Cultura de la cancelación de la ultraderecha

La ultraderecha de Le Pen pide boicotear el FNAC por vender un juego de mesa antifascista

La cadena de cultura sucumbió a las presiones y anunció que dejaría de comercializarlo, pero luego rectificó

La dirigente de Reagrupación Nacional Marine Le Pen.

La dirigente de Reagrupación Nacional Marine Le Pen. / BERTRAND GUAY

Enric Bonet

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Es un ejemplo más de la capacidad de la ultraderecha francesa para generar polémicas a partir de nimiedades y marcar la agenda política e ideológica. La Reagrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen ha pedido a sus simpatizantes que boicoteen las tiendas del FNAC en este periodo navideño. ¿El motivo de ello? El hecho de que la cadena de cultura y ocio venda un juego de mesa antifascista.

Dirigentes de la extrema derecha pusieron el grito en el cielo en las últimas semanas por Antifa, un juego de mesa en que los distintos participantes deben colaborar para montar un colectivo antifascista. “Racismo, sexismo, nacionalismo. ¡Ya basta! Contra la extrema derecha: a jugar”, era el lema de este producto ideado por la editorial y librería anarquista Libertalia. Inicialmente había sido ideado como una herramienta de formación de militantes de izquierdas, pero desde finales de 2021 se vendía en tiendas convencionales y grandes cadenas como el FNAC. Había pasado bastante desapercibido. Hasta que la ultraderecha decidió polemizar sobre ello.

Críticas a una multinacional fundada por trotskistas

“¿No vais bien en el FNAC?”, tuiteó a finales de noviembre el eurodiputado Jérôme Rivière, de la formación ultranacionalista y xenófoba Reconquista de Éric Zemmour, comentando una imagen del juego en los estantes de una tienda de la multinacional. “Casilla 1: bloqueo una universidad. Casilla 2: doy una paliza a un militante de derechas. Casilla 3: ataco un mitin de la RN. Casilla 4: lanzo un cóctel molotov a agentes antidisturbios. ¿No os da vergüenza en el FNAC?”, denunció pocos días después el diputado lepenista, Grégoire de Fournas, quien ya había sido noticia a principios de noviembre al haber dicho que “se vaya a África” a un representante de izquierdas con la piel negra.

Sindicatos de policías afines a la ultraderecha también se sumaron a la campaña contra el juego, “al reivindicar a los grupos antifascistas, que destrozan, incendian y agreden a policías durante las manifestaciones”. Primero, el FNAC cedió ante la presión de la ultraderecha y su campaña llena de exageraciones o directamente falsedades sobre el contenido del producto. A finales de noviembre, anunció que dejaba de comercializarlo.

Esa decisión generó cierta estupefacción en Francia. En los estantes del FNAC, no solo se pueden encontrar libros de todo tipo, desde famosas obras de ultraderecha, como el Mein Kampf de Adolf Hitler o Le gran remplacement de Reanud Camus hasta todo tipo de ensayos de la izquierda radical. También sorprendió porque el FNAC había sido fundado por exmilitantes trotskistas, entre ellos, Max Théret, que combatió en las brigadas internacionales en la Guerra Civil española. 

Demonización del antifascismo

La multinacional decidió al final rectificar y anunció la semana pasada que seguiría vendiendo Antifa. “Pido a todos los consumidores responsables que no frecuenten aquellas tiendas en que se distribuya el juego”, reaccionó tras esa decisión Louis Aliot, alcalde de Perpinyà y número tres de la RN. En realidad, este boicot de los ultras ha sido víctima de un “efecto Streisand”. Ha dado a conocer el polémico producto, que ya ha agotado todas sus existencias para estas Navidades. 

El tiro le salió por la culata al lepenismo. Este episodio mostró, sin embargo, la capacidad de la ultraderecha para generar ruido a partir de nimiedades en aras de avanzar sus peones ideológicos. La letárgica actualidad veraniega ya se había visto animada en Francia por una polémica totalmente banal sobre una cursa de karting en una prisión de la región de París, una actividad considerada inaceptable por el partido de Le Pen. Los ultras también intentaron instrumentalizar el atroz asesinato de una adolescente en octubre para promover sus postulados xenófobos. 

Siguiendo la estela de Donald Trump, la ultraderecha francesa se esforzó en los últimos años para demonizar a los colectivos antifascistas. Estos grupos de izquierdas, que a veces protagonizan enfrentamientos con la policía en manifestaciones, también suelen ser duramente criticados por la derecha republicana y algunos sectores del macronismo. El ministro del Interior, Gérald Darmanin, intentó en los últimos años ilegalizar a varias organizaciones izquierdistas, como el Grupo Antifascista de Lyon o Nantes Revolté. Unas tentativas frustradas por la Justicia.