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Ligar por internet y otros fenómenos paranormales

Lucía Etxebarria

uando yo era joven lo de ligar era una cosa sencilla y a la vez complicada. Yo era camarera en un bar muy moderno de la entonces moderna Malasaña. A mis ligues siempre o casi siempre los conocía en el bar. Y siempre había referencias. Si alguien pisaba ese bar, era seguro que habría amigos y amigos de amigos que en caso de estar yo interesada, me podrían dar información. Recuerdo haberme vuelto loca por el cantante de un grupo de León. En menos de dos semanas ya me habían dado la ficha: bebía mucho y se rumoreaba que pegaba a sus novias. Me lo ligué igual, pero en cuanto vi señales de que lo que me habían contado tenía visos de ser verdad, le dejé. Porque iba advertida.

Hoy vivo en una ciudad de seis millones de personas y muchas de ellas se conocen por internet. Cuando acabas de quedarte soltero o de divorciarte e intentas volver a tener una cita, parece que la única opción que tienes es salir con la gente con la que trabajas (la mayoría suele estar emparejada y, si las cosas salen mal, sería perjudicial para tu carrera profesional) o conocer a gente nueva, por internet. Entonces muchos y muchas quedan con un total desconocido. No pueden recurrir a nadie para que les dé una referencia. Y si esa persona les agrede o les engaña, nunca podrán localizarla.

No se puede negar que las páginas y las aplicaciones para ligar ofrecen el ambiente ideal para que los depredadores sexuales se escondan sin esfuerzo, para que elijan a su presa. Según datos de la Agencia Nacional contra el Crimen de Reino Unido (la NCA), las violaciones relacionadas con ligue por internet habían aumentado en un 450% en 6 años, del 2009 al 2015). Solo en Reino Unido esta industria mueve casi 195 millones de euros al año La NCA dice que ha generado un nuevo tipo de agresor sexual, y que se denuncian menos del 17% de las violaciones que tienen lugar a través de citas en internet.

Hay otro tipo de riesgos que se corren al ligar por internet. Estafas emocionales. Agresiones al alma que no son denunciables, que no son delito, pero que aun así duelen mucho y dejan huella.

El 'ghosting', el fantasma. Conoces a alguien, quedas, tienes sexo, todo es muy bonito, intercambiáis mensajes sin parar. Y un día de pronto, zas, desaparece en el éter. Deja de responder a los mensajes y a las llamadas. Y te das cuenta de que no conoces a uno solo de sus amigos, de que no sabes dónde trabaja y quizá ni siquiera dónde vive. Se ha desmaterializado.

Cuando buscas 
relaciones en las
redes parece que 
eliges productos en 
un supermercado
de personas

El 'zombing', o el muerto viviente. Sin previo aviso un día, tras unos meses, el fantasma del párrafo anterior reaparece. Como si no hubiera pasado nada. No da explicaciones o si las da son muy absurdas: «estaba estresado», «me agobié», «no me gustó algo que me dijiste».

'Haunting' o apariciones encantadas. El fantasma se te aparece. De pronto deja un 'like' en Facebook o en Instagram, o te envía una invitación por Whatsapp a un concierto, o una foto absurda, o un meme. Pero no se comunica.

'Breadcrumbing' o las miguitas de pan. El fantasma te envía las señales mínimas para tenerte ahí. Contesta lo justo, lo correcto y necesario para que pienses que no está todo perdido, que todavía hay esperanza . Que quizá en algún momento la cosa avanzará, pero no. Un mensajito de cuando en cuando, una fotito. Pero de quedar nada.

Y es que la abundancia de posibilidades ofrecidas por las redes sociales hace que el otro pueda ser descartado y fácilmente intercambiable. Cuando ligas por internet parece que eliges productos en un supermercado de personas. Por lo tanto puedes deshacerte de ellas como si fueran mercancía usada.

¿Y en qué acaba todo esto? Pues en que hay quien entra a las aplicaciones de ligue buscando amor y se encuentra lo contrario: desprecio, abuso, tomaduras de pelo. Lo curioso es que víctima y verdugo reincidentes son similares: ambos tienen pobre autoestima, dependencia emocional y necesidad de aprobación de los demás. El verdugo alimenta su frágil ego coleccionando conquistas como si fueran sellos, con la diferencia de que nunca va a vender la colección. La víctima entra buscando un amor que no va a encontrar. Sí, claro, todos hemos escuchado hablar de una pareja que se formó en redes sociales. Y del ratoncito Pérez.

En lo que a ligue por internet se refiere, parece que tenían razón los creadores de 'Expediente X', que de fantasmas y apariciones saben mucho. Al final, la verdad no está en una 'app' de móvil.

La verdad está ahí fuera. 

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