En Bici Sense Edat: diez años pedaleando contra el aislamiento
El programa cumple una década en Barcelona facilitando paseos en triciclos adaptados, conducidos por voluntarios, que ayudan a personas mayores y con movilidad reducida a seguir conectadas con la ciudad.

En Bici Sense Edat nació en Copenhague en 2012 y hoy está presente en más de 40 países y 3.500 ciudades. / Ajuntament de Barcelona
Rosita tiene 95 años y vuelve a recorrer Barcelona en bicicleta. No pedalea: viaja sentada en la parte delantera de un triciclo eléctrico adaptado que conduce una persona voluntaria. Es una de las usuarias de En Bici Sense Edat, una asociación que trabaja para mejorar la calidad de vida, la salud y el bienestar de las personas mayores y con movilidad reducida. Antes de empezar, la primera pregunta es sencilla: «¿Dónde quieres ir?». Rosita lo tuvo claro la primera vez que subió al triciclo en 2020: quería ir a la playa. «Hacía seis años que no veía el mar. Me hizo una ilusión enorme», recuerda.
El destino puede ser la playa, un parque, un mercado o una calle conocida. Hay quien pide pasar por delante de la que fue su casa. La elección no es un detalle menor. La idea es que las personas usuarias participen activamente en la salida y puedan decidir qué lugar quieren volver a recorrer. «El objetivo de la salida no es ofrecer un servicio de transporte, sino un acompañamiento», explica María Elisa Ojeda, quien forma parte del equipo técnico de En Bici Sense Edat.
De Dinamarca a BCN
La historia del proyecto en Barcelona arrancó en 2016. María Elisa Ojeda, arquitecta especializada en proyectos de movilidad sostenible, había conocido 'Cycling Without Age', una iniciativa nacida cuatro años antes en Copenhague y que empezaba entonces a extenderse por Europa. Pensó que podía funcionar también en Barcelona. En 2016 pusieron en marcha una prueba piloto con un único triciclo prestado desde Dinamarca. Bastaron unas semanas para confirmar que el proyecto tenía recorrido. «Vimos que aquel triciclo tenía que quedarse. La ciudad estaba preparada y la gente lo apreciaba mucho», recuerda Ojeda.
La conexión con el exterior, el movimiento y vínculos humanos, son clave
Los primeros pasos, sin embargo, también exigieron vencer algunas reticencias. Encontrar voluntarios resultó sencillo; convencer a potenciales pasajeros, algo menos. «Era una cosa muy extraña. Había personas que nunca habían ido en bicicleta», explica Ojeda. Pero esa falta de experiencia no debía ser un obstáculo: «La vida no se acaba cuando cumples 80 años. Siempre estás a tiempo de hacer cosas nuevas». A sus 95, Rosita encarna esa idea: «Me hace mucha ilusión pensar que todavía puedo hacer estas cosas».
Diez años después del arranque del programa en la ciudad, algunas de aquellas primeras pasajeras siguen vinculadas al proyecto.
El Ajuntament de Barcelona ha apoyado la iniciativa desde sus inicios. Más adelante financió la compra de tres triciclos y colaboró en la coordinación con los equipamientos. Desde entonces, la flota ha seguido creciendo y actualmente se acerca a los diez vehículos.

Las salidas se realizan habitualmente en parejas de triciclos: dos personas voluntarias acompañan a cuatro pasajeros. / Ajuntament de Barcelona
Para Esther Martín, técnica del Departament de Promoció de Persones Grans del Ajuntament de Barcelona, el valor del proyecto está en que no se limita a facilitar una actividad puntual. «Las políticas de promoción son importantes porque potencian las capacidades, los recursos y la autonomía de las personas», señala. En Bici Sense Edat encaja además en las líneas municipales dirigidas a combatir la soledad no deseada y fomentar las relaciones entre generaciones.
Elegir el destino permite a los usuarios participar de forma activa en cada paseo
Sentir el viento en la cara
El programa colabora principalmente con residencias, centros cívicos y de día, además de equipamientos para personas con discapacidad. El año pasado colaboró con 53 entidades y equipamientos y más de 2.200 personas participaron en los paseos.
Los recorridos suelen ser cortos y son los propios pasajeros quienes eligen el destino, así que cada salida se adapta a sus intereses y recuerdos. Los mercados, por ejemplo, son lugares que funcionan especialmente bien para estos paseos porque ofrecen movimiento, conversación y ocasiones para relacionarse. «Hay mucha gente que pide pasar por delante de su casa. Y eso muchas veces es muy emocionante», explica Ojeda.
«Hay mucha gente que pide pasar por delante de su casa. Y eso muchas veces es muy emocionante»
Para algunas personas, además, estos paseos son una de las pocas oportunidades de salir al exterior. «Hay personas que, si nosotros no venimos, no salen, por eso nuestro lema es El dret a sentir el vent a la cara», cuenta Elisa.
Rosita conoce bien esa realidad. Después de la pandemia perdió movilidad y sus salidas se redujeron. Hay semanas en las que, después de ir al centro cívico el viernes, ya no vuelve a salir hasta el lunes. «Y eso es triste», admite. «Las bicicletas a mí me han dado vida», resume.
La conexión con el exterior y el movimiento es una de las claves del programa, pero no la única. También lo es el vínculo humano que se genera durante los paseos. Los responsables de En Bici Sense Edat han visto cómo personas que llevaban años sin hablar vuelven a hacerlo durante una salida, cómo otras recuperan la sonrisa o cómo algunas, poco predispuestas a participar en otras actividades, sí se animan a subir al triciclo.
Desde el Ajuntament de Barcelona, Esther Martín pone el acento precisamente en esa dimensión. Las evaluaciones realizadas apuntan a la creación de nuevos vínculos, una mejora del estado de ánimo y un elevado grado de satisfacción de las personas usuarias. «La mayoría quiere repetir», señala. Martín También destaca la contribución de En Bici Sense Edat a hacer visible la presencia de las personas mayores en el espacio público y a prevenir situaciones de aislamiento y fragilidad.
«Las bicicletas a mí me han dado vida»
Más de 200 voluntarios
El programa ya supera las 200 personas voluntarias y mantiene una lista de espera para nuevas incorporaciones. Antes de ponerse al manillar, los voluntarios realizan una formación teórica y práctica. La dedicación es flexible y se adapta a cada persona.
«Las personas voluntarias siempre nos dicen que reciben más de lo que dan», señala María Elisa Ojeda. El vínculo se construye desde la escucha, la conversación y el tiempo compartido, y en ocasiones ha generado relaciones que van más allá del propio paseo.
Esa convivencia entre generaciones también ayuda a cuestionar estereotipos sobre la vejez. «Queremos que tanto las personas voluntarias como quienes nos ven pasar por la calle tengan una visión diferente de hacerse mayor», explica Ojeda.

El objetivo del programa es mejorar el bienestar de las personas mayores y con movilidad reducida mediante paseos intergeneracionales en triciclos adaptados. / Ajuntament de Barcelona
Una red que crece
Uno de los próximos objetivos de En Bici Sense Edat es ampliar su alcance y llegar a más gente. «Nos escriben muchas personas que viven en su casa pidiendo un paseo», explica María Elisa Ojeda. Por ahora, el programa no ofrece este servicio, pero la entidad quiere avanzar en esta línea reforzando la colaboración con asociaciones vecinales o programas de prescripción social. También aspira a ampliar su presencia. En estos momentos los triciclos van cambiando de barrio durante el año porque la flota no permite mantener vehículos fijos en todos los puntos de Barcelona.
Diez años después, el balance es positivo. Cuando Ojeda piensa en el futuro del programa, lo hace así: «Me gustaría que, cuando yo sea mayor, también me preguntaran: “¿Quieres ir a dar un paseo en bici?”».
El próximo reto es llegar a más personas mayores que viven en sus propios domicilios
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