Ir a contenido

Cava con sello ecológico

Vilarnau elabora un millón de botellas anuales y exporta el 70% de la producción. La compañía estima que las lluvias abundantes a lo largo de este año auguran una buena campaña de vendimia

Guillem Tapia

El  gerente de Vilarnau, Damià Deàs.

El  gerente de Vilarnau, Damià Deàs. / FERRAN NADEU

Caves Vilarnau prevé que en el 2019 el 80% de su producción sea ecológica y solo los espumosos gran reserva continuarán elaborándose con uva cultivada a través del método tradicional. Damià Deàs, gerente de Caves Vilarnau, lanzó este pronóstico durante un acto celebrado en la finca de la firma en Sant Sadurní d’Anoia (Alt Penedès) coincidiendo con la época de vendimia, que se inició a mediados de agosto y finalizará a principios de octubre. 

«Personalmente, considero que a nivel organoléptico prácticamente no hay diferencia entre un cava ecológico y uno tradicional. Nuestra apuesta por la uva cultivada ecológicamente obedece al compromiso y el respeto por la tierra y la viña», apunta Deàs. Vilarnau comenzó a cultivar con métodos sostenibles en el 2013 y en el 2016 obtuvo su primera cosecha ecológica. Uno de los principales cambios introducidos por la bodega ha sido la sustitución de los fertilizantes químicos por abonos orgánicos procedentes de compuestos naturales certificados.  

Las lluvias abundantes de esta temporada –en comparación con ejercicios anteriores– auguran una campaña de vendimia muy productiva, con un rendimiento de entre 7.000 y 8.000 kilos de uva por hectárea, sensiblemente por encima de los 6.000 que se obtuvieron en el 2017. La otra cara de la moneda es que el incremento de las precipitaciones también ha favorecido la aparición del hongo mildiu. Esta plaga ha hecho mella en algunas parcelas de la viña, aunque los técnicos de Vilarnau confían en que este contratiempo no tendrá un impacto significativo en la vendimia.  

Caves Vilarnau elabora vinos DO Penedès y, principalmente, cava de categoría premium. La compañía produce alrededor de un millón de botellas anuales, comercializa el 95% de su producto a través del canal Horeca y exporta el 70% de la producción. Algunos de sus principales mercados exteriores son Suecia, Reino Unido, Holanda, Bélgica y Lituania. Desde el año 1982 la bodega pertenece al grupo andaluz González Byass. Esta firma jerezana –que en su último ejercicio fiscal facturó 260,5 millones de euros– cuenta en su cartera con marcas de renombre como Tío Pepe (vino fino), Beronia (Rioja) y The London Nº1 (ginebra). 

Tiempos convulsos

Además de gerente de Vilarnau, Damià Deàs también es, desde el pasado mayo, presidente de la patronal Institut del Cava. Más allá del nombramiento de Deàs, en los últimos meses se ha producido un intenso baile de sillas en las principales entidades vinculadas al sector. Xavier Pagès –director general de Codorniu y vicepresidente de la Federación Española del Vino– y Jaume Armengol –vinculado a Juvé & Camps– se han convertido recientemente en presidentes del Consell Regulador de la DO Cava y de la Cofradía del Cava respectivamente.

La composición accionarial de los dos gigantes catalanes del cava, que representan aproximadamente el 50% de un sector que el 2017 facturó 1.149 millones de euros y vendió 252,5 millones de botellas, también ha experimentado cambios de calado. Tras recibir la aprobación de las autoridades de la Competencia de la Comisión Europea, el pasado agosto la alemana Henkell completó la compra del 50% de Freixenet por 220 millones de euros, si bien la operación ya llevaba meses cerrada. Tras el acuerdo, el accionariado de Freixenet ha quedado repartido a partes iguales entre Henkell, por una parte, y José Ferrer Sala y José Luis Bonet, por otra. La otra gran firma de cava catalán, Codorniu, pasará a estar controlada por The Carlyle Group. El grupo estadounidense abonará 300 millones, más otros 90 millones para asumir la deuda, por entre el 55% y el 60% de las acciones de Codorniu en una operación que debería cerrarse a finales del 2018. 

A todo esto hay que añadirle el órdago lanzado por seis cavas catalanes –Gramona, Llopart, Nadal, Recaredo, Sabaté i Coca y Torelló– que bajo el sello de Corpinnat han impulsado su propia marca para distinguir sus espumosos de «máxima calidad» del Penedès. A pesar de producir un número modesto de botellas en términos absolutos –un total de dos millones anuales– el peso específico de las bodegas agrupadas en Corpinnat es relevante en lo que al cava de mayor calidad se refiere, ya que concentran un tercio de la producción de cava gran reserva.