Guerra en Ucrania

EL PERIÓDICO, en Dnipro: "Algo pasará el día 24, probablemente un bombardeo masivo"

Los ciudadanos descartan que el Kremlin pueda volver a lanzar una incursión terrestre contra Kiev y se preparan para una operación de castigo contra infraestructuras civiles

Una persona deja flores en memoria de los fallecidos por el impacto contra un bloque residencial en Dnipro, ante el monumento de la poetisa Lesya Ukrainka en Moscú.

Una persona deja flores en memoria de los fallecidos por el impacto contra un bloque residencial en Dnipro, ante el monumento de la poetisa Lesya Ukrainka en Moscú. / AFP

Marc Marginedas

Marc Marginedas

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Cuando quedan tan solo unos pocos días para el calendario marque el 24 de febrero, de aciaga memoria en el imaginario colectivo de los ucranianos por ser la fecha en la que el presidente Vladímir Putin ordenó, una año atrás, la invasión de su país, nadie diría en Dnipro, una de las localidades más importantes y pobladas del estado eslavo, que a apenas 250 kilómetros en dirección este, tienen lugar en este preciso momento los combates más encarnizados registrados en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Los cafés están abiertos sin excepción, y la normalidad preside el trasiego de gentes en la céntrica rambla flanqueada por locales de moda y banderolas de una conocida cadena estadounidense de restaurantes de comida rápida. Sólo cuando son inquiridos, los lugareños aceptan hablar de sus miedos, sus expectativas y sus pronósticos respecto a lo que sucederá en este inminente primer aniversario de la guerra de Ucrania.

En ruso, aunque prometiendo dejar de hablar lo antes posible su lengua materna y prodigarse más en ucraniano, Serhii Probiholovo, estudiante en la facultad de Informática en una universidad local, da por descontado que algo sucederá en tan señalado día. "Algo pasará, probablemente un bombardeo masivo (contra infraestructura civil); como ya se ha demostrado en el pasado, a los rusos les encantan estas fechas", pronostica en plena calle, mientras sopla un viento helador y el termómetro marca dos grados bajo cero. "Volarán cohetes", adelanta, antes de congratularse que la tranquilidad sea la nota dominante en la ciudad, el suministro eléctrico funcione casi con normalidad y los hogares dispongan de calefacción.

Serhii Probiholovo

Serhii Probiholovo / EL PERIÓDICO

Improbable ataque a Kiev

Junto a él, Stanislav Sujoruchenko, compañero de estudios, comparte en su enteridad los vaticinios de Serhii, asiente ante sus proclamas, y descarta, a modo de retadora apostilla, que Rusia lance una nueva incursión contra Kiev, la capital, o Járkov, la segunda ciudad del país, al igual que hizo el año pasado por estas fechas. "Dudo mucho que en Kiev pase algo, no creo que allí, Rusia tenga alguna posibilidad, porque nuestro Ejercito está preparado para parar un ataque desde el norte", analiza. En los últimos días, la frecuente celebración de reuniones entre altos responsables bielorrusos y rusos han hecho temer a los expertos la posibilidad de que se reabra de nuevo este frente bélico, aunque el Instituto de Estudios sobre la Guerra considera prematura tal eventualidad, y vaticina que si ello sucede, sería a finales del presente año.

Como directora de un canal televisivo local, Irina Kuzmina extrema su reticencia a hablar en ruso, pese a ser el idioma mayoritario en Dnipro, y previene que cualquier declaración que haga sobre la guerra de Ucrania la hará en la lengua autóctona del país. Preguntada acerca de sus sensaciones ante el primer aniversario del arranque de las hostilidades, esta mujer asegura "no" tener "miedo" a los rusos, ya que considera esta guerra como "de defensa de la patria y de liberación". Únicamente se inquieta por sus familiares, ante la posibilidad de que les suceda algo.

Leonid Boitenko

Leonid Boitenko / EL PERIÓDICO

Según Anatoli, un taxista entrado en años que no revela su nombre real y se gana la vida recogiendo pasajeros en la estación ferroviaria y transportándolos a sus destinos, ya no quedan en Dnipro ciudadanos que defiendan a Rusia o aboguen por una mayor integración con el poderoso vecino del este. "Ya no hay prorrusos aquí; solo hay gente que defiende continuar la guerra" y recuperar todo el territorio perdido, y gente que prefiere un alto el fuego, "una mala paz", según su propia terminología. Pero estos últimos parecen estar en minoría e incluso gentes de avanzada edad como Leonid Boitenko, supuestamente más sensibles a las demandas del Kremlin al haber vivido la mayor parte de su vida bajo gobiernos soviéticos, abogan por continuar la lucha armada. "No podemos entregar territorio, ha habido demasiados muertos", justifica. La posibilidad de una victoria militar rusa le inquieta sobremanera. "Si Rusia triunfa, nos convertirá en sus esclavos; es así de claro", sentencia.