05 ago 2020

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Abierto por vacaciones

La casa de los abuelos

Gemma Barrufet surte de buenas lecturas al corazón de Sarrià desde A Peu de Pàgina

Olga Merino

Gemma Barrufet, la librera de A Peu de Pàgina, con su recomendación: ’Mendel el de los libros’ (Acantilado), de Stefan Zweig.

Gemma Barrufet, la librera de A Peu de Pàgina, con su recomendación: ’Mendel el de los libros’ (Acantilado), de Stefan Zweig. / LAURA GUERRERO

El visitante se topa al entrar con una capilla laica, con un tabernáculo humilde, hecho con cajas de madera, como las de acarrear fruta o gaseosas, un altar dedicado al vienés Stefan Zweig, el más europeísta de los escritores. Un buen presagio que invita a empezar la casa por el tejado, agradeciendo de entrada a Gemma Barrufet la recomendación libresca de hoy: 'Mendel el de los libros' (Acantilado). ¡Qué delicia! Un relato breve, de sabor agridulce, la historia de Jakob Mendel, un librero de viejo, judío oriundo de Galitzia, dueño de una memoria diamantina y de una virtud que esta pandemia diabólica pretende merendarse desde hace rato: la concentración absoluta. El eterno secreto de cualquier perfección.

Hablamos de A Peu de Pàgina (Major de Sarrià, 50), en el corazón de Sarrià, justo enfrente de las patatas bravas del Bar Tomás, otra buena zanahoria para animarse a la visitarla. ¡Ah, la comunión del cuerpo y el espíritu! Traspasa uno el umbral, decíamos, y le embarga el deseo inmediato de quedarse a vivir, tal vez porque la librería conserva una pátina hogareña por cuanto aquí vivieron los abuelos de la propietaria. Construida en 1870, con sus habitaciones y su 'llar de foc', la casa precisó una reforma integral. Los elementos se conjuraron para que Barrufet abandonara la abogacía y sacara la vocación que llevaba dentro, pero la convergencia astral se produjo en el fatídico año 2008, y así, mientras los albañiles rebozaban las paredes, la radio iba escupiendo calamidades: ladrillazo, 'catacrack', pumba, hipotecas basura. La proeza kamikaze valió la pena. Los dos primeros años fueron duros, de picar piedra de pedernal, pero una década después la paz que se respira entre sus paredes y la exquisita selección de lecturas hablan por sí mismas. Pronto volverá el club de lectura. 

Los dos primeros años fueron duros, pero una década después la paz que se respira entre sus paredes y la exquisita selección de libros hablan por sí mismas 

Sarrià acogió muy bien la iniciativa. Aunque se trata de un barrio muy lector, los vecinos tenían que trasponer hasta L’Illa para hacer acopio de provisiones antes de la inauguración, de manera que hoy, por fortuna, el manantial registra una continua afluencia de clientes. En el rato que dura la charla, entran una abuela que compra libros a pares para los nietos, una mamá con niña, un guiri que pide postales y al menos dos mensajeros. Las cajas, los pedidos y las devoluciones, ¡la némesis del librero! Si alguien fantasea con abrazar el oficio para dedicarse a la lectura en horas de trabajo, que se desengañe. "Aquí dentro solo leemos albaranes y facturas -dice-. Mejor hacerse portera, como la protagonista de 'La elegancia del erizo'".

Aun así, en el rinconcito de la librería dedicado a los clásicos, un sillón orejero, tapizado en crudo, como en las revistas, llama a gritos a sentarse en él hecho un ovillo para devorar el libro de Zweig, cuya frase final bien podría ser el lema de A Peu de Pàgina. Dice así: "Los libros solo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido".