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Año de incertidumbres

JOSEP MARIA FONALLERAS

"Para quedarse 'mannequin'"

La moda del 'mannequin challenge', esta broma de quedarse quieto pero haciendo como si te movieras, empezó más o menos con la campaña electoral americana. Y fue eso, una broma, hasta que nos quedamos 'mannequin' de veras, todos estupefactos y estáticos, incapaces de mover un músculo ante la victoria de ese sujeto que lleva un peinado que se parece a no sé qué pájaro tropical. Y aún vivimos así, patidifusos, viendo como van saliendo en tropel de la Torre Trump el petrolero amigo de Putin que dirigirá la diplomacia, los militares con pólvora en las venas que impondrán la paz, esa chica de derechas, muy de derechas, que estará al mando de la educación y el negacionista del cambio climático que luchará contra el cambio climático. Hay para quedarse maniquín. Lo dijo Marco Aurelio hace un montón de siglos, pero sigue siendo vigente: "Son mucho más dolorosas las consecuencias de la ira que sus causas". De la ira y del rebote yanqui contra lo establecido, y de otra moda, la de la 'posverdad', ha nacido un monstruo que aún no sabemos qué monstruosidad será capaz de perpetrar.

Vivimos en una metáfora. El premio Nobel de Medicina fue para el japonés Yoshinori Ohsumi, que descubrió la autofagia de las células. Es decir, en situaciones de peligro, se comen parte de su propio ser para alimentarse. Lo jodido es que se coman a sí mismas en exceso: se mueren, como es lógico. Pues eso es lo que pasa, en Estados Unidos y en buena parte de Europa.

En Alepo, el niño Omram Daqneesh sigue sentado en una silla de hospital con la mirada perdida y cubierto de sangre y polvo. Es un maniquí simbólico

Mientras tanto, el Mediterráneo aumentó en más de 4.900 cadáveres la tragica cifra de la indiferencia, que solo remite gracias a gente como Òscar Camps, que fue Catalán del Año, al frente de Pro-Activa Open Arms. Vivimos con la herida abierta de Idomeni, de Lesbos, de la Jungla de Calais, mientras que, en Alepo, el niño Omram Daqneesh sigue sentado en una silla de hospital con la mirada perdida y cubierto de sangre y polvo, en esta vida que es un cuento contado por un idiota, como dijo Shakespeare, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido. Es un maniquí simbólico y perenne, a su pesar, víctima del ruido de las potencias, del silencio de Europa y de la furia de la guerra. En Siria, en donde sea.

Los que no ejercieron de maniquís fueron Usain Bolt y Simone Biles, en los Juegos Olímpicos que se celebraron casi de milagro en Río. Y las que quedaron retratadas fueron las agencias de sondeos del 'brexit', de Hillary y de Colombia. Dieron la razón a Zygmunt Bauman (excepto en Italia, porque estaba cantado que Renzi iba a naufragar, y en España, porque estaba cantado que Rajoy no naufragaría) cuando dijo que estamos "en un mundo donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre".

DAVID Y LEONARD

Entre los muertos, David y Leonard. Los dos escribieron bellísimos testamentos poco antes de despedirse. Ese 'Lazarus' en el que Bowie se adentra en la puerta de una dimensión espacial y el 'You want it darker' de Cohen, que canta: "Estoy aquí y estoy a punto, Señor". Para no abandonar el territorio de los dioses, uno del cuadrilátero, el enorme y digno Muhammad Ali, y otro que fue profeta del gol y faro de todo lo que vino después, Johan Cruyff. La patria homenajeó durante una semana al Comandante y paseó sus restos por toda Cuba en un glorioso y esperpéntico 'tour' de cenizas. No estaba claro que Fidel tuviera que morirse, pero al fin la naturaleza venció.

Un camión enloquecido invadió la civilización en la Promenade des Anglais de Niza y otro, en Berlín, entre arbolitos con guirnaldas y vino caliente, tiñó de sangre las Navidades blancas. Palidecimos, como palideció Catalunya al enterarse de la fatalidad que se cebó en Muriel Casals, el rostro angelical del independentismo, que experimentó un cambio de líder inesperado a la espera del referéndum, del diálogo o de lo que haya de venir. Un maniquí descabezado y ecuestre irrumpió en el Born hasta que se lo cargaron. Cerca de ahí, ante el Palau de la Música, la 'Carmela' de Plensa sigue y seguirá por mucho tiempo. Nos mira con un poco de tristeza, unas gotas de indiferencia y un leve perfume de sosiego.

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EMMA RIVEROLA

"El año que se llevó el viento"

Cuántos giros de guion sufrirá el 'procés' hasta difuminarse o convertirse en algo tangible? ¿Cuántas legislaturas tendrán que pasar para que la izquierda gobierne en España? Despedimos el año con un puñado de interrogantes en la mano, mientras contemplamos todo lo que el viento se llevó. En Catalunya, la CUP sopló con tanta fuerza que el ventarrón se llevó a Artur Mas, el hombre que se creía amarrado al mástil del barco. Y llegó Carles Puigdemont, que ni es Ulises ni está por la épica, pero que tomó el timón y puso proa a Ítaca sin más aspavientos. También a Pedro Sánchez se lo llevaron unos aires traicioneros del sur. El hombre que se imaginó como presidente de España, acabó propulsado hacia algo que se intuye la nada. Mientras, Mariano Rajoy, sin despeinarse, volvió a jurar el cargo.

¿Cuándo dejará la humanidad de reflejarse en su peor versión? ¿Cuándo dejaremos de equivocarnos, de poner nuestro miedo al servicio de la maldad? Se levantan vientos fétidos en Europa. Alguien abrió la tumba del fascismo y hemos descubierto que no estaba muerto. Solo esperaba el momento. Y nada es como imaginábamos. Y, menos, como pronostican las encuestas. El 'brexit' ganó, Renzi perdió y Trump apareció como un tornado. Con esos votos también supimos que millones de descontentos arrojados a la intemperie buscan un cobijo, el que sea. Quizá no hay lucha, pero sí hay clases. ¿Cuánto tiempo aguantará el sistema arrojando migajas a los que perdieron la esperanza?

4.900 refugiados ahogados este año en el Mediterráneo. 
O más. Muchos más.¿Quién cuenta los cadáveres en el
fondo del mar?

La respuesta, amigos, flota en el viento. Entre el olor a cerrado de las ideas caducas y el anuncio de ideas nuevas que aún no sabemos a qué huelen. Quizá a la etérea y dulce materia de los sueños, quizá a la caustica equivocación. Esperanza, al fin y al cabo. 

¿Cuántas veces nos golpeará el horror? ¿Cuántas veces lloraremos por los nuestros? ¿Cuántas veces miraremos hacia otro lado ante el dolor ajeno? Bruselas lloró. También Niza. Pero el terror también estalló un domingo por la tarde en un parque de Lahore, en Paquistán. O en un campo de fútbol en Bagdad. 19 jóvenes jazidíes fueron quemadas vivas por el Daesh. Y la población asediada de Madaya, en Siria, comió hojas e insectos. Y los niños de Alepo quieren vivir. Cientos de personas huyendo del horror. Miles. Cientos de miles...

¿Cuántas vidas tendrán que naufragar? ¿Cuántas muertes serán necesarias para que se disipe este olor a egoísmo y crueldad? 3.800 refugiados ahogados este año en el Mediterráneo. O más. Muchos más. ¿Quién cuenta los cadáveres en el fondo del mar? Refugiados estafados por las mafias, maltratados en las fronteras, insultados por las calles, desprovistos de sus bienes… Y Turquía convertida en la alfombra de Europa.

¿Cuánta infamia cabe bajo su estera?

‘CASO MARISTAS'

¿Y cuánta, cuánta infamia se oculta aún entre nuestras calles? EL PERIÓDICO destapó el 'caso Maristas', el más grave documentado en este país sobre abusos sexuales de menores. 43 denuncias contra 12 docentes de dos colegios de los Maristas de Barcelona y uno de Badalona. Este diario consiguió la confesión de tres de ellos. ¿Cuántos niños siguen sufriendo el infierno? ¿Cuántos adultos siguen aún prisioneros de un silencio lleno de dolor y vergüenza?

La respuesta, amigos, flota en el viento. En el aire se juntan los suspiros de las víctimas y el aliento de los monstruos. El mal a veces se exhibe con sangre, tormento y fuego. A veces se diluye en una crueldad helada de agua y sal. Y otras, exige silencio. Un silencio pegajoso y corrosivo del que no podemos desprendernos.

¿Cuánto talento ha nacido este año y cuánto ha muerto? Se fueron David BowieMuhammad AliLeonard CohenPrinceUmberto Eco, Dario Fo... y en esas llegó Fidel. El comandante murió 249 días después que Obama se fotografiara frente a la monumental efigie del Che y se llevó a la tumba los restos del siglo XX. Con sus utopías fracasadas, sus guerras y su paz. Y seguiremos haciéndonos preguntas y buscando sus respuestas. Mientras, el hombre que las cantó todas ya recibió el Nobel y su amiga Patti Smith se quedó sin palabras. También se las llevó el viento.