Que no pare la música

Crear tradiciones en Navidad

Estas fiestas no son solo proclives al góspel o los clásicos pastorales: artistas como Pau Riba, Maria del Mar Bonet y Carlos Núñez han establecido sus propias propuestas singulares que repiten año tras año ante un público que las espera

Maria del Mar Bonet, en el espectáculo ’Una veu per a la Sibil·la’, en el Teatre Grec (julio del 2011).

Maria del Mar Bonet, en el espectáculo ’Una veu per a la Sibil·la’, en el Teatre Grec (julio del 2011). / ARCHIVO / FERRAN SENDRA

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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En las fechas navideñas se abre paso el concierto edificante, familiar, encaminado a hacernos pensar que el ser humano no es tan malvado después de todo. Son días de músicas que supuestamente elevan el alma, como el góspel, ese género del que, por lo visto, disfrutamos más cuando ahí fuera hace un frío que pela, o el clásico de clásicos, ‘El Mesías’ de Händel, del que hablaba días atrás Olga Merino en esta página. La Navidad parece fomentar la tradición, la escenificación del rito. Como si, más que en que en otras épocas del año, necesitáramos sentir que venimos de lejos y que formamos parte de algo más grande.

Pero las tradiciones no son un club cerrado a cal y canto: un artista se puede sacar una de la manga y persistir en ella año tras año, si el público acompaña. Por ejemplo, hace casi dos décadas que Pau Riba tiene a bien representar por estas fechas esa gloriosa chifladura llamada ‘Jisàs de Netzerit’, algo así como una reformulación libre y futurista de los evangelios en la que aprovecha para hacer mofa y befa de figuras del presente político. Terreno este último en el que ahora, por poco que ponga de su parte, nos puede dar grandes alegrías.

Espectáculo “transgresor, transgaláctico y transvocálico” (juega con el corrimiento de las vocales de los nombres propios), consta de villancicos reciclados con un llamativo arsenal de instrumentos, incluyendo escobas, abanicos, bastones, globos, balones de básquet y hasta un ‘minipimer’. Y bien, ‘Jisàs de Netzerit’ vuelve a la carga y se podrá disfrutar en salas como el Centre Artesà Tradicionàrius, de Gràcia (este viernes), o en la discoteca Sarau 08911, de Badalona, local que Riba y su tropa, los Mortimers, asaltarán con audacia el mismo día de Navidad.

Maria del Mar Bonet

Hace también unos veinte años que Maria del Mar Bonet interpreta ‘El cant de la Sibil·la’ por Nochebuena, como corresponde históricamente a este canto litúrgico medieval, propagado por el sur de Europa, que el Concilio de Trento prohibió por su fondo pagano y que la Unesco declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. En su versión de la tradición, la cantante mallorquina la interpreta en la iglesia de la Bonanova, a beneficio del Casal dels Infants del Raval. Pieza con pocas bromas, en la que Sibila, profetisa apocalíptica, nos transmite sus ‘malrollistas’ visiones: “gran foc del cel devallarà, / mar, fonts i rius, tot cremarà / Los peixos donaran gran crit, perdent son natural delit”. Mares en llamas y peces que chillan, quizá como los que el otro día agonizaban en la desembocadura del Besòs por los vertidos tóxicos derivados del incendio de la química: sí, “El cant de la Sibil·la’ es hoy interpretable como una advertencia ecologista venida de lo más profundo de los tiempos.

El martes que viene, como siempre al filo de la medianoche, la cantante mallorquina abordará una selección de pasajes de esta composición, un cuarto de hora de canto puro y limpio para trascender y mandarnos al rincón de pensar. Cultura asequible: en la Bonanova no hay que pagar entrada y tan solo se invita, a la salida, a rascarse el bolsillo por la causa.

Gaitas de fin de año

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Y qué podemos decir del fiestón que se inventa Carlos Núñez cada 30 de diciembre en el Palau, en el marco del Festival del Mil·lenni. Este músico gallego ha conseguido que un instrumento que tira para atrás a tanta gente como es la gaita, tan estridente ella, se convierta en el punto de partida simbólico de espectáculos arrolladores, con colaboradores salidos de la Casa Galega de L’Hospitalet, invitados de Irlanda, Escocia o el País Vasco y tropas uniformadas que desfilan por la sala y trepan hasta el último piso. Con su don de encantador de serpientes, Carlos Núñez ha fijado una fecha en la agenda barcelonesa que le pertenece. Como Pau Riba y Maria del Mar Bonet, nos viene a decir que siempre estamos a tiempo de acuñar una tradición.

<strong>Una Sibil·la multiplicada</strong>