ASUNTOS PROPIOS

Hartmut Rosa, sociólogo: "La sexualidad está perdiendo importancia"

  • El ensayista alemán asegura en 'Lo indisponible' que el deseo de ir más rápido y más lejos es un juego perverso

El sociólogo Hartmut Rosa.

El sociólogo Hartmut Rosa. / Archivo.

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Núria Navarro
Núria Navarro

Periodista

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Lo queremos todo y lo queremos ya. El mundo –los resultados económicos, los afectos, las noticias, los desplazamientos– tiene que estar a nuestra disposición. El sociólogo Hartmut Rosa (Lörrach, Alemania, 1965) ha estudiado ese minador de energías contemporáneo en 'Lo indisponible' (Herder) y propone vivir en 'resonancia' con los otros, nosotros y la naturaleza.

-Dice usted que no escuchamos "el canto de las cosas".

-En la modernidad, vivimos en una forma de agresión hacia el mundo y la naturaleza: tratamos de hacerlos disponibles y desechables. Nos hemos vuelto sordos a la voz de las cosas. Necesitamos un modo de estar en el mundo que no se centre en la dominación y el control, sino en una actitud de escucha y respuesta. Estar abiertos a la 'resonancia'.

-¿Qué entiende por 'resonancia'?

-Por ejemplo, que los servicios de salud no solo funcionen de manera eficiente como las industrias, sino que brinden una resonancia entre los cuidadores y los cuidados; que los animales (y plantas) sean tratados como seres resonantes en la agricultura; que los océanos y montañas no solo estén ahí para la industria turística; que la política no solo se trate de competencia, lucha y compromiso, sino de escuchar y responder a quienes hablan con voces diferentes a la nuestra.

"Se ha descubierto que hay algo así como un 'vínculo muscular' entre los jugadores de fútbol: sus cuerpos reaccionan entre sí"

-En el buen fútbol hay resonancia, asegura.

-Un estudio ha descubierto que hay algo así como un 'vínculo muscular' entre los jugadores: sus cuerpos reaccionan entre sí, escuchan y responden, por así decirlo, independientemente de su aparato cognitivo.

-¿Algún momento propio digno de mención?

-Crecí en un ambiente hinduista, pero cuando tenía 12 años pasé por delante de una iglesia y escuché sonidos extraños. Me sentí atraído físicamente hacia dentro y experimenté una conexión vibratoria entre los tubos del órgano, el edificio y mi cuerpo. Insistí en aprender a tocar órgano, y aún lo toco, también en las iglesias. Hay muchas piezas que no puedo interpretar, y timbres que permanecerán ocultos, pero es lo que hace que el órgano siga siendo un otro vivo' para mí. 

-Eso es lo indisponible, supongo.

-Sí. Le contaré otro ejemplo propio. Viajé con mis padres a Mürren, en los Alpes berneses, desde donde se divisaban los picos Eiger, Mönch y Jungfrau. Sentí como si fuera 'adoptado' por ellos. Se convirtieron en mis 'cuidadores espirituales'. Hasta el día de hoy, siempre que estoy a los pies de esa tríada, me siento como en casa. Quiero estar cerca de ellos, sentirlos; pero no están disponibles para mí.

"Me preocupa el intento de optimizar a nuestros hijos. Puede destruir la esencia misma de su crecimiento"

-¿Qué deseo de control le irrita más?

-El de controlar completamente la salud me parece algo ridículo, y el intento de controlar estrictamente los procesos de trabajo es molesto y disfuncional. Pero lo que más me preocupa es el intento de optimizar a nuestros hijos, de controlar por completo sus interacciones en los entornos educativos y contextos sociales, no solo para aprovechar al máximo sus talentos. Eventualmente, eso podría destruir la esencia misma del crecimiento y de la socialización.

-Tras este año y medio de apagón, ¿confía en que cambie el panorama?

-No. Si dejamos de ir más rápido, más alto y más lejos nos quedaremos atrás y saldremos perdiendo. El juego está impulsado más por el miedo que por el deseo.

-Parece que no hay vuelta atrás.

-La modernidad tardía está dominada por la lógica de lo que yo llamo 'optimización paramétrica'. Encontramos y definimos cada vez más parámetros para medir, comparar y manipular. El oxígeno en la sangre, la calidad del sueño, los amigos en Facebook, los rankings en el desempeño laboral, la posición de nuestras inversiones, seguros y contratos de telefonía. Atrapados en un juego interminable, nos perdemos y perdemos la capacidad de conexión con los demás. Dado que la 'resonancia' es incontrolable y abierta -nunca se puede saber el resultado-, se está volviendo cada vez más irrazonable invertir en relaciones resonantes.

"Un mundo en el que casi todo está disponible es un mundo muerto, confuso y ensordecedor"

-¿Y eso también afecta a la sexualidad?-Hay un aspecto interesante sobre la sexualidad: internet rebosa de pornografía, y como resultado la sexualidad está perdiendo dramáticamente importancia. En Occidente, la edad media de la primera relación sexual está aumentando, y la actividad sexual disminuye. Quizá Lacan tiene razón: el deseo nace en la zona del crepúsculo, en el reino de la indisponibilidad. Un mundo en el que casi todo está disponible es un mundo muerto, confuso y ensordecedor.

-Tiene sentido.

-Algo similar sucede en el ámbito de la música: los usuarios de Spotify tienen acceso inmediato a 100 millones de títulos de música, pero el problema es que ninguna parece lo suficientemente atractiva como para escucharla. Entonces la música pierde dramáticamente importancia para los procesos de formación de la identidad en las culturas juveniles. Ya no es el reino del anhelo, la búsqueda y el deseo. 

-Forma parte de un grupo de investigación en Jena sobre la sociedad del post-crecimiento. ¿Algún adelanto?

-No podemos simplemente 'diseñar' un mundo mejor. Necesitamos una agenda política de la calidad de resonancia en la educación, el trabajo, la salud, la agricultura, la política. Ahí van algunas ideas para el futuro: un ingreso básico incondicional, un impuesto a la herencia global, la nacionalización de los bancos, la regulación estricta de los mercados financieros, no permitir que los patrones ganen más de 50 veces que sus trabajadores más pobres. Pero todo esto no es suficiente.

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-Ay. ¿Qué más falta?

-En el capitalismo, la libertad, la riqueza y la autodeterminación se limitan estrictamente al consumo. No tenemos voz sobre qué, cómo y cuánto se debe producir. El hecho de que la producción y el consumo estén separados es uno de los problemas. Necesitamos otra forma de democracia. No podemos simplemente 'diseñar' un mundo mejor.