Crisis en Brasil

El Gobierno de Lula, en guardia ante la posibilidad de un rebrote golpista

El Tribunal Supremo adopta duras medidas para prevenir nuevas manifestaciones del bolsonarismo

El expresidente vuelve a la carga en las redes poniendo en duda la legitimidad del triunfo de Lula

Simpatizantes de Jair Bolsonaro, tras ser desalojados de un campamento frente al cuartel del Ejército en Brasilia.

Simpatizantes de Jair Bolsonaro, tras ser desalojados de un campamento frente al cuartel del Ejército en Brasilia. / AMANDA PEROBELLI / REUTERS

Abel Gilbert

Abel Gilbert

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¿El peligro ha pasado en Brasil? El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva asegura que las escenas golpistas del 8 de enero no volverán a repetirse. Sin embargo, no se descartan nuevos espasmos de la ultraderecha después de que el propio Jair Bolsonaro encendiera la luz verde al reproducir en las redes sociales, para luego borrarlo, un 'post' anónimo sobre el supuesto carácter fraudulento de las elecciones en las que fue derrotado el pasado 30 de octubre.

Con el recuerdo vivo de los sucesos de Brasilia del pasado domingo, el magistrado del Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes prohibió este miércoles la interrupción o el "entorpecimiento" de la libertad de circulación en todo el país, así como cualquier intento de ocupar espacios públicos. De Moraes, además, ordenó a las autoridades de seguridad pública de todas las capitales que "adopten medidas eficaces" para impedir "la concentración de personas" en los lugares donde el bolsonarismo había convocado sus manifestaciones. El incumplimiento de esas medidas puede ser castigado con prisión o elevadas multas.

En sintonía con ese pronunciamiento, el interventor en la seguridad del Distrito Federal Ricardo Cappelli dispuso el cierre de la Explanada de los Ministerios. Por su parte, el Fiscal General de la República, Augusto Aras, de viejas afinidades con el excapitán del Ejército, ha abierto una investigación contra tres diputados por haber incitado a participar en "actos terroristas", dos de ellos del Partido Liberal (PL) que llevó a Bolsonaro como candidato, André Fernandes y Clarissa Tércio. Aras busca adecuarse a los nuevos tiempos después de años de obstaculizar las causas que pudieran incomodar al entonces jefe de Estado o sus hijos.

Figura protagonista

De Moraes es, por estas horas, una figura central. Para Bolsonaro era el demonio mismo. Después de que miles de sus seguidores entraran desaforados a las sedes de los tres poderes del Estado, el papel del magistrado del STF se ha reforzado. Bajo otras circunstancias no habría sido posible que se cumpliera su petición de detención del exministro de Justicia del pasado Gobierno, Anderson Torres. No se le investiga por su desempeño en esa cartera sino en condición de secretario de Seguridad de Brasilia durante las horas que estremecieron al país.

Torres se encontraba por entonces en Estados Unidos, en el mismo estado de Florida que ha elegido Bolsonaro como lugar de supuesto descanso tras abandonar Brasil un día antes de concluir su mandato. "Me presentaré a la justicia y me ocuparé de mi defensa. Siempre he guiado mis acciones por la ética y la legalidad. Estoy seguro de que la verdad prevalecerá", dijo Torres. El excomandante de la Policía Militar de Brasilia, Fabio Augusto Vieira, también fue detenido. A ambos se les acusa de haber facilitado las condiciones para que la turba de extremistas irrumpiera en un lugar vedado al acceso público.

Después de ser dado de alta por un problema intestinal este martes (madrugada del miércoles en España), Bolsonaro volvió a la carga y compartió por unas horas en el espacio virtual una fake news sobre los comicios. En el vídeo publicado en Facebook, y más tarde borrado, un hombre identificado como el doctor Felipe Giménez ataca la seguridad de las urnas electrónicas. "Lula no fue elegido por el pueblo. Fue escogido y elegido por el STF y el TSE (Tribunal Superior Electoral)". El mismo argumento que la derecha radical convirtió en credo y la misma fuerza para atacar las instituciones republicanas. Si el excapitán del Ejército puede todavía hacer suyo ese discurso tras los hechos del 8 de enero, parece quedar abierta la posibilidad de nuevas intentonas desestabilizadoras. El fiscal Lucas Rocha Furtado ha pedido que se congelen las cuentas de Bolsonaro en el marco de la investigación contra los autores materiales e intelectuales del fallido golpe.

Medidas más enérgicas

Lula se encuentra frente a un dilema en un punto previsible. El servicio de inteligencia estatal estuvo al servicio de Bolsonaro y los militares. El diario paulista Estado cita a funcionarios de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) que hablan de una estructura paralela que todavía sirve a los intereses de la ultraderecha. "De lo contrario, ¿qué explicaría que se hayan ignorado las advertencias de Abin sobre el riesgo de invasión?", plantea la columnista de esa publicación, Vera Rosa. Folha cita a estrechos colaboradores del presidente, y consigna que Lula "ni siquiera confía" en las personas que trabajan en el palacio de Gobierno y que provienen de la anterior gestión.

"Hay que trabajar en la prevención de nuevos actos terroristas", pidió Míriam Leitão, influyente columnista del diario carioca O Globo. "El Gobierno y las fuerzas de seguridad deben hacerlo en dos vías. De un lado, aclarar lo ocurrido. Por otro, prevenir el futuro. Hay muchas preguntas sin respuesta y es necesario encontrarlas para proteger mejor todo el aparato de los tres poderes en Brasilia". Leitão, y otros analistas, formulan los mismos interrogantes: por qué Anderson Torres desmanteló toda la estructura de la secretaría de Seguridad y se fue de viaje a Florida. "¿Fue deliberado? ¿Incompetencia?". Tampoco se ha explicado por qué el Ejército no dispersó a los manifestantes frente a los cuarteles. "Los errores de antes del día 8 no pueden repetirse. Los mismos vándalos que en las redes sociales decían que iban a Brasilia, también hablaban abiertamente de atentados contra refinerías y torres de transmisión de energía".

Las redes no dejan de reproducir señales inquietantes. La ultraderecha defiende a capa y espada a los protagonistas del asalto a los poderes, centenares de ellos arrestados por una "Gestapo" tropical y llevados a "campos de concentración". En Twitter, los hashtags "Derechos Humanos", "Holocausto" y "LulaGenocida" han estado entre los más comentados de la plataforma.