Contracrónica

Coronación de Carlos III: lo suyo es puro boato

Carlos III, coronado como rey en una histórica ceremonia que cierra la era de Isabel II

Fotogalería | La reina Letizia elige a Carolina Herrera para asistir a la coronación de Carlos III

La ceremonia de entronización del monarca británico ha respondido a la perfección al riguroso guion previsto, lleno de ritos y detalles medidos al milímetro y sin margen para la espontaneidad

La coronación del rey Carlos III

La coronación del rey Carlos III

Juan Fernández

Juan Fernández

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Pocos actos públicos hay más ceremoniosos que una coronación real y ninguna monarquía es capaz de igualar a la británica en culto y adoración al rito y la liturgia, como ha quedado demostrado este sábado en la entronización de Carlos III de Inglaterra en la Abadía de Westminster de Londres antes la atenta mirada de 2.000 invitados y los millones de curiosos que han seguido el evento en todo el mundo por televisión. Dos horas de puro boato medido al milímetro en el que cada gesto, detalle, frase y movimiento estaba perfectamente tasado y ha salido a la perfección. 

Nadie diría que los británicos llevan 70 años sin coronar a un monarca, a la vista de la exactitud con que se ha cumplido el guion previsto de la ceremonia, desde que cuatro trompetas han anunciado la entrada de Carlos en la Abadía hasta que le han visto salir portando la corona que le impusieron a su madre en 1953.

Entre medias, una compleja y minuciosa liturgia, sin margen para la improvisación, pero cargada de simbolismo y rituales –ahora acercan al monarca el cetro, ahora le colocan un guante, ahora su hijo Guillermo le cubre con una estola y le besa la mejilla tras rendirle pleitesía, ahora le hacen tocar el ‘brazalete de la sabiduría’ y el anillo real-, que ha tenido su momento culminante cuando el arzobispo de Canterbury ha agarrado la corona de San Eduardo, de dos kilos de peso, la ha colocado sobre la cabeza de Carlos, se ha agachado para comprobar que estaba bien puesta y ha clamado: “¡God save the King!”.

La mueca

El realizador ha enfocado en ese instante a Jorge, el hijo mayor del príncipe de Gales, y le ha captado poniendo una extraña mueca, tal vez pensando que dentro de unos años le tocará a él ser el protagonista del mismo evento al que Carlos asistió hace siete décadas siendo otro niño como él, entonces en presencia de su madre, Isabel II. 

Carlos III es coronado rey del Reino Unido

Si su padre Guillermo hereda la corona sin tener que esperar tanto tiempo como ha tenido que esperar su abuelo, la audiencia estará prevenida y no sorprenderá cuando tenga que asistir al otro gran momento místico de la ceremonia, este más misterioso que vistoso. Ha tenido lugar cuando ocho miembros de la guardia real han aparecido en escena portando tres biombos y han rodeado el sillón del rey.

En ese instante, el monarca, despojado de sus capas y armiños, con una escueta camisola blanca como única vestimenta, se ha agachado para que el arzobispo de Canterbury le ungiera con los santos óleos traídos del Monte de los Olivos de Jerusalén. Pero esto lo sabe la audiencia porque lo han explicado los locutores de la ceremonia, ya que nadie, salvo el monarca y el religioso, han podido ver el lance. Cosas del boato.

Se erige una pantalla de unción para el Rey Carlos III de Gran Bretaña durante la Ceremonia de Coronación dentro de la Abadía de Westminster.

Se erige una pantalla de unción para el Rey Carlos III de Gran Bretaña durante la Ceremonia de Coronación dentro de la Abadía de Westminster. / pool

Con menos pompa pero igual de litúrgica ha sido la coronación de Camila como reina consorte. Su joya pesaba menos -un kilo y medio- y la imposición ha sido más rápida, aunque ella, más coqueta que su marido, se ha cuidado de fijársela bien en la cabeza y ha dedicado unos segundos a colocarse correctamente el flequillo cuando la ha tenido sobre su frente. Le ha costado llegar hasta ella, pero la diadema real ya no se le escapa.

Por ser la coronación del jefe de la iglesia anglicana, aparte del rey de los británicos, la ceremonia ha tenido un importante acento religioso, aunque esta vez con protagonismo de otros cultos distintos al anglicano por expreso deseo de Carlos. Sin embargo, si algo ha marcado el evento ha sido su fuerte componente musical.

Cánticos

Desde la llegada de los invitados a primar hora de la mañana, que amenizaron la espera con los sones de una orquesta, hasta la salida de Carlos coronado camino de Buckingham Palace, durante todo el evento no han dejado de sucederse los pasajes musicales y los cánticos, la mayoría a cargo del coro de la Abadía, pero también con la participación de dos tenores de ópera y de un grupo de cantantes de góspel que, ataviados con vestimentas blancas, han formado un chocante corro para entonar una versión libre del ‘God save the king’. El siguiente plano ha enfocado a Carlos, que sonreía satisfecho ante la ejecución de este gesto de modernidad que ha querido incluido en el ritual de su coronación.

Dentro del templo, a través de varias pantallas de televisión distribuidas a lo largo la nave principal de la Abadía, seguían la ceremonia los 2.000 invitados, entre ellos destacados mandatarios internacionales y representantes de las coronas de todo el mundo, junto a varias figuras de la cultura británica como Nick Cave, Lionel Richie, Stephen Fry, Emma Thompson y Kate Perry.

Esta última ha sido captada por las cámaras cuando daba vueltas perdida por la abadía tratando de encontrar su sitio a la sombra de un pamela gigante que le impedía ver, despiste que la ha convertido en protagonista inesperada de la rigurosa ceremonia.

España ha estado representada por los reyes Felipe VI, con uniforme de capitán general y portando sobre el pecho el collar de san Jorge que le impuso la reina Isabel II, y la reina Letizia, vestida con un ‘dos piezas’ de Carolina Herrera en tono rosa fuerte y un adornada por tocado con forma de cuenco que ha generado muchos comentarios en las redes sociales.

Aunque no tantos como ha provocado el príncipe Harry, que ha llegado a la ceremonia como quien se deja caer por una fiesta.

El hijo del rey ha aparecido distendido y bromista, sin su esposa Megan Markle pero al lado de su tío Andrés, el otro miembro de la familia real proscrito como él, y la cámara le ha enfocado varias veces hablando y saludando a diestro y siniestro, ajeno al rigor del acto. Sus formas han sido el único detalle que han logrado escapar al estricto boato de la ceremonia.