Cumbre de la Alianza Atlántica en Madrid

La OTAN discute cómo convertir a Ucrania en su bastión ante Rusia

Stoltenberg anima a aprobar este miércoles un paquete renovado y más potente de ayuda militar

Obús autopropulsado 2S7 ucraniano, en una carretera de Járkov el pasado 17 de mayo.

Obús autopropulsado 2S7 ucraniano, en una carretera de Járkov el pasado 17 de mayo. / EFE EPA Vasiliy Zhlobsky

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Juan José Fernández

Un alto el fuego; demarcación de una franja desmilitarizada en el Donbás de unos 100 kilómetros, vigilada quizá por la OSCE; y detrás, una Ucrania no miembro de la OTAN; pero con todas sus fuerzas interoperables con el armamento y los procederes de la Alianza. Así prevén altas fuentes militares españolas un futuro de Ucrania si se declara un alto el fuego.

Si no se declara el alto el fuego, la tercera variable sigue siendo apuesta segura. De hecho ya empezó a serlo en 2014. Tras la anexión rusa de Crimea, comenzó el entrenamiento de los militares ucranianos por asesores de ejércitos OTAN, especialmente Polonia y Estados Unidos, que explica, según fuentes del estamento directivo de la Alianza, la eficaz resistencia ante Rusia en la primera fase de la guerra.

La de una Ucrania parcialmente finlandizada (con rasgos, no todos, de la neutralidad finlandesa de antes de febrero pasado), pero interoperando a la occidental es la composición de futuro que se hacen también los delegados de 30 países de la Alianza Atlántica y de la UE ante los que está previsto que intervenga Volodimir Zelensky este miércoles, en una escena sin precedentes: nunca antes se había dirigido a la principal asamblea de la OTAN el presidente de un país invadido por Rusia, mucho menos con misiles rusos sobrevolando su cabeza.

Más armas, más tiempo

Occidente aprobará en Madrid un renovado paquete de ayuda para la Ucrania agredida. Kiev ha iniciado el verano batiéndose desesperadamente en Lugansk, y sin iniciar la contraofensiva en el Donbás por la que los estados mayores de la Alianza apostaban en el día 100 de la guerra.

El pasado 2 de junio, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, anunció una previsión general de los aliados: la guerra de Ucrania durará meses, cuando no años, o, dicho de forma más eufemística, “debemos prepararnos para el largo plazo –advirtió-, porque vemos que esta guerra se ha convertido ahora en una guerra de desgaste”.

La prolongación en el tiempo de la guerra acentuará la integración de las fuerzas ucranianas en la doctrina y sistemas occidentales, creándose por agregación una ventaja para la OTAN: un bastión occidentalizado en el flanco este de la organización, justo cuando ésta decide reforzar considerablemente esa parte de su territorio.

Ucrania ha pedido con angustia carros de combate y artillería móvil y de mayor alcance para resistir las embestidas rusas en el Donbás

Ucrania ha pedido con angustia carros de combate y artillería móvil y de mayor alcance para resistir las embestidas rusas en el Donbás, y por ahí empieza la renovación más profunda de su arsenal: misiles Stinger antiaéreos y Spike anticarro, de los que Estados Unidos ha ordenado una duplicación de la producción para no quedarse sin su propio stock de seguridad.

Ucrania necesita contrarrestar los 2S1 Gvozdika, pieza artillera soviética de 122 milímetros. Una batería se seis arrasa un barrio del tamaño del Raval o Chamberí. Rusia dispondría de medio millar de piezas, parte cedidas a los rebeldes del Donbás.

El ejército Z usa también en vanguardia el cañón de 152 milímetros 2S3 Akatsiya, equivalente al M109, el más extendido en Occidente. Y ambos países se castigan con el 2S7 Pión, autopropulsado, de largo alcance y 203 milímetros, de lo más pesado que han visto en esta guerra fuentes militares españolas.

Ucrania ha recibido hasta el momento, que haya trascendido, cuatro lanzacohetes 270MLRS de Estados Unidos. Es una escasa pero valiosa aportación, capaz de disparar a 70 kilómetros de distancia, y que, teniendo a su alcance la Isla de las Serpientes, es clave para defender la costa de Odessa.

La interpolación de armamento occidental en las fuerzas ucranianas ya ha pasado por la recepción de varias docenas de piezas autopropulsadas polacas 2S1 de 122 milímetros, los obuses M109 de 155, estándar OTAN, de los que Noruega envió 22 y el Reino Unido vendió otros 20, y una enorme arma alemana: al menos siete cañones autopropulsados PHZ2000 de 155 milímetros, entre la artillería más potente del mundo.

Sin castigo

Hay un gris convencimiento entre los aliados que se sientan este miércoles en Madrid: no habrá un proceso de Nüremberg contra Putin, sus generales y sus oligarcas. Esa previsión, en forma de titulares, “funciona como heroína mediática, pero no es real”, corroboraba a EL PERIÓDICO Nuno Pinheiro, exdirector de Política de Defensa del ministerio de Defensa de Portugal y experto en Derecho Penal Internacional, en el Seminario Internacional de Seguridad y Defensa celebrado la pasada semana en Toledo.

Hay además otra extendida creencia en el seno de la OTAN; según las referidas fuentes de la Alianza: alcanzado el verano por Rusia, a la potencia agresora le conviene el paso del tiempo.

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“En su ataque han demostrado cometer muchos errores, pero defendiendo son un ejército muy duro”, explica un general español. O sea, los combates de Ucrania por recuperar territorio ganado por Rusia en el Donbás pueden alcanzar un coste estratégico y de vidas insostenible.

El tiempo juega a favor de Rusia además si se aproxima peligrosamente un invierno con los precios del gas y de otras energías tal y como están, y con los abastecimientos europeos en peligro. La prolongación en el tiempo pondrá a prueba la cohesión de los socios europeos. Y esa preocupación, dicen estas fuentes, le consta ya al presidente Zelenski.