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CORRIENTE CONTRACULTURAL

Punkis, mutantes e inadaptados

Kiko Amat

La banda Cicatriz.

La banda Cicatriz. /

El otro día leía un viejo 'The Face' de 1983, y me dio por preguntarme sobre la permanencia. Quién se va y quién se queda en esto del rock and roll. Y no hablo de quién se queda físicamente, como el viejo mamado que jamás abandona (con donaire) una parranda; estilo Rolling Stones. Me refiero a quién accede a la posteridad. Leyendo aquel 'The Face', enfrentado a grupos como Under Two Flags, Roman Holiday o The Recognitions, que iban a «dar que hablar» y luego pasaron más desapercibidos que un vómito en sanfermines, me dije a mí mismo: ¿cuál es la fórmula para seguir vigente?

Era una pregunta retórica, claro. La respuesta yace, por supuesto, en la rabia y en lo radical. En hacer algo que importe, a vida o muerte, contra todos, dejándote la piel en ello. Que no sea un mero ejercicio de estilo o un manso refrito cursi-estudiantil, sino un artefacto que verbalice la frustración y el nervio de tu tiempo, edad o clase. Y quizás hoy todo eso pueda hallarse en series de televisión foráneas, por ejemplo, pero en 1986, en este país, el vehículo de ese 'mosqueo-de-muchos' era el punk.

En el año 1986, en
este país, el principal vehículo del
‘mosqueo-de-muchos’ 
era el punk

Grupos como Decibelios, La Polla Records, Eskorbuto, Kortatu, Barricada Cicatriz decían justo lo que pensaba la juventud desafecta del país. Aquellas bandas eran a la vez periódico y megáfono de todos nosotros: los timados por la Transición. En 30 años o así, ¿se recordará del mismo modo a grupos actuales como Extraperlo Los Punsetes, por cordiales y cultos que sean (y son)? No lo sé, no lo sé. Pero sí sé que en 30, y 50, años, seguiremos berreando en bares lo de «'somos punkis mutantes / Inadaptados / Automarginados seres / En un mundo de retrasados'». Junto a nuestros hijos, naturalmente.

GESTO DE LUCIDEZ

In-Edit Beefeater, el festival de cine documental de Barcelona, dedica esta nueva edición al punk. Y ello, en un loable gesto de lucidez, no se traduce en otro pormenorizado análisis de las últimas ventosidades de Sid Vicious allá en el excusado del Chelsea Hotel, sino en un extraordinario despliegue de filmes sobre punk ibérico. Bueno: cinco. Pero todos merecen la pena.

'Lo que hicimos fue secreto' es la historia del punk madrileño, y en él salen muchos punkis de la capital hablando mal los unos de los otros (lo que siempre se traducirá en visionado chismoso-compulsivo). Es una historia de cismas, de «dos punks españoles, tres opiniones», como podrían haber dicho Vainica Doble. Hardcore contra Movida contra punk rock suburbial contra progres. Y sale Nacho Canut insultando a todo bicho viviente, lo que también es asaz grato de contemplar. Yo, que soy muy de aquí y muy poco de allá, hubiese preferido que alguien filmara 'Harto de Todo' (la historia del punk y el hardcore en Barcelona, de Jordi Llansamà), pero todo se andará. 'Autosuficientes', por otro lado, es la historia de Parálisis Permanente, enhebrada con la gira 'Nacidos para dominar' de Ana Curra en México, en el 2013.

UN MENDA CANELO

Los tres filmes restantes llevan la misma rúbrica: Kikol Grau. Un menda canelo con un estilo duro y trepidante. Grau, hijo de la notable clase del 71, construye sus mediometrajes con material de archivo de la época en cuestión (más que con las socorridas declas de cabezas parlantes adentrándose en el recuerdo senil) de un modo que arroja luz sobre el verdadero contexto y calado de sus protagonistas. 'Las más macabras de las vidas', por ejemplo, empieza hablando de Franco y su sucesor, Juan Carlos I; de los tres grupos terroristas y los tres parapoliciales que campaban a sus anchas por la España de los 80; del 23-F y la heroína; y todo eso antes siquiera de deletrear 'E-s-k-o-r-b-u-t-o'. La razón ya la saben: el contexto lo es todo. El momento y el lugar -no la revisión con lupas tintadas de rosa, a lo 'Cuéntame como pasó'- registran lo que fue y ocurrió de verdad.

Los discos de La Polla Records son la banda sonora de un espídico álbum de imágenes
de la época

Lo mismo sucede con 'No somos nada' o 'Inadaptados', dedicados respectivamente a La Polla Records y Cicatriz. Los segundos ya habían sido documentalizados en 'Si yo fuera tú, me gustarían los Cicatriz' (Jorge Tur 2010), un filme que, pese a la caótica y fugaz vida de la banda, se leía de un modo convencional. Pero Grau es un punk que maneja útiles punk. Su forma de narrar una historia se parece más a los 'collages' de Winston Smith para Dead Kennedys que a cualquier documental formal. Por ello escuchamos en Inadaptados que Natxo, su fundador, era sobrino de un jefe etarra, y que «pensaba morir por ETA» (hasta que descubrió el rock and roll y la farmacopea, claro). Por eso los discos de La Polla Records son banda sonora de un espídico despliegue de fotogramas: del secuestro de Ortega Lara en 1996 a la matanza de Atocha del 2004. Porque ambas bandas son inextricables de los (convulsos y violentos) tiempos que vivieron.

Los tres filmes de Grau muestran que discos como el 'Inadaptados' (Cicatriz), 'Las más macabras de las vidas' (Eskorbuto) o el 'Salve' (La Polla Records) siguen ostentando la misma relevancia y trascendencia que el día de su creación. Siempre estarán aquí, como los arquetipos clásicos. Porque siguen siendo cruciales y, por qué no, épicos. Porque hay mitos y luchas de mejor calidad que otras, y los grupos de los ochenta las tienen casi todas. Es así.

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