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El campo catalán se abona al cambio

La Diputación de BCN pone en marcha un proyecto para incentivar la actividad agrícola y ganadera con valor añadido

Albert Segura

Explotación ganadera en Prats de Lluçanès.

Explotación ganadera en Prats de Lluçanès. / Joan Castro ICONNA

Las ciudades siempre han sido un polo de atracción, no solo de la inversión de las empresas que ven mayores posibilidades de dar visibilidad a sus productos, también de ciudadanos del mismo país. A lo largo de la historia, han sido muchas las personas procedentes de pueblos y hasta ciudades de menor tamaño quienes han visto en la gran ciudad una posibilidad de crecimiento personal y de proyección laboral, y el caso de Barcelona no es distinto al del resto de capitales occidentales.

Aún así, en los últimos años se ha experimentado una cierta regresión en esta manera de ver las cosas, dada la competencia existente en las ciudades y en las más que requeridas especializaciones. En ese contexto, la Diputación de Barcelona ha puesto en marcha un proyecto ambicioso, a la par que innovador, con el fin de explotar las virtudes y puntos fuertes del territorio, así como los conocimientos y habilidades intrínsecas de los vecinos de los entornos rurales

El objetivo es generar la fuerza suficiente como para que los núcleos alejados de la gran urbe puedan atraer el máximo interés y ofrezcan unas buenas opciones profesionales para evitar que sus jóvenes se marchen de sus pueblos natales. A partir de esta premisa nace el proyecto Diputació Smart Rural, una iniciativa que pretende dar un empujón a ideas que ya existen en el territorio y crear a la vez nuevas opciones profesionales, con la creación, entre otros aspectos, de tres bancos de tierras para aprender a gestionarlos. También tiene previsto formar unos 200 trabajadores forestales desde la escuela de Montesquiu, en Osona, y crear diferentes equipamientos para que productores y agricultores puedan transformar los productos agroalimentarios y forestales, como una quesería o un matadero de baja capacidad. 

La propuesta cuenta con una aportación económica de 2,9 millones de euros cofinanciados entre la Diputación de Barcelona y el fondo europeo FEDER, con lo que se sentarán las bases del proyecto para dinamizar el entorno rural. Su acción abarca la Barcelona interior, concretamente el Lluçanès, la Vall del Ges, el Moianès, el Berguedà y Montser-rat, lo que constituye una prueba piloto para hacer viable el mundo rural a partir de lo que ya tiene el entorno natural en el que se desarrolla. 

Ámbitos temáticos

El proyecto se estructura en tres ámbitos temáticos, basados en un banco de servicios y transferencia continua de innovación, la gestión forestal y la agrosilvopastura. «Lo que pretendemos es básicamente dos cosas: atacar la pérdida de habitantes en las zonas rurales del país con proyectos que dinamicen el territorio, creen economía y ocupación, y aportar un componente pedagógico, con una conexión entre el entorno rural y el urbano», explica el vicepresidente de la Diputación de Barcelona, Dionís Guiteras. Así, se parte de la premisa de que una gran ciudad como Barcelona puede defender sus competencias como smart city, pero siempre sin dar la espalda al territorio sobre el que se sustenta, y que le suministra cultura, ocio y salud, pero también alimentos y riqueza económica.

La iniciativa abre la puerta a recuperar zonas de cultivo que fueron abandonadas por falta de mano de obra en el campo

La intención del proyecto pasa por conectar, así, ciudad y territorio, aprovechando las características que definen Catalunya, donde un 66% de la superficie la ocupa masa forestal, una oportunidad para generar nuevos mercados y potenciar los ya existentes.

Dado que cada vez existe una gestión menor de los bosques, estos se han convertido en espacios más homogéneos, y a la vez pastos de las llamas en los incendios.
Por ello, se ha procedido a la alianza junto a la Asociación de Iniciativas Rurales de Catalunya (ARCA) para que proyectos vinculados con esas zonas del país encuentren una vía de financiación y tengan oportunidades para vivir de ello. Esto contempla desde la gestión de espacios forestales hasta su limpieza, aprovechando una alternativa que pase por el pasturaje de corderos para limpiar el bosque y la comercialización del propio animal.

Mataderos de pequeña escala

Es aquí cuando obtiene protagonismo la iniciativa de los mataderos de pequeña escala. Se trata de una innovación que pretende acercar el control del proceso de tratamiento de la materia prima para el propio ganadero, desde que el cordero nace hasta que es sacrificado y tratado, así como comercializado una vez su carne ya ha sido tratada. «Esto les aporta una independencia como ganaderos respecto a las grandes cadenas y les da independencia, dado que no pueden acceder a los grandes mataderos», apunta Guiteras. A su vez, la iniciativa abre la puerta a la recuperación de zonas de cultivo abandonadas por falta de manos y que han sido depredadas por el bosque. Por este motivo, otro de los aspectos para desarrollar es el banco de tierras, que permitirá a los jóvenes acceder a tener explotaciones mayores de las que tienen. 

«Cada vez hay más payeses y ganaderos que se jubilan y no tienen relevo, lo que deja las tierras sin ser gestionadas. Por ello es importante que los agricultores tengan la posibilidad de mantener en marcha tal actividad», apunta Guiteras. Tal inacción sobre el campo hace que la tierra pierda valor o que acabe siendo engullida por el bosque.
Pero las zonas forestales no tienen por qué tener una connotación negativa, dado que son importantes para garantizar la biodiversidad del país. Es por ello que también se incluye la intención de recuperar plantaciones arbóreas para fines determinados, como la bioconstrucción, para mobiliario o para estructuras de edificios.  Se trata de variedades de árboles que no tienen valor comercial si no hay una industria y una transferencia tecnológica detrás. Actualmente no hay gente suficiente formada en este ámbito, por lo que el objetivo pasa porque en el año 2020 existan 200 personas formadas en este oficio, lo que abrirá una nueva ventana de negocio vinculada a la gestión de sus propios espacios forestales.

Gestionar el producto

«Se busca que los productores dispongan de espacios para tramitar sus artícutos, desde mataderos de baja capacidad para gestionar el producto con los restauradores, pero también para tratar a los animales con calidad y que se puedan derivar negocios como la curación de quesos con leche de la demarcación», apunta Guiteras. Y lo compara con Barcelona: «Allí existe el 22@, donde se pueden tener espacios para desarrollar ideas de un determinado calado, y en el mundo rural se tiene que disponer de un entorno similar».

No se quiere reinventar el entorno rural sino aportar la innovación y la tecnología suficiente para desarrollar proyectos locales que contribuyan a la posibilidad de continuación de negocios existentes, pero que abran la puerta a que los jóvenes dispongan de las herramientas suficientes para desarrollar proyectos vinculados con su tierra. Un pueblo, un tipo de queso; una demarcación, su propio tratamiento de los animales. 

Al fin y al cabo se trata de aportar conocimiento y tecnología con un único propósito: dotar de los recursos necesarios a la Catalunya rural más cercana a Barcelona para que pueda desarrollar sus productos, con sello propio, y con respeto mutuo con el resto de territorios colindantes. Y todo ello, con el capital humano procedente del mismo lugar. 

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