Ir a contenido
Reed Hastings: Un titán con los pies en la tierra

PHILIPPE HUGUEN

PERFIL

Reed Hastings: Un titán con los pies en la tierra

El fundador de Netflix ha levantado un imperio en apenas dos décadas. A diferencia de muchos de sus pares es un hombre discreto, que sabe delegar y disfruta del tiempo en familia

Ricardo Mir de Francia

Si «toda publicidad es buena publicidad», como sostiene Donald Trump, uno de los grandes maestros del ramo, Netflix está de enhorabuena. La compañía estadounidense se ha convertido en una de las protagonistas de la última edición del Festival de Cine de Cannes antes incluso de que la alfombra roja rodara junto a la playa. Sus organizadores decidieron hace unos días cambiar las reglas del festival para que todas las películas que compitan en la sección oficial tengan distribución en los cines galos. Los nuevos criterios dejan fuera de competición a las producciones de Netflix, estrenadas en su servicio de 'streaming', lo que no ha impedido, sin embargo, que sea una de sus películas la que abra oficialmente el festival. Cannes abrió esta semana con 'Todos lo saben', el 'thriller' psicológico del iraní Asghar Farhadi, protagonizado por Penélope Cruz y Javier Bardem

Netflix no está acostumbrada a perder, pero no debería preocuparle demasiado. Con 118 millones de suscriptores en todo el mundo y presencia incipiente en 190 países es cuestión de tiempo para que su clientela crezca exponencialmente ya que la mitad de los suscriptores los sigue teniendo en Estados Unidos. En poco más de dos décadas de historia, la compañía que ha revolucionado el mundo del entretenimiento, ha crecido como una apisonadora. Mató al vídeo y mató a Blockbuster, la mayor cadena de videoclubs de Estados Unidos. Y no ha dejado de reinventarse. Sus series hace tiempo que hacen sombra a las de las grandes cadenas de televisión estadounidense, al tiempo que ha empezado a competir con los grandes estudios de Hollywood en la producción de cine. Este año pretende gastarse un mínimo de 7.000 millones de dólares en películas de producción propia y si nada se tuerce estrenara 80 filmes antes de que acabe el año. 

Los inicios

A pesar de haber levantado un imperio planetario, Netflix sigue comandado por Reed Hastings (57 años), uno de los titanes menos conocidos de Silicon Valley, donde todo parece saberse de los Bezos, Cook, Musk o Gates. Hastings ha contado alguna vez que fundó la compañía en 1997 después de que Blockbuster le cobrara 40 dólares por devolver tarde una copia de 'Apolo 13', una historia que más tarde desmintió su socio inicial, Mark Randolph, quien abandonó la compañía en el 2002. Según este último, ambos lanzaron Netflix porque querían crear «el Amazon.com de lo que fuera». Les salió inicialmente una compañía de alquiler de películas en DVD por correo, un modelo que fue mutando con el tiempo. 

Es uno de los jefes menos conocidos de Silicon Valley, donde todo parece saberse de los Bezos, Cook, Musk o Gates

Hastings es un ejecutivo inusual, reacio a las estructuras centralizadas y a controlar todo lo que pasa en la sede de la empresa en Los Gatos (California). «Hay mucha libertad. Somos algo así como el anti-Apple. Ellos lo dividen todo en departamentos, nosotros hacemos lo opuesto. Todo el mundo tiene acceso a toda la información», explicó durante una conferencia. «Constantemente me entero de grandes decisiones en las que no he tenido nada que ver». Netflix ni siquiera limita los días de vacaciones de sus empleados. Teóricamente todos ellos pueden cogerse tantos días como quieran o trabajar de forma remota. El propio Hastings se pasó un año viviendo entre Roma y California y hace años que no tiene oficina en la sede de la compañía. «Me di cuenta de que raramente utilizaba mi cubículo porque no lo necesito. Es mejor para mí ir por el edificio reuniéndome con la gente», dijo hace dos años en una entrevista.

Matemático y marine

Hijo de un abogado de la Administración Nixon, Hastings nació en Boston y estudió matemáticas en Maine. Pasó un año en los Marines y más tarde ingresó en el cuerpo de voluntarios de los Peace Corps. Con aquel programa gubernamental, se fue a Sudáfrica a trabajar como profesor en una escuela de Swazilandia. Al regresar estudió un posgrado en Inteligencia Artificial en Stanford, adonde regresaría años más tarde para hacer un máster en Informática y otro en Educación.  

En 1991 creó una empresa de desarrollo de 'software', que un lustro más tarde acabaría vendiendo a pesar de las dificultades que tuvo para sacarla adelante. «Nos pasábamos el tiempo tratando de anticiparnos a los posibles errores del sistema y al final solo conseguimos que gente errática quisiera trabajar para nosotros», ha contado Hastings.

Aprendió la lección, aunque visto con retrospectiva parece una carambola del destino que hoy siga dirigiendo Netflix. Al menos en dos ocasiones trató de vender la compañía. La primera vez en 1998 a Amazon y dos años después, en plena hecatombe de la burbuja tecnológica, a Blockbuster. Ninguna de las ofertas le convenció. 

A pesar de su fortuna, parece muy apegado a la vida terrenal. Hastings vive con su mujer, Patty Quillin (empleada en un museo), y sus dos hijos en un rancho de Santa Cruz (California). Tienen cuatro perros, cinco gallinas y dos cabras. «No navego, no pesco. Como hombre renacentista soy un fracaso», bromeaba en una entrevista.