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UNA CARRERA TRUNCADA

Howard Brookner: el genio malogrado

Nando Salvà

El cineasta Howard Brookner, en la calle Bowery, al sur de Manhattan.

El cineasta Howard Brookner, en la calle Bowery, al sur de Manhattan.

Es casi seguro que usted no conoce a Howard Brookner, y es normal. En los 80 formó parte de la 'intelligentsia' artística neoyorquina junto a amigos como Jim Jarmusch, o Tom Dicillo, o Spike Lee, que años después se erigirían en padrinos del cine indie americano. Es más, Brookner fue inicialmente el que más destacó entre ellos. Pero murió de forma prematura, y sus películas parecieron morir con él. Y habría caído de forma irremediable en el olvido de no ser por su sobrino.

«Durante mi niñez, veía a Howard como un héroe», explica Aaron Brookner. «Luego murió y se convirtió en un mito». Y de hecho el documental Uncle Howard, en los cines desde el próximo viernes, sirve para construir primero ese mito «y luego e irlo deconstruyendo a través de la historia del creador, el amante, el hijo, el tío, y el hombre tras él».

En 1983, Brookner dirigió el documental 'Burroughs: The movie', el retrato definitivo de uno de los grandes escritores del siglo XX, William S. Burroughs. «Burroughs siempre estuvo rodeado de un aura oscura e intimidatoria, nadie había estado antes tan cerca de él como lo estuvo Howard». Tan cerca, señala la película, que durante un tiempo compartió el consumo de heroína con el autor de 'Yonqui'. «A mi tío le bastaba mirarte a los ojos para hacerte sentir la única persona del mundo, y sin duda Burroughs se sintió hechizado por ese don».

Después de esa obra esencial llegó a hacer dos más. En 1987 puso su talento observador al servicio de 'Robert Wilson and the civil wars', testimonio de los esfuerzos -eventualmente fallidos- del artista de vanguardia Robert Wilson para organizar una ópera de 12 horas en el contexto de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Y posteriormente convenció a Madonna y a Matt Dillon para que protagonizaran su primera película de ficción, 'Noches de Broadway', que vio la luz en el Festival de Cannes en mayo de 1989. Brookner había muerto tres semanas antes, a los 34 años, víctima del sida.

Aaron Brookner tenía entonces siete años y, desde hacía algunos meses -tras visitar el rodaje de aquella obra póstuma-, sabía que de mayor quería ser cineasta.

EN EL BÚNKER

El punto de partida de 'Uncle Howard' es la odisea emprendida por su director para recuperar la película de Burroughs, de la que parecía no quedar ninguna copia en celuloide en circulación. En el proceso -que culminó en el reestreno de la película en 2014 y su lujosa edición en 'blu-ray'- Brookner Junior hizo un inestimable descubrimiento en el legendario apartamento que Burroughs ocupaba en Manhattan, conocido como 'El Búnker': un completo archivo audiovisual que incluía material descartado de las películas de su tío y grabaciones domésticas no solo de familiares y amigos sino también de toda una vibrante comunidad artística.

Nutrido de ese hallazgo, 'Uncle Howard' es un apasionante mosaico de memorias personales, culturales y sociales. Vemos a Andy Warhol cenando en el búnker -punto de encuentro para autores, drogadictos, 'beatniks' y fans-; a Allen Ginsberg y Burroughs de cháchara en una azotea; a figuras underground como Laurie AndersonJohn CageFrank Zappa y Patti Smith, presencias esenciales de una Nueva York que la película captura pero que ya no existe: una ciudad azotada por las tensiones raciales y la delincuencia pero también un epicentro creativo. «Era un lugar único en el que dos generaciones de artistas se solaparon y alimentaron entre sí», opina el director de 'Uncle Howard'. «Tomaban las mismas drogas, iban a los mismos garitos, se acostaban con las mismas personas. Las películas que hicieron gente como Jarmusch o mi tío se basaban en el mismo desdén por las normas que los textos de Burroughs y Ginsberg». Muchos de esos artistas murieron de sida.

CARRERA CONTRA EL TIEMPO

En el documental 'Uncle Howard' vemos a su protagonista grabándose a sí mismo tras descubrir que tiene un moretón en el pie y después, poco a poco, mientras su salud empeora. «Dejó de tomar la medicación porque sentía que lo agotaba y le nublaba el pensamiento, de manera que el rodaje de 'Noches de Broadway' se convirtió en una carrera contra el tiempo», explica Aaron Brookner.

Cuando murió, sobre su mesa había varios guiones que no podía leer porque la enfermedad lo había dejado ciego. «Se fue convencido de que había cumplido sus sueños y vivido haciendo exactamente lo que quería hacer», asegura el sobrino. «Solo sentía pena por la gente a la que su muerte haría daño». En todo caso es inevitable preguntarse por todas las películas que habría dirigido después, de haber formado parte del boom del cine independiente americano. Y eso convierte 'Uncle Howard' en una conmovedora elegía por un talento al que no éramos conscientes de echar de menos.