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Eli Pariser: "El algoritmo de Google está moldeando el mundo"

Juan Fernández

Eli Pariser: "El algoritmo de Google está moldeando el mundo"

JOSE LUIS ROCA

Si está leyendo esta entrevista después de chequear sus cuentas de Facebook y Twitter, echar un vistazo a las noticias destacadas de Google y visitar otras plataformas de información 'on line' y a estas horas piensa que tiene una idea cierta de lo que ocurre en el mundo, descártelo, se está autoengañando. Lo que esas webs le ofrecen no es la realidad, sino una versión construida a su medida a partir de la información que esos gigantes de internet han recopilado sobre sus gustos, sus compras, la gente con la que habla y las páginas que frecuenta. Lo que el activista y experto en internet Eli Pariser advirtió en el 2011 en su libro 'El filtro burbuja' (Taurus) va camino de convertirse en una peligrosa profecía cumplida: la red nos está aislando porque solo nos cuenta lo que queremos oír.

claves Biográficas

  • Nació en Maine, EEUU, en 1980. Hijo de pacifistas de los años 60, tras ser aceptado para estudiar en la Universidad de Chicago, finalmente optó por dedicarse a diseñar páginas web.
  • En el 2001 se unió a MoveOr.org, una plataforma de activismo político para captar donativos a través del correo electrónico. Con este método ha conseguido recaudar hasta 120 millones de dólares para campañas como la lucha contra el cambio climático.
  • En la última década ha fundado Avaaz.org, la mayor organización social del mundo, que cuenta con 30 millones de miembros.

Usted marca el momento cero de esta perversa mutación de internet a finales del 2009. ¿Qué ocurrió en ese momento? Google anunció que a partir de ese año iba a personalizar el servicio que ofrecía a sus usuarios. Anteriormente, si usted y yo poníamos una palabra cualquiera en el buscador, los dos recibíamos el mismo resultado. Desde entonces, lo que la gente encuentra en internet cuando teclea un término no tiene nada que ver. El resultado depende de todo lo que el buscador sabe sobre esa persona, los vídeos que ha visto anteriormente, su historial de navegación, los lugares donde ha estado.

La personalización se nos vendió como una gran idea que iba a facilitarnos la vida. Y es cierto que tiene aspectos positivos. Si ahora mismo escribo la palabra 'pizza' en el buscador de mi móvil, me será de utilidad saber dónde hay restaurantes italianos cerca, no que me hable de la historia de la pasta. Pero esto se vuelve más peligroso cuando se trata de noticias de la vida real o de opiniones de carácter político.

¿Qué efectos tiene en esos ámbitos? Lo que la red nos cuenta determina cada vez más la idea que nos hacemos sobre lo que pasa. Pero si todas las noticias y opiniones que recibo están filtradas en base a lo que estas empresas saben de mí, acabaré enterándome únicamente de acontecimientos y creencias que tienen que ver conmigo, pero nunca conoceré nada que sea contrario a mi forma de pensar. Esto es gravísimo, porque mi percepción del mundo terminará distorsionándose, se volverá más cerrada.

¿Y esto está ocurriendo? Cada vez más. La personalización no solo la practica Google. En los últimos años todos los gigantes de internet, como Facebook, Twitter, Apple o las webs de noticias 'on line', han ido acumulando ingentes cantidades de información sobre cada uno de nosotros, nuestros gustos y nuestros hábitos, y a partir de esos datos han ido personalizando sus servicios. Parece perfecto, pero nadie habla del lado peligroso que esto tiene. Le contaré mi experiencia en Facebook, que fue lo que me movió a llevar a cabo esta investigación.

¿Qué le ocurrió? Yo soy de ideología progresista. Para enriquecer mi formación política y saber lo que piensa la gente de mi país, incluyendo a los que no opinan como yo, comencé a agregar a mi perfil a personas de derechas. Al principio me llegaban sus mensajes, pero Facebook descubrió que no solía clicar en sus enlaces tan a menudo como hacía en los mis amigos de izquierdas y poco a poco, casi sin darme cuenta, las noticias conservadoras fueron desapareciendo de mi 'timeline'. Facebook entendió que no eran relevantes para mí, pero la única forma de aprender y crecer como personas es enfrentarnos a lo que es diferente a nosotros.

Se suponía que internet había venido para comunicar personas y enriquecernos con ese intercambio. Hace tiempo que internet dejó de tener esa función para convertirse en un espejo de los propios usuarios, a los que continuamente devuelve sus opiniones, les reafirma en sus creencias y les fabrica mundos personalizados hechos a su imagen y semejanza. Esto es muy tentador, porque a todos nos gusta que nos digan que tenemos razón, pero podemos acabar perdiendo la perspectiva de la realidad si no contrastamos nuestras opiniones con pensamientos distintos a los nuestros, de los que jamás nos enteraremos si Google y Facebook nos los ocultan.

"Los gigantes de internet cada vez son más responsables de la percepción de la realidad que tiene la gente"

¿Tan perversas son esas compañías? El modelo de negocio de los gigantes de internet consiste en vender publicidad personalizada. Por eso quieren saberlo todo sobre los usuarios. Viven de lograr que usted se mantenga activo en sus webs y haga clic en los contenidos que les ofrecen. Obviamente, esto lo van a conseguir más fácilmente si le muestran información que le entretiene, le reafirma y le hace sentirse bien. Piensan que estará más activo en ese entorno que si se enfrenta a contenidos que ponen en tela de juicio sus creencias o les hace cuestionarse sus ideas.

Pero la gente no entra en esas páginas pensando en intereses tan rebuscados. La gente entra en Google pensando que va a encontrar la verdad absoluta, pero en realidad no lo es. Google nos cuenta lo que queremos oír y nos reafirma en nuestra manera de ser, pero nos impide conocer otros puntos de vista. Esto, a la larga, puede tener graves consecuencias. La forma de clasificar la información que tiene el algoritmo de Google puede hacer que millones de personas acaben manteniendo una determinada opinión o la contraria. El algoritmo de Google está moldeando el mundo.

¿Sus efectos se notan ya? Bueno, en los últimos tiempos estamos asistiendo a fenómenos políticos llamativos. Habrá que ver qué parte de responsabilidad tienen internet y las redes sociales en ellos. En las pasadas elecciones norteamericanas, Facebook llevó a cabo el experimento de recordarles a los usuarios que había llegado el día de ir a votar. Algo tan inocuo como un recordatorio electoral puede haber influido en el resultado final, aunque no creo que la victoria de Trump se haya debido a esto. Debemos estar atentos a cómo se utilizan nuestros datos. Los gigantes de internet cada vez son más responsables de la percepción de la realidad que tiene la gente.

¿Cómo se puede contrarrestar este efecto de la red? Hacen falta figuras de referencia que faciliten el intercambio de opiniones y ayuden a eliminar reservas y a entender al que piensa diferente a ti. También es necesario que haya ámbitos que fomenten el diálogo entre personas distintas. Por ejemplo, el mundo de los deportes es muy útil, porque entre los seguidores de un equipo de fútbol hay gente de derechas y de izquierdas, de un parecer y del contrario. El objetivo es conseguir que la gente pueda intercambiar ideas y abandone sus propias burbujas de opinión.

"Internet se ha convertido en un espejo para los usuarios, a los que devuelve sus opiniones y reafirma en sus creencias"

Usted lanzó su advertencia en el 2011. ¿Desde entonces se ha corregido el aislamiento que denuncia en su libro o ha ido a más? En los últimos años, las empresas de internet han avanzado en su obsesión por acumular datos de los usuarios y personalizar los servicios que ofrecen. Por ejemplo, el 'timeline' de Twitter antes era cronológico y ahora da más relevancia a los mensajes de los tuiteros con quienes más interactúas. El único consuelo que nos queda es que las redes sociales no son aún el principal agente de creación de opinión, que hay mucha gente que sigue informándose por otras vías.

¿Se atreve a hacer un pronóstico de cómo evolucionará este efecto de internet? Si algo nos enseña la historia es que el futuro no está escrito. Ahora mismo no se ven señales que inviten al optimismo, pero en el pasado ya hubo otros momentos en los que la gente tomó conciencia ética de su situación. Hace cien años el periodismo practicaba el amarillismo y distorsionaba la realidad, pero luego hubo una llamada de atención y la prensa cambió su rumbo y se dedicó a contar la verdad, no a intoxicar. No veo por qué esto no puede ocurrir también en internet.

¿Y a corto plazo? Al corto plazo lo urgente es que la gente tome conciencia de que lo que le cuentan las redes sociales e internet no es la realidad. Debemos afrontar a esta pregunta: ¿Somos nosotros los que usamos estas herramientas, o ellas las que nos usan a nosotros? Hoy no está clara la respuesta. 

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