ASUNTOS PROPIOS

Guiomar Amell: "Al despedirme de Sánchez, le deseé suerte"

  • Es la dama que se levantó en la platea del Liceu y abordó al presidente tras anunciar los indultos

  • En una salita anexa, le explicó al presidente, que apenas abrió boca, su visión sobre Catalunya, el referéndum y el corredor del Mediterráneo

Guiomar Amell, en Barcelona.

Guiomar Amell, en Barcelona. / Laura Guerrero (EPC)

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Núria Navarro
Núria Navarro

Periodista

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El pasado lunes, se puso de pie en la platea del Liceu e interpeló a Pedro Sánchez. Sonaban aplausos tras el anuncio de los indultos. El presidente se acercó hasta su posición y la invitó a hablar en privado. Guiomar Amell (Sant Pere de Ribes, 1938), esposa del abogado y exdiputado de Unió Llibert Cuatrecasas, que acudió a la cita en calidad de decana del Col.legi de Doctors i Llicenciats en Belles Arts, lo hizo porque le rebrotó un sentimiento antiguo.

El encuentro de Guiomar Amell y Pedro Sánchez, en el Liceu, el pasado lunes 21.

-¿Llevaba preparado lo que le iba a decir?

-Solo pensé que no podía irse de rositas después de soltar su monólogo. Me habían acomodado en una butaca que daba al pasillo. "Esto es una señal", pensé. "Si no lo hago, me arrepentiré toda la vida". Mientras él hablaba fui rumiando: "¿Me levanto o no me levanto?". Entonces recordé los sucesos del Palau de la Música [el 19 de mayo de 1960, durante el homenaje por el centenario del nacimiento del poeta Joan Maragall, con cuatro ministros de Franco presentes en el recinto, un grupo de jóvenes se levantó para entonar el prohibidísimo 'Cant de la Senyera'].

"Me ubicaron en una butaca de pasillo. Era una señal. Y recordé los 'sucesos del Palau' de 1960, en los que me levanté y entoné el 'Cant de la Senyera'"

-Usted fue una de aquellos jóvenes.

-Así es. Y esta vez se me presentaba otra oportunidad. Cuando acabaron los aplausos, yo ya de pie, dije: "Señor Sánchez, ¿esto es un monólogo o quiere que sea un diálogo?". Enfiló el pasillo y, cuando llegó a mi altura, me dijo: "Por favor, acompáñeme".

-¿Se le aceleró el pulso?

-No. "Este me deja hablar, pero no en público", pensé. Entramos en una salita, donde había una mesa y cuatro sándwiches. "Dígame, dígame". Le expliqué que en el año 60, con Franco en Barcelona, me levanté en el Palau y canté el 'Cant de la Senyera', que mi marido había sido diputado en Madrid, que las leyes promulgadas en el Parlament se recurren en el Constitucional y que no es lo que se pretendía en la Transición.

"'Los referéndums dividen a la gente', me dijo. Y yo le contesté: 'Es un argumento muy pobre'"

-¿Todo eso?

-Y que encastillarse en la Constitución para no permitir referéndums –cuando es una facultad del Gobierno– no está bien. "Los referéndums dividen a la gente", dijo. Y yo le contesté: "Ese es un argumento muy pobre".

-Caray. ¿Y sobre los indultos nada?

-Le dije que la solución era una amnistía, igual que se hizo en la Transición.

-¿Se quedó con la impresión de haber desembuchado todo?

-Como era la única que hablaba -una de las pocas cosas que dijo, muy caballeroso, fue: "Le agradezco mucho su tono"-, hasta aproveché para hablarle del corredor del Mediterráneo. "Esto se va a arreglar", dijo, y dio por acabada la conversación.

"Ahora que nos conocemos, me gustaría escribirle una carta para explicitar un poco más lo que pienso"

-¿Se intercambiaron los teléfonos?

-¡Qué va! Aunque, ahora que nos conocemos, me gustaría escribirle una carta para explicitar un poco más lo que pienso.

-Él asegura ver "el futuro con esperanza".

-Yo tengo esperanza en que Catalunya seguirá batallando para ser soberana. Por lo demás, no. Reconozco que a cualquier político le cuesta desmontar la casta del 'Deep State', ese magma de jueces, militares, tribunal de cuentas y medios de comunicación afines. Al despedirnos, le deseé a Sánchez mucha suerte.

-¿Su marido conocía el operativo?

-No. Y pensaba que me reñiría. Pero se lo expliqué al llegar a casa y me dijo: "Ah, muy bien".

-Siempre fue tremenda, usted.

-Quizá porque nací durante los bombardeos. Vivíamos en una casa vecina al Ritz, donde mi padre, médico, tenía consulta y laboratorio. Decidió mudarse a Sant Pere de Ribes y allí nací yo, en plena entrada de los nacionales, el 28 de diciembre de 1938.

"Mientras se celebraba el Desfile de la Victoria presidido por Franco en la Diagonal, colgué una bandera catalana entre las torres de la Sagrada Família"

-Entre sus hazañas, está el colgar una bandera catalana gigante en la Sagrada Família.

-Entre las torres centrales, mientras se celebraba el Desfile de la Victoria presidido por Franco en la Diagonal, el 9 de mayo de 1960. Cuatro años antes había conocido a unos chicos de la Acadèmia de Llengua Catalana de las Congregaciones Marianas y, a través de ellos, descubrí la geografía, la historia y la lengua de Catalunya. Así comenzó mi activismo –al Palau fui con ellos–, y así conocí a mi marido.

-Que acumuló dos detenciones...

-La primera, por los 'Sucesos del Palau', y la segunda, a los 15 días de nacer la cuarta de mis hijos. Como él, yo estaba comprometida con las ideas de Unió.

-Es usted artista, pero no ha ejercido.

-Estudié en la Massana y más tarde hice Bellas Artes, pero soy más política que artista. Durante 19 años fui coordinadora territorial del Departament de Cultura, en los inicios de la Generalitat, cuando las condiciones de las entidades eran paupérrimas.

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-¿De dónde saca la energía?

-Heredé el carácter de mi madre, que a los 100 años fue a votar en el referéndum y luego murió. Soy tenaz. Persevero y persevero. Lo que creo que debo hacer, lo hago.