Relaciones entre potencias

Blinken llega a Pekín con grandes contenciosos y escaso margen de acuerdo con China

El secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken, pasea junto a Nicholas Burns, embajador norteamericano en China, por los jardines Yu Gardens de Shangai

El secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken, pasea junto a Nicholas Burns, embajador norteamericano en China, por los jardines Yu Gardens de Shangai / MARK SCHIEFELBEIN / REUTERS

Adrián Foncillas

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Ha aterrizado hoy en Pekín el secretario de estado estadounidense, Anthony Blinken, para una visita de tres días en la que trasladará una batería de viejos lamentos con otros más recientes. Con su homólogo, Wang Yi, y probablemente con el presidente, Xi Jinping, hablarán de Ucrania, Taiwán, Gaza, fentanilo… No hay mucho margen para el acuerdo en las cuestiones geopolíticas, pero el diálogo es una mejora considerable con otros tiempos no tan lejanos.

Ningún asunto es más espinoso para Washington que lo que entiende como apoyo chino a Moscú. Le advertirá, una vez más, de que no le suministre armas ni tecnología dual que pueda ser utilizada en el campo de batalla. Y China responderá, una vez más, que no lo hace y que no son precisamente sus armas las que alimentan la guerra. Ya ha aclarado China en las últimas horas que tiene derecho a comerciar con los países que le plazca sin que ningún gobierno interfiera.

Blinken llega respaldado con la reciente declaración conjunta de los ministros de Exteriores del G-7: “China debe asegurarse de que ese apoyo acaba”. No escucha esas reclamaciones Pekín de los BRICS, el grupo de economías emergentes, ni del llamado Sur Global, con posturas menos estrictas sobre la guerra en Ucrania. Cree Washington que solo esa presión cotidiana sobre Pekín explica que no haya entregado aún armas a Moscú, y no los principios diplomáticos chinos sobre la no implicación en asuntos ajenos ni su acreditada aversión a las guerras.

Ningún asunto es más espinoso para China que Taiwán. La ayuda millonaria aprobada recientemente por el Congreso estadounidense a la isla ha generado la enésima pataleta china. Eso, ha respondido su Ministerio de Exteriores hoy, solo aumentará el riesgo de conflictos en el estrecho de Formosa. “Es como dispararse en el pie”, ha explicado su portavoz.

En la agenda también figura el fentanilo, la principal causa de mortalidad de la juventud estadounidense. Pekín ya se comprometió a embridar su caudal en la reunión presidencial del pasado año en California. China controla ahora a las farmacéuticas que envían los precursores con los que la droga es fabricada en Latinoamérica y transportada a Estados Unidos. Ha admitido Washington los esfuerzos chinos pero pedirá más brío Blinken en la aplicación de la ley y contra las redes de financiación.

Este viaje medirá la sintonía entre las dos potencias y la vigencia del llamado “espíritu de California”. El diálogo es fluido en asuntos comerciales y recientemente lo recuperaron los mandos militares tras casi dos años de silencio. El programa de Blinken incluye encuentros con estudiantes y un partido de baloncesto, distendidas actividades que eran quiméricas en aquellos tiempos fragorosos. Persiste, sin embargo, la desconfianza china, apuntalada en tantas declaraciones de buenas intenciones que quedaron en nada. A Pekín le escuece que en este clima siga Estados Unidos involucrándose en Taiwán, friendo a sus tecnológicas o estrechando su cerco militar con alianzas en el Pacífico.

Por ello ha elaborado China un documento con cinco puntos que buscan la concreción a largo plazo de los propósitos: establecer una correcta percepción del otro, fortalecer el diálogo, gestionar las diferencias de forma eficaz, promover la cooperación mutua y ejercer las responsabilidades que se les presuponen a las grandes potencias. La prensa oficial china animaba esta mañana a Blinken a leerlos con atención durante el largo vuelo hasta Pekín.

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