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Siri Hustvedt: "Nadie respeta el intelecto de una mujer joven y fértil"

Elena Hevia

Siri Hustvedt, días atrás, en Barcelona, donde disfrutó de la fiesta de Sant Jordi.

Siri Hustvedt, días atrás, en Barcelona, donde disfrutó de la fiesta de Sant Jordi. / JUAN LUIS ROD

Siri Hustvedt irradia luz y una alegría empática. Es difícil imaginarla como la mujer temblorosa que fue cuando su sistema nervioso le jugó malas pasadas con una suerte de rara epilepsia. La novelista norteamericana no se limitó a ser paciente, ha estudiado a fondo neurociencia y relacionó sus conocimientos con el mundo del arte –que está en la base de su excelente novela 'Todo cuanto amé'– y la literatura, desde una posición feminista. Lo expone en 'La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres' (Seix Barral / Edicions 62), que no es otra que ella misma.

¿Por qué las ciencias y las humanidades siguen enrocadas en sus departamentos estancos? En España a los chicos se les hace elegir entre unas u otras a los 15 años. Y es un gran error. En Estados Unidos no hay que decidir tan temprano, pero en el fondo el resultado es bastante parecido. Una enorme división, una brecha entre la ciencia dura y las artes, consideradas algo 'light'. En Occidente, la ciencia se está colocando en el vértice del conocimiento y esto también es un problema.

Detrás de esa elección hay un utilitarismo. Un carrera de ciencias te asegura una salida laboral y un mayor prestigio social. Y en realidad lo que debería valorarse es la flexibilidad de la mente y que eso te permita abordar distintos problemas. No abogo por la especialización que te da un recorrido muy estrecho. Actualmente en Nueva York hay facultades de medicina que han empezado a acoger estudiantes de humanidades, que naturalmente se han puesto al día en biología, y los resultados son igual de buenos que los que escogieron la ciencia de partida.

claves biográficas

  • Nació en Northfield, Minnesota, en 1955, y desde muy joven escribió poesía, algo que no ha cultivado después.
  • Conoció al que sería su marido, Paul Auster, cuando ninguno de los dos era demasiado conocido. No ocurría lo mismo con la primera esposa de Auster, Lydia Davis, madre del hijo mayor del escritor. 
  • La hija de Auster y Hustvedt, Sophie, es actriz y cantante. Recientemente ha realizado una gira por España de presentación de su tercer disco, ‘Next time’.
  • En su novela 'Todo cuanto amé' utilizó un episodio real, los problemas con la justicia de Daniel Auster, hijo de su marido, como modelo poco encubierto de esa compleja historia.

El corolario de todo eso es que las carreras de ciencias tienen más estudiantes masculinos y las de letras, una aplastante presencia de mujeres. Cuando hice mi tesis doctoral de literatura inglesa en Columbia, en el 86, casi no había catedráticas. Pero desde entonces han aumentado las cifras de mujeres en los campus de humanidades, medicina y derecho, mientras que las matemáticas, la ingeniería y la filosofía siguen siendo prerrogativas masculinas. Conclusión: cada vez que un campus se inunda de mujeres el estatus cae.

Es triste. Pero es así. La medicina ahora no tiene un gran estatus porque está plagada de mujeres.

'No son competencia' que diría Karl Ove Knausgard. Exacto, si los hombres consiguen su valía tan solo a los ojos de otros hombres y no de toda la humanidad, y ahí incluiríamos a hombres y mujeres, esto continuará perpetuándose.

La pregunta del millón es ¿por qué habiendo más mujeres en la universidad cuando acaban sus estudios no acceden a más cargos de responsabilidad? Porque no es un prejuicio consciente. No hemos revisado la vieja idea de que la mujer conecta directamente con el cuerpo y la emoción mientras que el hombre lo hace con el intelecto.

¿Cómo es posible que un hombre inteligente (y sensible) como Knausgard sea capaz de expresar que las mujeres no son competencia como le confesó a usted en una conferencia? De hecho, fue más honesto que muchos hombres. Mi artículo no tenía la intención de tirarse a su yugular, yo pretendía expresar cierta simpatía, sobre todo frente a hombres blancos heterosexuales que se ven en la trampa de que escribir es una actividad femenina y tienen que hacer hincapié en su virilidad para quitarse de encima esa contaminación, esa capa de feminidad.

Que en el caso de Knausgard es muy acusada, especialmente por su vertiente confesional. Lo bueno de Knausgard es que artículó un pensamiento que todos, hombres y mujeres, llevamos muy arraigado y es que desde el punto de vista intelectual las mujeres son inferiores. Yo también hago lo mismo, yo defiendo mi masculinidad.

Pero no de la misma forma. En el libro se dice que el 50% de la literatura hecha por hombres es leída por mujeres, mientras que la realizada por mujeres solo alcanza un 20% entre los lectores hombres. ¿Por eso deberíamos conocerlos más a fondo? En una jerarquía esto siempre ha sido así. El inferior conoce mucho más a su superior que al revés. Se ha estudiado esa percepción, por ejemplo, en las relaciones entre negros y blancos en Estados Unidos (y ahí hay que recordar que hubo esclavitud), y se ha establecido que la persona que es propiedad de otra era capaz de interpretar mejor las señales que al revés. No tengo que recordar aquí cuando la mujer no era considerada ciudadana. Entonces ellas entendían mucho mejor lo que pasaba.

"Lo sexual es una losa para la mujer. Al envejecer la pierdes y al mundo le resulta más fácil tomarte en serio como elaboradora de pensamiento"

Susan Sontag alabó su metodo ensayístico porque se realiza desde dentro hacia afuera. ¿Se puede decir que sus ensayos son un intento de comprenderse a sí misma? Son más bien un intento de comprender el mundo. Sontag emitía muchos juicios de valor y ese es un rasgo externalizado. Cuando hablo del interior me refiero a que pretendo adoptar una pluralidad de opiniones que no se basan en la ignorancia sino en mucho conocimiento. Pero no me gusta enmarcar y colgar en la pared mis opiniones.

¿Se podría decir que el de Sontag es un método masculino? Hay que decir eso con cuidado pero en cierta forma, sí. Yo no quiero decantarme. Mi manera de escribir sencillamente fluye.

¿Habría estudiado neurociencia si no hubiera tenido un problema neurológico? A mí siempre me había interesado la ciencia desde niña, pero también es cierto que sufro migrañas desde entonces y, más tarde, un síndrome de convulsiones que todavía es bastante desconocido. Yo estaba escribiendo sobre Dickens y lo dejé para escribir sobre la afasia. Ahora doy un seminario a residentes de psiquiatría sobre el tema porque he publicado muchos artículos en la revista 'Neurology'. Todo esto forma parte de lo que hablámos antes. ¿Qué somos? Y me gusta decirlo en plural porque parece que para una mujer todo tenga que ser personal. Ahora bien, yo creo que la experiencia subjetiva también forma parte de la exploración intelectual.

Lo que está claro es que su marido, Paul Auster, no tiene ni idea de neuropsiquiatría. [Ríe] Y no se imagina la cantidad de gente que da por sentado que todo lo que sé lo he aprendido de mi marido. Y lo peor es que cuando me lo dicen no están intentando ser mezquinos. Esto ha ocurrido siempre pero me sigue sorprendiendo que siga pasando en el 2017.

"Nuestro país ha votado a un hombre, Trump, cuyas únicas opiniones genuinas son las de un racista y un misógino"

Cuando habla de la escultora Louise Bourgeois, que alcanzó su mayor reconocimiento cuando se hizo mayor, asegura que a una mujer le conviene envejecer. ¿Es porque se desexualiza? Exactamente. Nadie se toma en serio el intelecto de una mujer joven y fértil. Tanto hombres como mujeres, tenemos muy interiorizada esa resistencia. Puedes pensar en una física joven, hermosa y dinámica y siempre te sorprenderás de que sea a la vez inteligente y guapa. Eso al contrario no ocurre. Lo sexual es una losa para la mujer. Ella siempre ha sido la imagen de la sexualidad propiamente dicha en la cultura, mientras que los cuerpos de los hombres no se sexualizan del mismo modo. Al envejecer pierdes parte de eso. De cara a tu pareja quizás eso importe, pero al resto del mundo le resulta más fácil tomarte en serio como elaboradora de pensamiento.

Hillary Clinton, a quien usted apoyó, dijo que los derechos de la mujer son derechos humanos. Por supuesto, hay que entender la opresión de la mujer dentro de la opresión social general. Creo que es importante recordar que en el mundo cualquiera que se identifique a sí misma como mujer está sometida a una serie de prejuicios dependiendo de dónde viva.

De ahí que acudiera junto a su hija, Sophie, a las manifestaciones de Washington. Fue maravilloso porque éramos mujeres de distintas razas y trasfondos étnicos, inmigrantes, musulmanas, negras, blancas y... hombres.

Un perfecto antídoto para los tiempos oscuros en los que vive Estados Unidos. De los más oscuros que recuerdo. Nuestro país ha votado a un hombre cuyas únicas opiniones genuinas son las de un misógino y un racista. Del resto, de sus crencias políticas no tengo ni idea. En unos pocos meses ha demostrado su incompetencia porque gran parte de la burocracia política está vacía. Lo único que me consuela es que nuestro sistema legal está demostrando una gran independencia. Pero Trump da miedo. Mucho miedo.

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