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UNA historia de LES CORTS... el edificio Trade

Las pioneras torres negras y onduladas

Los edificios de cristal de Carlos III, que ya tienen 44 años, se inspiraron en EEUU

INMA SANTOS
BARCELONA

Bella, elegante y sobria. Así emerge en la Gran Via de Carles III (86-94) por debajo de la Diagonal, la silueta ondulante y sinuosa de un referente de modernidad, la semilla arquitectónica del downtown barcelonés: el edificio Trade.

Construido entre 1966 y 1968, y diseñado por los arquitectos Josep Antoni Coderch y Manuel Valls, este conjunto arquitectónico consta de cuatro edificios de oficinas estructurados en planta de cruz lobulada donde se yerguen altivas, cuatro torres, dos de 11 plantas y las otras dos, de 13, tres de ellas unidas en la planta baja en un muro de cortina de cristal ahumado. Impone y fascina con ese estilo inspirado en las experiencias del movimiento arquitectónico moderno de los rascacielos de cristal de Chicago y Nueva York. No en vano, recibieron una mención en los premios FAD de 1968…

Sí, no es un error, hace ya 44 años. Y es que las torres Trade, hoy integradas en el paisaje de la ciudad de negocios en que se ha convertido la Diagonal, son pioneras en su género. Conquistaron el terreno agreste de Les Corts por su impacto visual y como un ejemplo del urbanismo más vanguardista de los años 1960, orientado al emergente sector terciario (servicios y finanzas), emblema del desarrollismo económico del régimen franquista en Barcelona. «Los barceloneses [...] acudían a contemplar aquella novedad y quienes no la ponían en los cuernos de la Luna, por lo menos le profesaban el respeto que se siente hacia algo que intuye que es relevante, aunque no alcance a entenderlo», afirma Luis Permanyer en el prólogo del libro Edificios Trade: 30 años de historia (1968-1998). Hoy, como tocadas por el don de la intemporalidad, las Trade no han perdido modernidad.

«Son una especie de Guantánamo en el barrio», comenta Josep Moran, profesor de Lingüística de la UB y vecino de Les Corts. Es su metáfora para explicar que «son oficinas, la gente va y viene por trabajo y no hay implicación en el barrio. Son una pequeña isla independiente».

Al fin y al cabo, las torres son un centro de negocios, cuyos despachos han albergado y albergan firmas como Canon, Banco Santander, los consulados de Suiza y Australia, Alting, Habitat ... Hasta un centenar de firmas que ocupan esta colmena y atraen más de mil personas al día.

Morán habla de las Trade con cierto rencor. «Sí, son un símbolo, pero no se puede ignorar que lo hicieron mal», recrimina. La historia del edificio no está exenta de polémica. Su construcción, bajo el mandato del alcalde José María de Porcioles, supuso la reforma urbanística de Les Corts Velles. Pero, ¿a qué precio? Las torres conquistaron con consentimiento de las autoridades municipales el terreno que ocupan, echando abajo Can Calopa, una masía del siglo XVI catalogada como Patrimonio Histórico-Artístico.

Además, en aquella fecha, las Trade cumplían con uno de los preceptos del artículo 169 de las ordenanzas municipales: ser edificio singular. Hecho que justificó su exceso de altura. Y por si fuera poco, creció bajo tierra. «Al construir el túnel de la línea 3 del metro, se descubrió que habían construido bajo tierra sin permiso», dice Morán.

Hoy las ilegalidades parecen haberse rendido a la silueta ondulante y han pasado a la historia. Una historia breve (44 años), pero intensa, que cuenta también con el recuerdo de un atentado con bomba de ETA en 1986 contra la sede de la firma francesa Ricard. Simples anécdotas para un símbolo de modernidad.