiz también augura que, en adelante, veremos a muchos Weinsteins «y muchos (muchas) anti-Weinsteins» en el cine, las series y la literatura. Tan solo en torno al propio productor ya hay tres proyectos de película en marcha. «Es un tema que no puede ignorarse, y eso que siempre ha estado ahí. En el periodismo, por ejemplo, emociona pero sobre todo cabrea cómo vemos ahora con otros ojos historias como las de Monica Lewinsky o Anita Hill».
 

Solo 137 juzgados reciben formación obligatoria

El Consejo General del Poder Judicial comunicó la semana pasada que ofrecerá la posibilidad de recibir cursos sobre violencia machista a los jueces de los 335 juzgados con competencias en esta materia. Hasta ahora solo los que dirigen juzgados especializados –un total de 137– están obligados a realizar cursos de 50 horas de duración.  
El CGPJ cumplía así con una de las medidas incluidas en el Pacto de Estado contra la Violencia Machista, sin esperar a que entre en vigor la ley que el PSOE presentó nada más llegar a la Moncloa   y que prevé ampliar la formación y sensibilización en igualdad de los encargados de dictar sentencias. El problema con este tipo de formaciones, asegura la abogada Carla Vall, es que hasta el momento han tenido siempre un carácter jurídico y no «transversal». «Es necesario que en los tribunales, por ejemplo, se sepan leer correctamente las reacciones emocionales y psicológicas de las víctimas –dice Vall–. El estrés postraumático puede provocar lagunas en la memoria y,  en el momento de la agresión, quedarse paralizado puede formar parte del shock». 

Cambios legislativos: objetivo, las violencias sexuales

Once meses después de que el Congreso oficiara el Pacto de Estado contra la Violencia Machista, el Gobierno aprobó en agosto un decreto-ley que permitió poner en marcha las primeras medidas legislativas de calado y urgentes. Entre ellas, que las víctimas del maltrato no tengan que interponer una denuncia para recibir ayuda, que los ayuntamientos recuperen las competencias en esta lucha y que los hijos de los maltratadores no precisen de autorización paterna para recibir atención psicológica. 

Sin embargo, uno de los proyectos más ambiciosos del Ejecutivo pasa por incluir las agresiones sexuales entre los delitos de violencia de género, de acuerdo con el Convenio de Estambul, para que sean entendidas no como hechos aislados, sino como fruto del machismo estructural. El Gobierno también estudia cambiar la tipificación del consentimiento, para que este deba ser explícito, y acabar con la diferencia penal entre abusos y agresiones sexuales, ya que entiende que tener acceso sexual a alguien contra su consentimiento siempre implica un grado de violencia.