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    20 AÑOS DESPUÉS

    Antonio Peñalver: "Al principio no entendía mi popularidad, no lo llevé bien."

    Medalla de plata en Barcelona 92 en atletismo

    JOAN CARLES ARMENGOL

    Desde la perspectiva de los 43 años que tiene ahora, su memoria revisa con satisfacción todo lo que le ocurrió en el 92 en Barcelona. Pero entonces no todo fue tan plácido. Antonio Peñalver estuvo mucho tiempo sin asumir el vuelco que la rutilante medalla de plata conquistada en la caldera de Montjuic (a 38 grados y un 80% de humedad la mayor parte de los dos días que dura un decatlón) provocó en su vida. Persona reservada y celosa de su intimidad, no entendía la popularidad que de golpe y porrazo amenazaba con romper esas compuertas personales.

    "Al principio no entendía mi popularidad, la rechazaba, y no llevé bien la situación, no la viví con naturalidad: no tenía ni idea de cómo gestionar aquello", explica ahora, relajadamente, desde el sofá de su nueva casa en Molina de Segura (Murcia).

    No tiene objeción a que su hijo Diego, de 3 años, salga en las imágenes. "Forma parte de mi vida, ¿por qué debería esconderlo?". Peñalver, sereno, maduro, realizado, se ha quedado con lo mejor del 92 y ha enterrado ya temores del pasado.

    Ahora sí, ahora le gusta recordar, prueba por prueba (y eso que son 10), el camino que le llevó al podio olímpico en un atletismo que solo en Barcelona logró más medallas (el oro de Cacho y Plaza, su plata y el bronce de García Chico) que en todos los Juegos anteriores. Comenzó agarrotado los 100 metros ("tantas personas gritando y transmitiendo la fiesta irrepetible de Barcelona"), pero los 11.09 valieron. Cumplió en la longitud (7,54) y en peso se quedó 'con ganas', pese a ganar el concurso con 16,50. En altura se torció el tobillo en el calentamiento y economizó intentos hasta el 2,06. Y el 'agónico' 400 (49.66) le hizo acabar la primera jornada en puestos de podio: tercero. 'Marca regularcilla' en 110 vallas (14.58) para comenzar el día decisivo, cuando se colocó segundo tras el disco, 'casi 50 metros' (49,68). Solo faltaba 'no hacer nulos' en pértiga (4,90), 'agarrotarse' lo menos posible en una jabalina que rozó los 60 metros (58,64) y no dejarse arrebatar '17 segundos' en los 1.500 que cierran el decatlón. Solo el checo Robert Zmelik (8.611 puntos) fue más fuerte que Peñalver (8.412), que dejó atrás al favorito estadounidense, Dave Johnson (8.309), antes de componer el tradicional desparrame por la pista de esos supermanes del atletismo que a veces, en la intimidad de la sala de descanso, destrozados, llorosos, sueñan con huir.

    "Es que todos somos personas, hagamos 9.000 o 5.000 puntos. La presión era tan fuerte que a veces teníamos que tranquilizar y coger a compañeros que querían salir corriendo".

    'Atleta 10' o 'Supermán'. Esos fueron los títulos que más acompañaron el éxito de Peñalver, a quien en principio le hacía gracia el calificativo. Pero matiza: "No somos un Supermán que se pone ahí y corre. Son muchos años de entrenamiento los que te capacitan para rendir dos días seguidos al 100%". Constancia, perseverancia. Dos conceptos al parecer anacrónicos en el atletismo español actual, en declive y sin figuras emergentes. "La cultura del trabajo y el esfuerzo, de digerir la recompensa más allá de hoy mismo, no está en boga. Seguro que los sociólogos tienen tema para discutir sobre eso", reflexiona Peñalver.