Conflicto de Oriente Próximo

Documentos internos de EEUU aseguran que 31.000 bebés y 52.000 embarazadas están "en peligro de muerte" en Gaza

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Imágenes de la guerra entre Israel y Gaza.

Imágenes de la guerra entre Israel y Gaza.

Ricardo Mir de Francia

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La devastación de Gaza, invocada cada día por los líderes israelíes y reflejada en los miles de muertos entre su población civil, indefensa y atrapada en el enclave, no solo está viniendo desde el aire. La decisión de Israel de sellar completamente sus fronteras a la entrada de agua, comida o combustible hace más de tres semanas está contribuyendo decisivamente al desastre humanitario. Las agencias de la ONU no se cansan de advertir sobre las condiciones dantescas que enfrentan los civiles palestinos, un diagnóstico que comparte Estados Unidos, pese a su insistencia en bloquear hasta ahora los intentos de alto el fuego en el Consejo de Seguridad de la ONU. Así se refleja en un documento interno elaborado por el Departamento de Estado, al que ha tenido acceso EL PERIÓDICO, que reclama “medidas inmediatas” para “evitar la muerte de decenas de miles de personas en Gaza”.

El documento de la diplomacia estadounidense hace una evaluación de la situación humanitaria y propone una serie de “medidas de inmediata implementación” para “aliviar el sufrimiento humano” en el enclave. Bebe tanto de la información de sus "contactos" en la Franja como en las agencias humanitarias de la ONU que operan sobre el terreno. Tiene la clasificación de SBU, “sensible pero no clasificado”, una designación que exige no obstante estrictos controles sobre su difusión. Distribuido internamente a mediados de esta semana, su análisis es incluso más crudo y desolador de lo que llevan diciendo las agencias humanitarias. 

“No queda agua en Gaza”, dice el documento. “La gente dentro de los refugios (de la ONU) tiene acceso a tan poco como medio litro de agua potable al día”, cuando el estándar de la OMS para contextos de emergencia es de 15 litros por persona al día. En Israel la media es de 200 litros per cápita. “Millones han pasado a beber agua del grifo con alta concentración de sal del acuífero salobre de Gaza, con un contenido de sal entre 3.000 y 5.000 miligramos por litro”. Una dinámica que, según el documento, pone seriamente en peligro a la población. “Los nitratos del agua subterránea están transmitiendo enfermedades que probablemente intoxicarán a muchos”. 

Miles de bebés y embarazadas en peligro de muerte

La principal preocupación expresada en el documento se concentra en la población más vulnerable. “Un número estimado de 31.000 bebés de menos de seis meses y 52.000 mujeres embarazadas están en riesgo de serias complicaciones o muerte por la ingestión de agua salobre”, asegura el Departamento de Estado. Antes incluso de que comenzara esta última ronda de hostilidades, más del 95% del agua del único acuífero de Gaza no era apta para consumo humano, según el Banco Mundial. La mayoría compraba agua embotellada para beber o la procesada en las plantas desalinizadoras y distribuida en camiones. Pero hoy ya no queda agua potable en las tiendas y las desalinizadoras han dejado de funcionar por la falta de combustible. Eso ha hecho que millones de personas no tengan más alternativa que beber el agua salobre de los grifos o de los pozos agrícolas, severamente contaminada con pesticidas esta última.

La ingesta continuada de agua con altos contenidos de sal no quita la sed. Al revés, provoca deshidratación, además de aumento de la presión arterial, perdida de calcio, náuseas o delirio, según varios estudios. En población vulnerable, los riesgos aumentan. “Los pocos estudios que hay sobre el tema en mujeres embarazadas indican que puede producir aumentos de la tensión arterial durante el embarazo y afectar al desarrollo renal del feto”, asegura Raquel Vives, responsable de Salud Sexual y Reproductiva de Médicos Sin Fronteras. “El aumento de la presión arterial está asociada con la pre-eclampsia, que puede llevar a la eclampsia, que es muy grave y una de las principales causas directas de mortalidad materna. También partos prematuros y deshidratación”. 

“Con los bebés menores de un año la función renal no está desarrollada, por tanto no están preparados para manejar estas cantidades de sal”, añade la doctora Vives. A esos riesgos por el agua salobre, se suman también los elevados índices de contaminación del agua, que podrían provocar “diarreas, cólera, disentería, fiebre tifoidea o algunas hepatitis”. 

EEUU no descarta una hambruna

La evaluación estadounidense de la situación en Gaza dice también que queda algo de “comida enlatada” en las tiendas y “productos agrícolas” que logran llegar a las alacenas. “Pero los contactos avisan de que la situación alimentaria puede empeorar en cualquier momento. Si hay una hambruna, probablemente empezará en las zonas rurales”, afirma el documento. Respecto al combustible, sostiene que “está completamente agotado”. Solo la ONU y algunas gasolineras privadas tendrían algo en sus reservas, así como “(probablemente) Hamás”. Ese combustible es esencial para proveer agua, operar los hospitales o mantener vivas las redes de comunicaciones y transporte para las agencias humanitarias, según el Departamento de Estado. 

El documento concluye con una lista de recomendaciones. “EEUU debería presionar para una serie de medidas sencillas de inmediata implementación para aliviar el sufrimiento humano y evitar la muerte de decenas de miles de personas”, esgrime. Una de ellas pasa por “presionar a Israel” para que reconecte el suministro de agua a través del punto de conexión de Bani Saeed, en el centro de la Franja, aumentar la que llega desde el 24 de octubre por el sur y permitir la entrada de combustible en Gaza para que los dos puntos de conexión puedan funcionar.

Recomendaciones para aliviar el "sufrimiento humano"

Una segunda medida llama a activar la línea de conexión eléctrica que conectaba Egipto con Gaza hasta 2018 para revivir el bombeo y desalinización del agua. “Debería activarse inmediatamente por tan poco como 5 millones de dólares”, asegura el documento. La diplomacia estadounidense aboga también por incluir combustible en los convoyes humanitarios, una medida a la que Israel se ha negado hasta ahora. Y dice además que tanto la población, como los trabajadores humanitarios y su personal local desplazado “necesitan redes de teléfono funcionales”, por lo que llama a presionar a Tel Aviv para “garantizar la seguridad de la red PalTel” proporcionando combustible a los generadores necesarios para mantenerla operativa. 

Si bien este diario no ha podido confirmar si las recomendaciones del Departamento de Estado han sido adoptadas por la Casa Blanca, lo cierto es que la postura pública de EEUU ha cambiado en los últimos días. Tras rechazar durante semanas las “pausas humanitarias”, la Administración Biden ha pasado a reclamarlas públicamente. “Estamos absolutamente convencidos de que puede implementarse una pausa para permitir la liberación de rehenes, es algo que apoyamos completamente”, dijo el viernes el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, John Kirby. La Casa Blanca “apoyará también pausas humanitarias para que entren cosas y la gente pueda salir” de Gaza.