Pulso en África

La retirada militar de Níger cuestiona la relación de Francia con el África francófona

El anuncio de la repatriación de los 1.500 soldados franceses supone uno de los mayores reveses para el presidente Macron en el continente africano

Macron anuncia la "retirada ordenada" de los soldados franceses de Níger

Un simpatizante de la junta militar de Níger muestra un cartel en el que se puede leer 'Abajo Francia' en una manifestación de apoyo a los golpistas, en Niamey.

Un simpatizante de la junta militar de Níger muestra un cartel en el que se puede leer 'Abajo Francia' en una manifestación de apoyo a los golpistas, en Niamey. / MAHAMADOU HAMIDOU / REUTERS

Enric Bonet

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Un efecto dominó que no para de crecer. Después de Mali y Burkina Faso, la retirada de los soldados franceses de Níger acentúa la pérdida de influencia de Francia en los países africanos. En una entrevista televisiva dedicada básicamente a los problemas de poder adquisitivo en esta rentrée marcada por la inflación persistente, el presidente Emmanuel Macron anunció el pasado domingo lo que representa uno los mayores reveses de su accidentada política en África. Confirmó un guion que parecía escrito de antemano tras el golpe de Estado del 26 de julio en Niamey y que las nuevas autoridades castrenses pidieran romper con la cooperación militar con París.

El dirigente centrista aseguró en esa intervención para TF1 y France 2 que la retirada "ordenada" de las tropas tendrá lugar "en las próximas semanas y meses" y concluirá "antes de que se acabe el año". Aparte de eso, pocos más detalles se conocen. De hecho, no se sabe si todos los 1.500 soldados desplegados en Níger regresarán a Francia. O bien una parte de ellos serán enviados a otras bases francesas en África; por ejemplo, en Chad, otro país de la inestable zona del Sahel

Tras el final de la operación antiyihadista Barkhane —duró cerca de 10 años y su longevidad contribuyó al sentimiento antifrancés en la región— y la retirada de tropas de Burkina Faso, Francia consideraba Níger un punto estratégico. Lo había convertido en el país africano con una mayor presencia militar gala: 1.500 soldados de un total de 5.650 en todo el continente. Sin embargo, el golpe de Estado a finales de julio cogió con el pie cambiado a las autoridades francesas. El valor militar y geopolítico dado a ese país, junto con los intereses económicos —Níger aporta a Europa el 25% de las importaciones de uranio, un mineral imprescindible para la energía nuclear—, favorecieron la posición dura de París con el nuevo régimen en Niamey.

Poco apoyo de sus aliados

Después de dos meses de un intenso pulso, al final se impuso el principio de realidad. El Gobierno francés no ha detallado los motivos por los que acepta esta retirada de tropas, desplegadas en el marco oficial de la lucha contra el yihadismo. "Acabamos con nuestra cooperación militar con las autoridades de facto en Níger, ya que no quieren luchar más contra el terrorismo", declaró Macron, refiriéndose a la exigencia formulada a principios de agosto por las autoridades castrenses de acabar con la cooperación militar. Desde entonces, los soldados franceses en ese país africano eran tratados como parias y resultaban habituales las manifestaciones en contra de su presencia. Una situación parecida a la del embajador galo, quien ya regresó esta semana a París.

El régimen nigerino se ha impuesto en este pulso con Francia, también por la falta de apoyos a París en su defensa férrea del presidente depuesto Mohamed Bazoum. La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) insinuó en agosto que contemplaba una intervención militar en Níger, pero prefirió la vía diplomática y de las sanciones. Esa operación, a la que se opone la Unión Africana, resulta ahora mismo improbable. Aunque Francia sí que veía con buenos ojos esa opción, tampoco contaba con el respaldo de muchos de sus aliados occidentales, que veían como "excesiva" la vehemencia gala. "He escuchado en Washington y otras capitales europeas que estamos siendo excesivos. No es cierto, tenemos que ser coherentes", dijo Macron a finales de agosto.

Resulta todo un contraste el devenir de los soldados franceses en Níger con el de los estadounidenses. Washington tiene desplegados en ese país 1.100 soldados y dispone de una importante base de vigilancia y ataques con drones. El nuevo régimen nigerino no ha pedido su retirada. Recientemente, las tropas estadounidenses han retomado parcialmente su actividad, oficialmente destinada a luchar contra el yihadismo, pero que también sirve para defender los intereses norteamericanos en un continente en que cada vez tienen más peso potencias rivales o emergentes, como China, Rusia, Turquía o Israel.

"Salir de un modo histérico y emocional"

Tras la retirada de los soldados franceses de Níger, uno de los interrogantes que hay es si favorecerá un recrudecimiento de la actividad de grupos islamistas radicales. Las autoridades de Francia advierten que así sucederá, aunque los recientes casos de Mali y Burkina Faso apuntan a un escenario más incierto: las organizaciones yihadistas resultan muy difíciles de erradicar —la misma operación Barkhane no lo logró—, pero la no presencia de soldados franceses tampoco conlleva un aumento espectacular de su actividad. "No podemos decir que los grupos yihadistas han reforzado de manera espectacular su influencia en el Sahel”, sostiene Jean-Hervé Jézéquel, director del proyecto Sahel en el International Crisis Group, en un artículo para el diario 'La Croix'.

Aparte del ámbito militar y la lucha contra el terrorismo, la retirada de Níger cuestiona en su conjunto la posición de Francia hacia el continente africano, especialmente hacia aquellas excolonias francófonas, en que más fuerte resulta el sentimiento antifrancés. A finales de febrero, Macron ya había defendido una retirada, lenta y progresiva, de la presencia militar a cambio de un refuerzo de los vínculos económicos y culturales. 

Y ahora se ve obligado a acelerar esta apuesta en medio de un contexto imprevisto y desfavorable. "Francia debe salir de un modo histérico y emocional y redefinir con gran frialdad sus relaciones con los países francófonos en África. Ya no es la potencia que era en los años 1960. Ha perdido influencia y debe redefinir sus relaciones para maximizar sus intereses en África, al mismo tiempo que ayuda a las excolonias a salir de la gran pobreza", aconseja Paul-Simon Handy, el director regional de África del Este en el Instituto de Estudios de Seguridad, en una entrevista con el diario Le Monde.