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Cristina Cifuentes: la rubia que no estaba allí

Antón Losada

La biografía política de la presidenta de la comunidad de Madrid parece una de aquellas antiguas copias en papel carbón sobre la trayectoria política del presidente del Gobierno. Cuesta apreciar algunos detalles pero el cuerpo del texto se lee con nitidez. Hijos ambos de padres acostumbrados a mandar, juez en Pontevedra, uno, y general de artillería en Madrid, otro, igual que Mariano Rajoy, Cristina Cifuentes se aficionó a la política estudiando Derecho, aunque no esperó a tener asegurada una plaza de burócrata para lanzarse a la acción.

Ambos han escalado con ambición y disciplina la cadena de mando del Partido Popular para llegar a la cumbre de una jerarquía donde las leyes de la evolución de Darwin constituyen la única legislación vigente: sobreviven aquellos que mejor se adaptan y, como bien dice Mariano Rajoy, saben mirar hacia otro lado cuando hay que hacerlo. Son gente de partido, conocen sus reglas y han demostrado muchas veces que si tienen que elegir entre sus ideas o el partido, la verdad o el partido, las instituciones que gobiernen o el partido, siempre eligen al partido.

Ambos han sobrevivido a hiperliderazgos que devoraban todo cuanto tenían a su alrededor y preferían rodearse de los más aduladores antes que de los más capaces. Cifuentes ha heredado el populismo liberal de Esperanza Aguirre y el régimen de culto absoluto a la lideresa que constituyó el aguirrismo. Rajoy sobrevivió dos veces, primero en Madrid y luego en Galicia, al liderazgo iracundo de Manuel Fraga y luego ganó contra pronóstico la carrera sucesoria disputada bajo el régimen de terror del aznarismo y su mortal libreta azul.

RARA HABILIDAD

Son supervivientes natos pero ambos comparten la rara habilidad de estar sin que parezca que están. Han sabido ocupar las más altas magistraturas bajo esos regímenes y al mismo tiempo ser percibidos como distantes, incluso levemente críticos. Rajoy era el ministro moderado y razonable a quien todos miraban al toparse de narices con la cara fría e impasible de José María Aznar, y Cifuentes era la rubia moderna y actual a quien todos miraron cuando el casticismo y los chotis de Esperanza Aguirre empezaron a saturar. Quienes hablan de sus tatuajes o de sus posturas respeto a la gestación subrogada para argumentar su carácter más progresista, seguramente nunca la oyeron recitar con pasión el argumentario más casposo del partido para ganar puntos durante sus años de tertuliana en el 'TDT party'. En eso se parecen más bien poco: a Cristina Cifuentes le gustan las cámaras y el estrellato, Mariano Rajoy prefiere la discreción, la mejor amiga del gobernante.

Quienes hablan  
de sus tatuajes, 
seguro que no la 
oyeron cuando 
era tertuliana en 
el ‘TDT party’

Durante ese tiempo de corrupción que acaba de dar por terminado como si ella nunca hubiera estado allí, Cifuentes lo fue todo: diputada en la Asamblea de Madrid desde 1991, llegando a vicepresidenta de la Asamblea y portavoz adjunta del grupo popular. Estuvo en la junta directiva del PP de Madrid, en el Consejo General de Caja Madrid e incluso en el Consejo Taurino hasta llegar a delegada del Gobierno en Madrid. Mientras la Púnica y la Lezo saqueaban impunemente las arcas públicas, la delegada Cifuentes se hizo famosa por acosar a los indignados del 15-M como si ella fuera el lado oscuro de Sarah Connor y los policías fueran 'terminators' armados hasta los dientes.

Cuando debió empezar a desarticular el aguirrismo y prepararse para la contingencia de tener que usar a Esperanza Aguirre como cortafuegos, a Mariano Rajoy no le costó mucho decidirse. Ambos comparten incluso en su biografía sendos accidentes mayores de tráfico de los que emergieron con su capacidad de resistencia notablemente endurecida y sus habilidades de supervivencia mejoradas. No es por casualidad que hayan demostrado ser los únicos dirigentes populares que saben gobernar en minoría y con notable estabilidad incluso cuando más arrecian los temporales de la corrupción.

LA CORRUPCIÓN

Ambos sufren también el mismo problema político y su futuro soporta la misma amenaza. Aunque se comporten como si la corrupción fuera cosa del pasado, Mariano Rajoy nombró a Luis Bárcenas director de alguna de las campañas que se financiaron de manera opaca y era el responsable de organización del partido mientras la trama Gürtel engordaba. Cristina Cifuentes se hizo la rubia mientras era consejera del Canal de Isabel II y los González lo saqueaban y ha tenido que prescindir de casi la mitad de la lista con la que ganó las elecciones autonómicas en 2015. Antes o después puede que el pasado les alcance… o no. 

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