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La gran estafa de la gordofobia

Lucía Etxebarria

Una mujer con obesidad morbida, en una imagen de archivo.

Una mujer con obesidad morbida, en una imagen de archivo. / FERRAN NADEU

Las mujeres sabemos que cuando un hombre con poca imaginación quiere insultarnos tira rápidamente de dos adjetivos: gorda y loca. Normalmente los dirige a gente que está cuerdísima y/o que está delgada. Un triste ejemplo es Cristina Pedroche, muy delgada. Cuando se creó un TT '#LaBallenaDeVallecas' solo para insultarla por «gorda», claramente se trataba de un acto machista.

Uno de mis numerosos sobrinos tiene un blog (para encontrarlo tecleen 'motv + soy un perdedor'). En él cuenta como un «amigo» (para amigos así mejor tener enemigos) le puso verde a través de un grupo de Whatsapp: «El gordo ese me da asco». No se metió con sus ideas ni con su inteligencia, lo más fácil era meterse con su cuerpo.

Lo mismo he visto con Mario Casas, que ha engordado 12 kilos. He leído comentarios en las redes tan crueles que sinceramente no me merece la pena reproducirlos aquí.

O cuando Mercedes Milá y el bioquímico José Miguel Mulet estaban debatiendo a propósito de un libro, de cuyo nombre no quiero acordarme para no hacer promoción gratuita. «Te recomiendo que te leas el libro y adelgaces porque estás gordo», dijo la Milá. «De toda mi argumentación -respondió él-, lo único criticable que has encontrado es el tamaño de mi cintura. ¿Te imaginas que yo pusiera en duda lo que dices por ser mujer, negro u homosexual?».

En estos casos desde luego, no se trata de un insulto machista.

Por lo tanto hace falta una mirada feminista pero también interseccional para hablar de gordofobia, porque lo delgado se construye desde la perspectiva de una sociedad consumista y alienante que quiere que gastes dinero para tener un cuerpo normativo y determinado. Y la imposición de lo delgado se impone sobre TODAS las personas de las sociedades posmodernas. Se trata de una construcción social, no solo machista.

Cuando una chica gorda o un chico gordo se siente orgulloso de quién es, cuando cuelga en las redes un foto suya con sus 80 o 90 kilos y no se avergüenza de ello, en seguida hay alguien que le pone a parir . Me pasó a mí cuando colgué en mi perfil de Instagram una foto de la cantante Beth Ditto en bikini. Gorda, puede, pero, en mi opinión, guapísima. Un montón de gente que no conocía de nada me acusó de promover hábitos nocivos.

Pero esas personas que se constituyen en celosos defensores de la salud atacan solo a las personas gordas, pero no atacan, por ejemplo, a las iracundas. En nuestras televisiones y nuestra radio tenemos tertulianos y políticos que gritan , que se enfurecen, que se llaman de todo menos bonitos. Nadie les acusa de promover hábitos nocivos. Y lo son. Desde el estudio de Freiedman y Roseman de 1950, que relacionó el patrón de conducta A ( ira-hostilidad- agresión-competitividad) con las cardiopatías, cientos de estudios han corroborado este hecho y la comunidad médica lo asevera unánimemente.

Tampoco nadie acusa de promover hábitos nocivos a esos actores, actrices, cantantes, músicos, modelos que aparecen en anuncios de cerveza o a los que cuelgan fotos en sus redes con una copa en la mano. La OMS asegura que cada 10 segundos muere una persona por causa del alcohol, factor determinante de más de 200 enfermedades. Desde la depresión y la ansiedad hasta la cirrosis o el cáncer, pasando por la hepatopatía, la hipertensión arterial, la acidez crónica, la litiasis renal... También es la primera causa de muerte en accidentes automovilísticos.

Tener unos kilos

de más no es necesariamente

malo, como revela
la estadística

Según el 'Journal of the American Medical Association', el sobrepeso no solo NO es peligroso para la salud, sino que además está asociado estadísticamente con un menor riesgo de muerte prematura, un 5% menor al de la gente con un peso «ideal». Datos de un estudio del National Centre for Health Statistics, hecho sobre aproximadamente tres millones de personas de diferentes países. El más exhaustivo hasta hoy.

Para Paul Campos, autor del libro 'El mito de la obsesidad', este nuevo estudio demuestra que el miedo a la obesidad esta injustificado en la mayoría de los casos. Que ese miedo no es más que obsesión cultural injustificada. Y alimentada por una industria que se hace multimillonaria vendiendo gimnasios, productos dietéticos, cirugía estética, alimentos 'light', etc.

Tener unos kilos de más, como demuestra la estadística, no es necesariamente malo. Las personas con sobrepeso moderado se enfrentan mejor a las enfermedades graves, que suelen ir acompañadas de una gran pérdida de peso, y de apetito. Y de un estado de debilidad más peligroso para las personas delgadas. Además, como han demostrado numerosos estudios anteriores, no todo el sobrepeso es igual, y debe valorarse en función de cada persona.

Existe un rechazo generalizado a la gordura que afecta a las personas gordas y a las que no lo son. Simplemente, se intenta controlar el cuerpo de las mujeres o las actitudes de los hombres utilizando el miedo a engordar, el prejuicio hacia lo gordo.

Mario, por si lees eso o alguien te lo da a leer: Que sepas que aquí me tienes disponible si quieres consolarte de tanto insulto. Que yo creo que estás buenísimo con tus 12 kilos de más. Que en un país en el que el Rey Emérito mata osos, yo los amo.