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Muerte de Kissinger: el último Maquiavelo eligió a sus seis líderes preferidos (Nixon y Thatcher entre ellos)

Fallece a los 100 años Henry Kissinger, controvertido e influyente exsecretario de Estado de EEUU

Meses antes de cumplir un siglo, el controvertido estratega político desmenuzó en un libro a sus líderes preferidos del siglo XX, desde Adenauer hasta la polémica primera ministra británica

Henry Kissinger, durante una intervención en el Foro Económico Mundial de Davos, en el año 2013

Henry Kissinger, durante una intervención en el Foro Económico Mundial de Davos, en el año 2013 / REUTERS / PASCAL LAUENER

Daniel G. Sastre

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La muerte de Henry Kissinger a los 100 años da categoría casi de testamento político a su última obra, 'Liderazgo' (Debate), publicada en español este mismo 2023, dos meses antes de cumplir un siglo de vida. Quienes se adentren en las más de 600 páginas que escribió el célebre estratega político comprobarán que estaba aún en plena forma. Ni siquiera a punto de alcanzar los 100 años se abstenía de generar polémica, y lo hacía desde la elección de los seis perfiles que componen el libro. Santo y seña de los 'neocons', Kissinger selecciona entre los principales líderes de la Guerra Fría a dos de los que provocan más anticuerpos en la izquierda: el presidente norteamericano Richard Nixon y la primera ministra británica Margaret Thatcher.

Si el lector puede dejar al margen las consideraciones sobre la trayectoria política de Kissinger –ahí están durísimas diatribas como la de Christopher Hitchens, que escribió todo un libro explicando por qué debía ser juzgado por crímenes contra la humanidad por su actuación inmoral y su responsabilidad en múltiples masacres alrededor del mundo–, encontrará en 'Liderazgo' un análisis de parte pero también profundo, minucioso e informado de seis personalidades irrepetibles. Con la excusa, el controvertido exsecretario de Estado de EEUU expone de nuevo su visión del mundo, su defensa sincera de las virtudes del capitalismo y su preocupación por el fin de la era de la meritocracia que aupó a sus seis elegidos.

Konrad Adenauer precediendo a Helmut Kohl en 1994

Konrad Adenauer precediendo a Helmut Kohl en 1994 / REUTERS

Adenauer, el refundador de Alemania

Kissinger aborda cada perfil desde una doble vertiente: la de la profusa documentación sobre todos los líderes se complementa con el contacto personal que mantuvo con ellos. En su calidad primero de académico de Harvard y después de alto cargo del Gobierno estadounidense, el autor trató a sus protagonistas cuando estaban en la cima de sus carreras. Pero el retrato que dibuja va mucho más allá: para explicar los actos va a los inicios, se detiene en la educación –como ya aconsejaba Plutarco a quienes quisieran profundizar en una personalidad ajena–, halla puntos en común. Con Konrad Adenauer, por ejemplo, destaca que su papel como impulsor de la CDU tras la barbarie nazi sirvió para que cumpliera con la misión que se había impuesto: la de crear una nueva identidad nacional alemana. Con humildad –«como resultado del colapso total, carecemos de poder», había recordado en 1949 a un Bundestag aún nacionalista, y también fue el primero en prometer una reparación al pueblo judío– pero también con dignidad y con una importante visión estratégica –por ejemplo en la apuesta por la convergencia europea–, Adenauer recuperó el prestigio de la democracia en su país. Su política, sostiene Kissinger, puso la pimera piedra para la reunificación alemana de 1989.

El general Charles de Gaulle.

El general Charles de Gaulle. /

De Gaulle, un astuto ilusionista

En ocasiones, la voluntad de un gran líder puede suplir las carencias materiales y de otros tipos. Es lo que piensa Kissinger sobre Charles de Gaulle, que se propuso –y logró– recuperar la 'grandeur' de Francia y su relevancia internacional tras el triste papel del país en la Segunda Guerra Mundial. Por eso, Kissinger subraya su "astucia" y lo describe como un "ilusionista": su convicción, no apoyada en hechos, de que Francia seguía siendo indispensable en la posguerra acabó convenciendo a sus homólogos. En ocasiones por la vía de la intransigencia negociadora: Roosevelt llegó a proponer, medio en broma y medio en serio, "exiliarlo a Madagascar". La mejor definición de su visión de futuro proyectada desde la tradición seguramente la dio André Malraux: "Es un hombre de anteayer y de pasado mañana".

Foto de archivo del expresidente de Estados Unidos, Richard Nixon, en un viaje a París.

Foto de archivo del expresidente de Estados Unidos, Richard Nixon, en un viaje a París. /

NIxon, el tramposo inseguro

De todos los perfiles del libro, seguramente el más personal es el de Richard Nixon. No es extraño: Kissinger fue consejero de Seguridad Nacional y secretario de Estado durante el mandato del único presidente de Estados Unidos obligado a dimitir, por el caso Watergate. El autor pasa de puntillas por el escándalo, que atribuye a la falta de conocimiento de «algún idiota» sobre la costumbre de Nixon de ordenar cosas que en realidad no quería que se hicieran. Kissinger prefiere subrayar que, bajo su presidencia, se establecieron vínculos entre Estados Unidos y la URSS y comenzó también la apertura norteamericana a China. Pero también admite que Nixon fue un líder «inseguro», y que su perocupación por el qué dirán lo llevó a cometer errores de bulto.

Anwar Sadat

Anwar Sadat / Mal Langsdon REUTERS

Anwar Sadat y la paz con Israel

El único líder africano que reseña Kissinger, el egipcio Anwar Sadat, tiene en común con los otros cinco que es hijo de la clase media, y que le tocó moldear el nuevo orden internacional creado tras las guerras mundiales y la descolonización. También que sus liderazgos son "el resultado de la colisión entre lo intangible y lo maleable", y que, por tanto, están entre el "estadista" y el "profeta". El mayor logro que atribuye a Sadat es la búsqueda de la paz del mundo árabe con Israel, que le acabó costando la vida: murió asesinado en 1981 por un grupo de fundamentalistas. En su voluntad de ofrecer un perfil también psicológico de los líderes, el autor dice que el concepto de paz de Sadat constituyó "un impresionante signo de exclamación en la historia".

 El fundador de Singapur, Lee Kuan Yew, en una imagen de abril del 2011.

 El fundador de Singapur, Lee Kuan Yew, en una imagen de abril del 2011. / EFE / STEPHEN MORRISON

Lee, la reivindicación del capitalismo

El líder menos conocido de los seis es Lee Kuan Yew, fundador y artífice del meteórico desarrollo económico de la pequeña Singapur. Es también el episodio en el que Kissinger se detiene más en sus ataques a la progresía: por ejemplo, cuando explica la visita de Lee a Harvard. Dice que todos los profesores hablaron contra la presencia de EEUU en Vietnam, y cuando llegó el turno del mandatario singapurense su primera frase fue: "Me ponen enfermo". La entusiasta defensa del capitalismo de Lee provoca una no menos elogiosa glosa de Kissinger, que subraya la precisión de sus análisis y su habilidad para convertir a su país en el más rico de Asia en una generación.

Thatcher, en una cumbre en Londres en 1986.

Thatcher, en una cumbre en Londres en 1986. /

Thatcher, la testaruda 'outsider'

"Pocos líderes definen la época en la que gobiernan", abre Kissinger su perfil sobre Margaret Thatcher. El autor, que admite que se equivocó en sus primeras consideraciones sobre la Dama de Hierro –"no durará mucho", dijo– fue un amigo y un entregado admirador de la exprimera ministra británica. Como con el resto de líderes, Kissinger justifica su actuación en las polémicas más notorias –la crisis con los mineros, por ejemplo– y su falta de compasión por la necesidad de alcanzar un bien mayor. Subraya también su testarudez, su oposición a buscar el centro político como mandan los cánones electorales y el movimiento del tablero que provocaron sus 11 años en el gobierno; como consecuencia de ello, cuando Tony Blair llegó al poder Kissinger escribió a Thatcher: "Está más a la derecha que el gobierno conservador que precedió al tuyo". Cuando dimitió Thatcher, Kissinger lo sintió: "Fue peor que la muerte de un familiar".