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Descentralización

El territorio conecta con las 'start-ups'

Barcelona concentra la mayoría de empresas emergentes, pero en el resto de Catalunya también hay casos de éxito

Parques tecnológicos, "preaceleradoras" y entidades vinculadas a las universidades conforman la infraestructura de la innovación

Guillem Tapia

Impresoras 3D de la start-up de Lleida Intech3D.

Impresoras 3D de la start-up de Lleida Intech3D. / CEEILLEIDA

Joel Vicient, Dan Moser, Joaquim Segura y Lluís Claramonte crearon Captio en 2012, una start-up especializada en digitalizar el proceso de gestión de los gastos de empresa. En 4 años la compañía había levantado algo más de 3 millones de euros, en 2017 facturó 3 millones y en septiembre del año pasado el negocio se vendió al grupo estadounidense Certify por 25 millones de euros. Se trata de un caso de éxito de manual, de los que cada vez son más habituales en el ecosistema de empresas digitales de Barcelona. La única diferencia es que la historia de Captio no está ligada a la capital catalana. “Todos los fundadores somos de las Terres de l’Ebre. En Barcelona no había ninguna empresa que nos llamara la atención para trabajar y aquí, en Tortosa, si has estudiado ingeniería informática lo único que puedes hacer es arreglar ordenadores o diseñar páginas web, así que decidimos lanzar nuestra propia start-up”, comenta Vicient, director general de Captio, que junto al grueso del equipo fundador se mantiene al frente del proyecto.

En Catalunya hay unas 1.300 start-ups según el informe Barcelona and Catalonia Start-up Hub elaborado por Acció. Aunque el estudio no desglosa la localización de estas empresas por provincias, algunas estimaciones apuntan a que más del 90% se concentran en Barcelona. En este sentido, una reciente investigación académica liderada por Mercedes Teruel Carrizosa de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona determinaba que entre 2007 y 2017 se crearon 1.099 start-ups en Barcelona, seguida a una distancia sideral de Girona (42 empresas emergentes constituidas), Tarragona (23) y Lleida (22). No obstante, hay que tener en cuenta que la capital catalana es un referente europeo en lo que a creación y desarrollo de start-ups se refiere, y difícilmente ninguna ciudad del sur de Europa le podría aguantar esta comparación.

"La mancha de aceite"

 “Creo que el territorio no se está quedando al margen de la nueva economía digital y tecnológica, sino que está tendiendo a la especialización. En Tarragona se ha hecho una apuesta importante por el turismo, en Girona hay proyectos interesantes centrados en la gestión del agua vinculados al ICRA y en Lleida todo lo relacionado con el sector agroalimentario tiene un peso muy importante por motivos obvios”, valora Pere Condom, director de Catalunya Empren, un programa de fomento del emprendimiento dependiente del Departament d’Economia i Empresa de la Generalitat.

Condom considera que los beneficios de esta nueva economía se esparcirán de Barcelona hacia el conjunto de Catalunya como “una mancha de aceite”, y que la función de la Administración es acelerar este proceso. En este sentido, el director de Catalunya Empren destaca algunas iniciativas como el programa Primer, una red de 15 “preaceleradoras” de negocios especializadas en diferentes verticales–parques temáticos, educación, drones, etc.- que acogen proyectos que todavía no están lo suficientemente maduros para las incubadoras privadas y que están repartidas por todo el territorio.

Infraestructura de la innovación

Si abrimos el plano más allá de la ciudad de Barcelona, hay diversos centros de innovación en Catalunya. Tecnocampus de Mataró, Innobaix de Cornellà y, fuera de la provincia de Barcelona, los parques científicos y tecnológicos de Lleida y Girona, la Fundació Universitat Rovira i Virgili (FURV) Redessa son algunos de los enclaves más destacados.

“Hay compañías que por su idiosincrasia no pueden desarrollarse en la gran ciudad. Por ejemplo, aquí las empresas tienen muy fácil acceso a los campos y a las granjas, y la actividad veterinaria está muy enfocada al ganado, mientras que en Barcelona está más centrada en las mascotas”, expone Xavier Ticó, director de Proyectos y Transferencia tecnológica del Parc Científic i Tecnològic Agroalimentari de Lleida. Actualmente este centro acoge a 25 empresas y, lo que es más importante según sus responsables, muchas de las compañías que pasan por sus instalaciones después se trasladan a alguno de los polígonos industriales de la zona y generan puestos de trabajo.

“Para nuestras spin-off tener un polo de innovación como Barcelona tan cerca es algo muy positivo. La mayoría de las empresas en las que participamos tienen una estrategia de comercialización global, y no necesitan estar físicamente en la capital”, indica Lourdes Jané, directora de la Fundación URV. Esta entidad se puso en marcha en 2005 con el objetivo de fomentar el emprendimiento y facilitar la transferencia tecnológica de la Universidad de Tarragona a la sociedad y, desde que inició su actividad, ha participado en la creación de 25 empresas.

Quizás uno de los ‘handicaps’ más evidentes para una start-up de fuera de Barcelona en comparación con una de la capital sea la capacidad de atraer talento. No obstante, Joel Vicient de Captio, considera que estar alejado del foco también puede ser beneficioso a la hora de gestionar los recursos humanos. “En Barcelona el trasvase de talento entre las ‘start-ups’ de moda es muy habitual, y en cuanto hay dificultades la gente está tentada de bajarse del barco. Aquí en los momentos complicados todos hemos remado en la misma dirección”, valora Vicient. El director general de Captio también destaca que, aunque es de la opinión de que la Administración debe intervenir lo menos posible, le hubiera gustado que se pusiera en valor el impacto de su compañía en la región. “Hemos montado una start-up en una zona desindustrializada y sin empresas tecnológicas. Un poco de reconocimiento no habría estado de más”.