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Gareth Stedman Jones: «Marx nunca se habría hecho marxista»

JOSE LUIS ROCA

ENTREVISTA

Gareth Stedman Jones: «Marx nunca se habría hecho marxista»

El historiador británico publica la biografía definitiva del inspirador del comunismo

Juan Fernández

En los dos últimos siglos, pocos personajes han sido más glorificados, vilipendiados y escrutados hasta el mínimo detalle que Karl Marx. Sin embargo, esas miradas han estado tradicionalmente condicionadas por el impacto que causó el marxismo en el devenir de los tiempos. Libre de las idolatrías y fobias con que marxistas y antimarxistas contaminaron su figura, el historiador británico Gareth Stedman Jones ha compuesto la que hoy pasa por ser la biografía definitiva del padre del comunismo. 'Karl Marx. Ilusión y grandeza' (Taurus) es el retrato crítico y contextualizado de un pensador que cambió la historia, pero que también cometió clamorosos errores de cálculo.

200 años después de su nacimiento, pensábamos que sobre Marx se había contado todo. El estudio de su vida y su obra ha estado afectado por la manipulación que hicieron de su figura y su discurso los regímenes comunistas, especialmente el soviético. El marxismo convirtió a Marx en un mito, una suerte de Moisés con las tablas de la ley del comunismo, y esto ha impedido, hasta hace poco, que pudiera hacerse un análisis riguroso y académico de su pensamiento. El fin de la guerra fría acabó con las restricciones que había para consultar sus cartas y manuscritos, que es con lo que yo he trabajado. No me interesaba mostrar al Marx que contaron los marxistas, sino al que dialogó con sus contemporáneos. 

¿Cómo es ese Marx? Desde luego, no fue el santo seglar que retrató el marxismo, que lo pintó como un pensador infalible, un marido y padre ejemplar y un héroe del proletariado. Fue un gran pensador que tuvo el acierto de entender y describir el capitalismo mejor que nadie y antes que nadie, algo que incluso le reconocieron en la revista Time, que lo llevó a su portada presentándole como el mejor teórico del capitalismo de la historia.

A pesar de ser su bestia negra. Marx tuvo la audacia de aplicarle al capitalismo la crítica que había usado con la religión. Al igual que Feuerbach, él pensaba que Dios no ha creado al hombre sino al revés, aunque éste viva creyendo que es obra del creador. Siguiendo este planteamiento, afirmó que el capitalismo no es un sistema natural, como defiende el liberalismo, sino una creación humana. Por tanto, puede ser modificado por la voluntad del hombre, no somos unos pobres desvalidos víctimas del sistema. 

«El pensador tuvo la audacia de aplicar al capitalismo la misma crítica que había usado con la religión»

Se equivocó al pronosticar su colapso. Esta es una de las grandes falacias que le han perseguido. A mediados del XIX, Marx seguía pensando que la tasa de crecimiento y beneficio de la economía acabaría colapsando el sistema cuando se desatara una crisis, pero luego hubo varias crisis y ese escenario no se dio. Esto le hizo cambiar de idea y en sus últimos escritos ya no hablaba de colapso sino de sacudida. Todo habría quedado aclarado si Marx hubiese escrito el volumen segundo de 'El Capital', pero murió sin terminarlo. El libro se publicó 30 años después editado por Engels, que tachó la palabra 'sacudida' y volvió a hablar de 'colapso'. 

¿Por qué lo hizo? A Engels le presionaban los socialistas alemanes, que estaban ansiosos por conocer cómo sería la muerte del capitalismo. Había que crear el mito del marxismo y la revolución, y todo conspiró para que esto ocurriera. Era algo que interesaba a todos, aunque para lograrlo hubiera que ocultar documentos importantes. Por ejemplo, parte de la correspondencia de Marx, que estaba llena de insultos a líderes de su tiempo y comentarios antisemitas que no le dejaban en buen lugar. Por la revolución, se taparon muchas cosas. 

¿Qué otras falacias del mito de Marx ha identificado releyendo sus escritos? El fracaso de las revoluciones de 1848 llevaron a Marx a replantearse este concepto y a partir de 1860 empezó a describir la revolución como un proceso, no como un acontecimiento. En ese momento se había fundado la Primera Internacional, los sindicatos se estaban reforzando, habían surgido las primeras cooperativas, estaban las revueltas polacas, el 'Risorgimento' italiano… Marx vio señales progresistas esperanzadoras que le hicieron pensar que el paso del sistema capitalista a una sociedad de productores asociados sería gradual, no de la noche a la mañana. 

¿Cómo era su carácter? En el libro lo retrata como alguien muy pagado de sí mismo. Fue un niño mimado y esto marcó su personalidad. En su familia había una tendencia a la tuberculosis, que él manifestó. De hecho, se libró de hacer el servicio militar por sus problemas pulmonares. Su madre, angustiada, lo sobreprotegió y le consintió más que a sus hermanos, que no eran tan inteligentes como él. Creció convencido de que tenía derecho a todo. De joven quiso ser poeta y se pasaba el día fumando y bebiendo en bata, entregado a sus ensoñaciones. 

«Fue un niño mimado que creía tener derecho a todo. De joven intentó ser poeta y se pasaba el día en bata, fumando y bebiendo»

¿De adulto cambió? Provenía de una familia judía convertida al protestantismo y su mujer, Jenny, pertenecía a la aristocracia. A Marx siempre le preocupó aparentar. Procuraba que sus hijas parecieran unas niñas bien y las mandaba a clase de piano aunque su situación económica rozara la ruina. Una de ellas, Eleonor, acabó desarrollando anorexia y ansiedad por el afán controlador de su padre, que llegó a impedir su romance con un joven de la comuna de París. 

Curioso retrato del padre de un movimiento identificado con la emancipación de los pueblos y las personas. En la vida personal de Marx hay diversos grados de hipocresía y doble moral. Como regalo de bodas, sus suegros les dieron una criada, Lenchen, que se quedó a vivir con ellos hasta el fin de sus días. Imagine la estampa: hacia 1850, todos en una vivienda del Soho londinense, y Lenchen y Jenny embarazadas dando vueltas por la casa. Para cuidar las apariencias, dijeron que el papá del hijo de la criada era Engels, pero este acabó reconociendo en su lecho de muerte que el verdadero padre era Marx. 

¿Hasta qué punto su relación con Engels condicionó su vida y el propio nacimiento del marxismo? A Engels le fueron muy bien los negocios en Manchester y ganó mucho dinero. Tras fundirse las dos herencias familiares y perder los trabajos que tenía como periodista y editor, Marx empezó a depender económicamente de Engels. Evidentemente, esto tuvo un coste humano. Puede que Marx se sintiera cohibido más de una vez a la hora de disentir ante su benefactor. 

¿Qué habría dicho Marx sobre el movimiento que inspiró? Nunca se habría hecho marxista. Al menos, no como el marxismo se desarrolló tras su muerte. Apoyaba la idea del gobierno directo que promovieron los primeros comunistas y criticó con firmeza a los liberales, pero no aceptaba la concepción materialista de la historia que promovió el marxismo. Él nunca habló del determinismo histórico ni del socialismo científico. Por supuesto, tampoco habría aprobado lo que pasó en la Unión Soviética. 

¿Entendería el mundo de hoy? Reconocería al capitalismo de nuestros días, que hoy sigue mostrándose como un sistema inestable que crea y destruye constantemente y sufre crisis periódicas, como él predijo. También le sonaría que hoy, igual que en 1860, las condiciones laborales y de vida de muchos trabajadores son lamentables y, como entonces, sigue habiendo dificultades para llegar a fin de mes. Pero le sorprendería el paisaje laboral. Las antiguas fábricas de obreros han sido sustituidas por profesionales trabajando en casa a través de pantallas. 

¿Usted qué le diría a alguien que hoy se declara marxista? Le preguntaría: ¿qué marxismo? Estar al lado de los oprimidos me parece loable, pero las recetas del marxismo no tienen sentido en el mundo de hoy. Vivimos tiempos difíciles, pero las soluciones a los problemas actuales no las puede dar un filósofo político que escribió pensando en el mundo de hace 150 años. 

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