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EL PERIÓDICO EN CATALÁN CUMPLE 20 AÑOS

Auge del cine documental

José Luis Guerin nos mostró con su mirada a los cambios del Raval que la ficción no tenía complejos

Quim Casas

Fotograma de ’En construcción’.

Fotograma de ’En construcción’.


Hace 20 años llegaban a las salas comerciales películas internacionales como 'Todos dicen I love you', 'L. A. confidencial', 'Carretera perdida', 'El mundo perdido', 'Funny games', 'Jackie Brown' y 'Hombres de negro'. En cuanto al cine español, Pedro Almodóvar daba una de cal ('Todo sobre mi madre') y otra de arena ('Carne trémula'), y emergía con fuerza el nombre de Alejandro Amenábar ('Abre los ojos').

Mientras tanto ¿qué se cocía en el cine producido en Catalunya, hablado en catalán o en castellano? Dos cosas destacan cuando echamos la vista atrás y contemplamos estos dos decenios, realmente fructíferos para una cinematografía que salía de su ensimismamiento, de su política cultural algo errática (en la que se privilegiaba el idioma catalán para las subvenciones aunque, pongamos por caso, los personajes de una película fueran castellanohablantes porque procedían de un barrio de inmigrantes) y de sus complejos frente al cine producido en Madrid o en Euskadi.

J. A. Bayona se ha convertido en un director  personal con éxito comercial

Dos aspectos destacan especialmente. El primero es la sana inclinación por el documental y, sobre todo, por abolir los límites del género, mezclarlo con la ficción y crear unas señas de identidad propias que no han sido reproducidas en ninguna otra cinematografía. El nuevo documental de creación catalán, surgido en buena parte del Máster en Documental de Creación ideado en la Universitat Pompeu Fabra por Jordi Balló, tendría en el recuperado Joaquim Jordà, adalid de la vertiente más insurgente de la Escuela de Barcelona, a su cabecilla incuestionable con títulos como 'Mones com la Becky' (1999) y 'De nens' (2003).

Lacuesta y Recha

En la estela de un cine documental más clásico o más renovador aparecerían Isaki Lacuesta –que en 2006 dinamitó las convenciones del documental ortodoxo con 'La leyenda del tiempo', una de las más bellas películas catalanas de estas dos décadas–, Marc Recha –quien fundiría naturalismo, ficción, recreación y primera persona en títulos como 'Pau i el seu germà' (2001) y 'Dies d’agost' (2008) hasta llegar a la plenitud minimalista con 'Un dia perfecte per volar' (2015)–, Jesús Garay –con su reconstrucción documental de la Barcelona bombardeada durante la guerra civil en 'Mirant al cel' (2007)– o, más recientemente, Neus Ballús con su ejemplar 'La plaga' (2013) y Jordi Morató con 'Sobre la marxa' (2013).

Pero sin duda hay una película fundamental para entender el auge del cine documental en la primera década de este siglo, y no solo en el ámbito catalán. Ese filme es 'En construcción' (2001) de José Luis Guerin, un inesperado (para quienes esperan siempre lo mismo) éxito comercial refrendado además por la crítica y diversos premios. Con su mirada al cambio del Raval barcelonés, Guerin, cineasta básico en el auge del documental de creación ('Innisfree', 'Tren de sombras', 'En la ciudad de Silvia', 'Guest'), nos enseñó que la no ficción ya no tenía complejos de ningún tipo. 

A rebufo de esta idea aparecería el provocador Albert Serra, capaz de hacer el cine más radicalizado y protagonizar una emisión del espacio televisivo 'El convidat'; hizo añicos las dos cosas, el documental y la ficción, con 'Honor de cavalleria' (2006) y 'El cant dels ocells' (2008).

Fotograma de 'Estiu 1993', de Carla Simón.

El otro aspecto fundamental es la eclosión de un buen número de realizadoras, mucho más que en resto del estado: Roser Aguilar, Mar Coll, Judith Colell, Elena Trapé, la citada Neus Ballús, el cuarteto formado por Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius Marta Verheyen, Carla Simón y Elena Martín. Títulos como 'Lo mejor de mí' (2007), 'Tres dies amb la familia' (2009), 'Elisa K' (2010) –codirigida por Colell y Jordi Cadena–, 'Blog' (2010), 'La plaga', 'Les amigues de l’Àgata' (2015), 'Estiu 1993' (2017) y 'Júlia ist' (2017), respectivamente, no solo ofrecen una mirada femenina en urgente estabilización de los roles de género, sino que han dado algunas de las instantáneas más inventivas –por temas, estilo o formas de producción– de estos años.

Fantástico y terror

Fotograma de 'El orfanato', de J. A. Bayona.

Otros aspectos a destacar son, por supuesto, la pujanza de un cine fantástico y de terror con varias obras seminales: 'Els sense nom' (1999) de Jaume Balagueró, 'El orfanato' (2007) –cuyo director, J. A. Bayona, se ha convertido en uno de los grandes referentes de un cine personal y comercial–, 'REC' (2007) de Balagueró y Paco Plaza –un buen ejemplo de como el falso documental puede casar bien con el terror zombi para plateas enfervorecidas de Sitges–, 'Eva' (2011) de Kike Maíllo o 'El bosc' (2012) de Óscar Aibar. O lo que podríamos denominar la comedia 'mainstream', bien distinta a la comedia a la catalana de los años 80, con las inteligentes observaciones de Javier Ruiz Caldera en '3 bodas de más' (2013) y 'Anacleto: agente secreto' (2015).

  

Los veteranos

Algunos directores veteranos siguieron en la estela por la que eran reconocidos o trazando itinerarios diferentes. El fallecido Bigas Luna intentó abrazar nuevos adeptos con 'Yo soy la Juani' (2006), Ventura Pons incidió en las versiones literarias y teatrales con obras como 'Amic/amat' (1999) y Pere Portabella regresó por todo lo alto con el ensayo 'El silencio antes de Bach' (2007). Agustí Villaronga ha dado lo mejor de sí mismo cuando ha trabajado dentro de su ecosistema temático –'El mar' (2000) o 'Pa negre' (2010)– mientras que Manuel Huerga se ha movido entre aguas más calmadas o más embravecidas con 'Salvador' (2006) o la curiosa recreación '14 d’abril. Macià contra Companys' (2011). 

Nuevas voces

También han surgido en estas dos décadas nuevas voces horadando territorios inexplorados. Lluís Galter con 'Cara cremada' (2010), por ejemplo, exploración casi brechtiana del día a día de un guerrillero anarquista en los primeros 50. Cesc Gay y sus relatos sobre adolescencia –'Krámpack' (2000) – y relaciones de pareja –'En la ciudad' (2003), 'Ficció' (2006)–. Jaime Rosales con su debut, 'Las horas del día' (2003), o cómo filmar la cotidianidad desnuda de un asesino. El tándem Ramon Térmens y Carles Torras con 'Joves' (2004), crónica de la insatisfacción juvenil a partir de tres relatos entrecruzados. Xavi Puebla y sus relatos sobre perdedores que trabajan a comisión, como 'A puerta fría' (2012). Y, desde más allá de la independencia y el poshumor, la obra inclasificable de Carlo Padial, quien después de 'Mi loco Erasmus' (2012) y 'Taller Capuchoc' (2014), acaba de dar el salto a un cine de más envergadura de producción con la inclasificable 'Algo muy gordo' (2017), interpretada por Berto Romero