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ENTREVISTA

Isabelle Huppert: «Las mujeres estamos mejor equipadas para interpretar»

NANDO SALVÀ

La actriz más importante de Francia -o quizá de Europa, o tal vez del mundo- atraviesa uno de los momentos más prolíficos de su deslumbrante carrera. A los 63 años, nunca antes había estado tan ocupada, y es probable que nunca antes hubiera estado tan inspirada. En la última edición del Festival de Toronto, que ayer mismo llegó a su fin, ha presentado tres películas que dejan clara la envergadura y la versatilidad de su talento. Dos de ellas se estrenan estos días en nuestro país. El próximo viernes lo hace el nuevo trabajo de Mia Hansen-Love, 'El porvenir', en la que interpreta a una profesora de Filosofía que ve cómo, de repente, la vida que daba por supuesta empieza a resquebrajársele. Y una semana después llegará a nuestras pantallas 'Elle', del holandés Paul Verhoeven, la historia de una mujer de negocios que, tras ser brutalmente violada, convertirá la agresión en una herramienta de afirmación personal y sexual.

El perfil

Se dio a conocer a los 21 años con ‘Los rompepelotas’ (1974), una de las películas más controvertidas de la historia del cine francés a causa de sus escenas de sexo, protagonizada por Gérard Depardieu.   

Es la actriz más veces nominada al premio César (15) y que más veces ha competido en el Festival de Cannes (22). Ha ganado el premio interpretativo del prestigioso certamen en dos ocasiones: por ‘Violette Nozière’ (1978) y por ‘La pianista’ (2001).  

Está casada con el director de cine francés nacido en Líbano Ronald Chammah. Y ha coprotagonizado  tres películas junto a su hija, Lolita Chammah. 

Es propietaria de una sala de cine en París, Christine 21.

Suele decirse que ser actriz después de cierta edad es difícil, pero probablemente usted no se haya enterado. No, la verdad es que no. Dicen que ser mujer en esta industria es difícil, pero en realidad no debería ser así. Por naturaleza las mujeres estamos mejor equipadas que los hombres para ser intérpretes, aunque a menudo se piense lo contrario. Creo que para actuar es mejor tener un enfoque femenino, porque es un trabajo que requiere una combinación de pasividad y agresividad. Debes asumir el poder pero hacer que parezca que cedes el control, y los hombres suelen tener dificultades con la idea de ceder. Ellos suelen tener la necesidad de que su parcela de poder sea reconocida, les cuesta limitarse a obedecer.

Las interpretaciones que ofrece en 'El porvenir' y en 'Elle' son dos de las mejores de toda su carrera. ¿Diría que está en un momento artístico dulce? No soy consciente de esas cosas. Lo único que puedo decir es que son dos personajes con los que sentí una conexión personal muy particular.

Son dos mujeres muy distintas. Sí, pero ambas desafían ese estereotipo según el cual las mujeres o bien somos meras víctimas o bien somos extremadamente fuertes. Mi personaje en 'Elle' no siente la necesidad de vengarse, y el de 'El porvenir' no se rebela contra nada. Su forma de tomar las riendas es distinta. Me parece que ambos muestran de una forma muy sofisticada hasta qué punto las mujeres podemos hacer uso de nuestro poder de forma normalizada, sin hacer aspavientos.

Mia Hansen-Love escribió el personaje protagonista de 'El porvenir' basándose en su propia madre pero consciente de que quería que lo interpretara usted. Cuando Hansen-Love era actriz, en 'Los destinos sentimentales' (2000) dio vida a la hija del personaje que usted encarnaba. Es una conexión curiosa. Y gracias a 'El porvenir' se ha convertido en algo parecido a mi madre. Para todo actor, el director es casi como un progenitor. En última instancia, debes ponerte en sus manos.

¿Qué resultado le dio ponerse en las de Hansen-Love? Ella me hizo comprender que el personaje requería cierta liviandad. Mi primer instinto suele ser llevar a mis personajes al lado oscuro.

¿Por qué? Diría que los actores tenemos dos vías distintas para inspirarnos. Una es la realidad de nuestra vida, quiénes somos; la otra son nuestras fantasías. Yo suelo apoyarme más en esto último, en los comportamientos que me imagino en mis sueños, que muy a menudo son pesadillas.

¿Y qué sensación le produce explorar esa oscuridad? Es muy emocionante y liberador, una aventura increíble. Y creo que también permite establecer una conexión muy particular con el público, porque estimula el misterio. El espectador no sabe cuánto de lo que ve en el personaje forma parte de la personalidad del actor, de modo que se implica emocionalmente de forma más intensa. Eso es lo que hace que el público a veces sienta conexiones emocionales tan íntimas con los actores.

A través de sus papeles ha experimentado crímenes, violaciones, prostitución, masoquismo… ¿Qué le atrae de esos personajes? Me interesa mucho explorar esa fina línea que existe en el interior de todos nosotros, y que separa el comportamiento normal del prohibido. Tanto usted como yo somos buenos y malos a la vez, amables y hostiles. Me siento inclinada a intentar entender las ambigüedades y las complejidades de la gente.

Su hija Lolita también es actriz. ¿Qué opinión tiene al respecto? Tengo sentimientos encontrados. Por un lado me satisface tremendamente, porque la interpretación es uno de los trabajos más bellos que existen. Pero, al mismo tiempo, también me preocupa un poco, porque sé de primera mano que es una carrera llena de expectativas y decepciones y fracasos. Se requieren mucha fortaleza y mucha tenacidad para sobreponerse a eso, y para sobrevivir en la industria. Desde el exterior quizá parezca que todo es maravilloso pero, supongo que como pasa con todo, no todo lo que reluce resulta ser oro.

Si pudiera elegir de nuevo lo que quiere ser de mayor, ¿escogería ser actriz? Sin duda. De todos modos, nunca sentí que en mi caso ser actriz fuera una elección consciente. Simplemente me sucedió y se impuso sobre mí. Considero la interpretación menos como una profesión que como un estado vital. Dar vida a otros seres humanos me permite expresar todo lo que soy y reconciliarme con ello, incluso si se trata de alguna incapacidad. Porque ser actriz te permite transformar los defectos en virtudes porque, cuando interpretas, puedes dar utilidad a rasgos como la fragilidad o la timidez, y al mismo tiempo explorar de dónde provienen.

Es decir, para usted interpretar es una forma de hacer terapia. De conocerme mejor, sí.

¿Qué ha descubierto de sí misma? Que tengo un deseo muy intenso de agradar, de complacer al público. Y que con el tiempo me voy volviendo cada vez más tímida. De niña nunca lo fui.

¿En qué otros aspectos siente que ha cambiado? En pocos porque, de hecho, siento que lo que fui de niña sigue estando en el núcleo de lo que soy ahora. Jamás tuve la sensación de ser una niña y luego dejar de serlo para convertirme en una mujer. Creo que ambos estadios vitales conviven, y no hay fronteras entre ellos. Supongo que es algo que la interpretación estimula.

¿En qué sentido? Los actores a menudo hablan de la irresponsabilidad y la ligereza que su trabajo requiere, y es cierto. Se mire como se mire, se necesita una cierta cantidad de inocencia y de ingenuidad para dedicarse a esto. Fingir ser otra persona es una ocupación muy pueril, ¿no le parece? Ahora bien, por otro lado los actores también necesitamos ser muy pragmáticos, tomando decisiones, y asumiendo los errores, y saliendo de un personaje para entrar en el siguiente.

"Me interesa mucho explorar

la fina línea que

separa la conducta

normal de la prohibida"

¿Cuánto le cuesta a usted desconectar del personaje al final del rodaje? Es muy sencillo, la verdad. Da igual que algunos de ellos conecten conmigo de forma muy personal, suelo ser perfectamente capaz de delimitar en todo momento donde empiezan y donde acaban. En ese sentido, podría interpretar 10 personajes a la vez sin problema. Nunca he sido muy partidaria de ese tópico del actor tan comprometido con el papel que no puede dejarlo ir. Yo me tomo las cosas menos a la tremenda. De otro modo, mi vida sería una pesadilla. Ahora bien, me implico en mis personajes como el que más.

Usted ha dicho que las películas son como cartas que la gente se intercambia para darse noticias los unos a los otros. ¿A qué se refería? Las películas viajan de festival en festival y de país en país, y circulan entre culturas y sociedades distintas. Yo he rodado en Filipinas, en Corea y en Costa de Marfil, y siento que cada una de esas películas da noticias al mundo sobre los asuntos que preocupan a esos pueblos. Y es bonito que para llevar a cabo ese intercambio usemos un lenguaje común, que es el cine.