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Traje tradicional

Vestirse de chulapo en Madrid: ¿por cuánto?

La vestimenta, del siglo XIX, reaparece este agosto tras la celebración en mayo de San Isidro

El Periódico

Chulapos y chulapas interpretaron algunos de los números musicales de La Revoltosa, del maestro Chapí, en la calle Mayor de Madrid, en motivo de las fiestas de San Isidro.

Chulapos y chulapas interpretaron algunos de los números musicales de La Revoltosa, del maestro Chapí, en la calle Mayor de Madrid, en motivo de las fiestas de San Isidro. / KIKO HUESCA (EFE)

El traje de chulapo matritense tiene cada 15 de mayo, en las fiestas de San Isidro, la primera parada anual de una tradición que se prorroga en junio, con San Antonio de la Florida, y en agosto, con las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y la Paloma 2018 (Consulte aquí el programa).

La mujer viste pañuelo blanco y clavel rojo en la cabeza -la flor visible, hacia fuera-, vestido de lunares, o falda y blusa blanca, y mantón de Manila en la espalda, con tacones negros sobre el suelo. El hombre calza botines negros y porta pantalones oscuros, chaleco o chaquetilla, con clavel rojo y/o blanco en el pecho izquierdo, pañuelo blanco al cuello y gorra negra o a cuadros grises en la testa.

El chulapo evolucionó del traje goyesco de la segunda mitad del siglo XVIII, absoluto, como la monarquía de los Carlos III y IV, y la de Fernando VII, de los trazos de Goya por la sublevación contra los franceses, frente a un chulapo tardío, liberal, de la segunda mitad del XIX.

Los precios

Las rebajas ocupan los primeros puestos de una búsqueda en la red. “Comprar traje de chulapo”, escrito en Google, abre un armario de oportunidades ‘low cost’, a precios, el traje completo o varios de sus complementos, de un paquete de tabaco, por debajo de los cinco euros. Eso sí, lejos en cuanto a coste de las ofertas comerciales y tradicionales.

Los trajes, o mejor disfraces, anunciados así para los más pequeños se encuentran, desde la talla T, para recién nacidos, hasta las medidas más amplias de un adulto. Si optamos por el bajo coste, las ofertas y los tickets de descuento, una pareja y sus dos hijos pueden conseguir atavío familiar por poco más de 50 euros, un precio inferior a una carga completa de combustible del depósito de un coche para un fin de semana vacacional.

Los comercios antiguos compiten ahora con estos espacios de venta al por mayor, donde el chulapo es vendido igual que un paquete de cucharillas de café, en un escaparate compartido con supermanesbobesponjas, vikingos, vampiros o reyes magos.

Si nos decantamos por calidades superiores, la factura sube. En los establecimientos clásicos, de dependiente tras el mostrador, aumenta por el tratamiento cercano, diferenciado, exclusivo. Aunque hay quienes tratan de incorporar a su catálogo piezas ‘low cost’, tentando a Google para aparecer, junto al adjetivo "barato", en las primeras posiciones del buscador.

Piezas del traje

El mantón de Manila, complementario, que divide el chulapo en dos piezas, asciende el precio a tres dígitos. Del gusto y las peticiones del cliente, la personalización del traje encarece según el presupuesto del comprador, hasta alcanzar cifras por encima incluso de los 1.000 euros.

La Asociación Madrid Eterno, guarida del casticismo, defiende tres condiciones que hacen del traje de chulapo una tradición única de la capital: generalidad, continuidad y representatividad.  Esta suerte de Manifiesto Chulapo que aboga por la "generalidad" en el uso común de los madrileños, la "continuidad" en el empleo recurrente de este y la "representatividad" en el aspecto exclusivo de una vestimenta para Madrid y solo para Madrid.

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