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EL ARTÍCULO Y LA ARTÍCULA

Aquí 30-S, ¿me recibes 1-O?

Juan Carlos Ortega

Aquí 30-S, ¿me recibes 1-O?


Este artículo se publica en las redes sociales, pero también en papel, en EL PERIÓDICO de toda la vida que, probablemente, tenga usted ahora entre las manos. Queda claro, pues, que lo que está leyendo no ha sido escrito el domingo día 1. Las imprentas son más lentas que internet. Ya sé que lo sabía, pero en este caso es bueno dejarlo claro.

Cuando este artículo esté escrito con tinta sobre la página que usted está tocando, habrán pasado cosas que yo, ahora mismo, por fuerza desconozco. Usted sabe mucho más que yo, que me encuentro en su pasado, sabe más cosas que todos los redactores de este periódico, más que su director, más que Rajoy, más que Puigdemont, más que todos los manifestantes y todos los guardias civiles que existen mientras tecleo mi ordenador.

Ojalá tuviera una mirilla para observar desde mi sábado el domingo en el que está usted instalado

Uno lee periódicos para informarse, pero en este caso tendría que ser usted, querido lector instalado en mi futuro, quien me informara a mí de lo que está pasando en las calles y plazas de toda Catalunya. ¿Va todo bien? ¿Se ha podido evitar algo malo? Intento escucharle, pero me resulta imposible. Las leyes de la física impiden, de momento, la comunicación a través del espacio-tiempo. Pero, aun sabiendo que usted no puede responderme, me resulta muy difícil evitar formularle preguntas.
Por ejemplo, ¿cree que hay algo que ahora, el sábado día 30 de septiembre, podría hacerse para que el domingo que usted está viviendo se desarrolle con tranquilidad?

Qué pena no poder oírle, amigo lector del futuro, porque seguro que usted podría darme dos o tres consejos que le resultan obvios y que a mí se me escapan por completo. Me da una rabia tremenda saber que hay algo sencillo, alguna propuesta que no sería imposible llevar a cabo ahora, el día antes al suyo. Pero, ¿cuál es? Qué espanto no poder oírle.

Ojalá tuviera una máquina del tiempo, o al menos una mirilla para observar desde mi sábado el domingo en el que está usted instalado. ¿Va todo bien, amigo? Es que no quiero quedarme con la sensación de no haber dicho o hecho algo. Qué mal rollo me da no poderle preguntar, ¿qué hacemos ahora que estamos a tiempo?

Espero que todo haya estado muy tranquilo, de verdad, y que no esté usted cabreadísimo con los que, como yo, aún estamos viviendo en el confortable día anterior, cuando aún puede hacerse mucho, aconsejarse bien, irse a la cama diciendo: "Mañana haré todo lo posible para que sea un día sin sobresaltos". Y, sobre todo, recuerde, querido manifestante, votante, mosso, guardia civil, que usted también estuvo donde yo estoy ahora, en este sábado de septiembre, que de usted también dependió tomar las medidas que han generado el domingo, bueno o malo, usted me dirá, que está viviendo mientras le escribo. Ojalá no esté ahora arrepentido por nada. Ojalá no tenga que sentirse culpable. Lo deseo de corazón.

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