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HOJA DE RUTA MUNICIPAL

Pla Clima: unidos contra el cambio climático

Barcelona da un paso más en su lucha contra los efectos dle calentamiento global

Pla Clima: unidos contra el cambio climático

ALBERT BERTRAN

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Luis Benavides

El cambio climático es un desafío invisible pero muy real que pone en peligro tanto los ecosistemas naturales como la salud y el bienestar de las personas. Barcelona ya hace tiempo que lucha contra los efectos este calentamiento, una variación global de la temperatura de la Tierra de la que la actividad humana es responsable en buena medida por la emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero.  

Barcelona trabaja desde hace años para dar respuesta a los efectos del calentamiento global con proyectos relacionados con la transición energética e incrementando y mejorando la infraestructura verde urbana, entre muchos otros. Sin embargo, el Pla Clima supone un paso más.

Las medidas incluidas en esta hoja de ruta con el 2030 en el horizonte temporal persiguen contribuir a la lucha de las ciudades contra un desafío con efectos irreversibles del cambio climático. “Además de la contribución de entidades, empresas y escuelas a través de las sesiones de participación ciudadana y la plataforma Decidim.Barcelona en la definición del Pla Clima, la estrategia contra el cambio climático cuenta con los proyectos impulsados por la red Barcelona + Sostenible, que incluyen desde la convocatoria de un concurso para fomentar las cubiertas verdes a la recogida de residuos puerta a puerta en Sarriá”, destaca Irma Ventayol, coordinadora del Pla Clima. 

Entre los objetivos para el 2030 del Pla Clima destaca la reducción de las emisiones de gases con efecto invernadero en un 45% mediante la reducción en un 20% la movilidad en vehículo privado a motor, la multiplicación por 5 de la generación solar y la rehabilitación del 20% de los edificios residenciales de más de 40 años. “Estos objetivos para el 2030 deberían servirnos para colocarnos en el buen camino y conseguir un objetivo más ambicioso: conseguir una ciudad totalmente neutra en carbono en el 2050”, explica Ventayol, quien considera necesario cambiar el discurso sobre el calentamiento global para que pueda calar en la población.

“Cuando se habla del cambio climático nos basamos en unos estudios que son proyecciones, que marcan tendencias y sirven para planificar. Se habla del cambio climático en futuro –continúa la coordinadora–, cuando en realidad es actualidad: olas de calor que ponen en riesgo la vida de las personas más vulnerables, como son los más mayores, los bebés y las mujeres embarazadas; menos agua, los precios de los suministros básicos suben… Está pasando y nos afecta a todos”.

En la cumbre mundial sobre el cambio climático COP23 que tuvo lugar en Bonn, Alemania, quedó claro que el papel de las ciudades es clave. Las grandes urbes son más vulnerables, al concentrar la mayoría de la población mundial, y generan el 70% de las emisiones de gases con efecto invernadero que concentran la mayoría de la población mundial. Bajo esta premisa nació la red de grandes ciudades dirigida a reducir las emisiones, la alianza C40, de la que forma parte Barcelona y que certifica la elevada calidad del Pla Clima. De hecho, solo Nueva York y París han recibido esta certificación por parte de esta organización. 

Las diferentes medidas impulsadas por Barcelona requieren el respaldo de la ciudadanía. Un ejemplo: La mayor y mejor red ciclable, una buena alternativa al coche, no tiene sentido sin usuarios. En otras palabras, las actuaciones municipales resultarán inútiles sin una ciudadanía concienciada, sin una ciudadanía dispuesta a colaborar. En este sentido, Ventayol considera vital orientar la acción municipal a favor del clima con una voluntad comunicativa y pedagógica que consiga llegar a la población porque, asegura, se pueden hacer muchas cosas en el día a día para colaborar en los objetivos del Pla Clima. 

Usuarios de ConnectHort colaboran en el mantenimiento de este espacio verde autogestionado / jordi cotrina

La instalación de una cubierta verde en la azotea de los edificios, por ejemplo, es una buena manera de contribuir a mitigar los efectos del cambio climático. Y tiene muchas otras ventajas. «Mejor la vida útil de la cubierta al mejorar su aislamiento, reduce la polución, aumenta la biodiversidad urbana, mejora la gestión del agua pluvial y crea una zona de recreo y encuentro para los vecinos», enumera Lidia Calvo, propietaria de EixVerd, una empresa especializada en el diseño, instalación y mantenimiento de cubiertas verdes. «Actualmente solo el 1% de los edificios del parque de viviendas de la ciudad cuenta con cubiertas verdes. Con un 20% los beneficios se empezarían a notar», añade Calvo.

Voces expertas

Aún no es tarde’. Así se titula el último libro del ambientólogo Andreu Escrivà, de la Fundació Observatori del Canvi Climàtic de València, quien considera que todavía  “estamos a tiempo de evitar los efectos más catastróficos y revertir algunas dinámicas”. La colaboración ciudadana, puntualiza Escrivà, es necesaria pero no suficiente: “Hay un problema de modelo agroalimentario, modelo de movilidad, modelo productivo… Afortunadamente están cambiando algunas cosas. El autoconsumo energético comunitario en Catalunya está permitido, y eso es una buena noticia que va más allá de los pequeños gestos”.

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El tono de su libro es esperanzador, «pero advierte del impacto que puede tener en ciudades mediterráneas como Barcelona y Valencia si no se actúa”, subraya Escrivà, en referencia a los problemas que supondrían para ciudades tan compactas y turísticas un aumento de la temperatura y la falta de agua.