Riesgo de catástrofe

Rusia toma la central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa

La agencia de inspección atómica de Ucrania certifica que no han variado los niveles de radiación alrededor de la instalación

Ataque ruso a la central nuclear de Zaporiyia (Ucrania)

Marc Marginedas

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"No se puede avanzar más", ordenan, de forma tajante y con cara de pocos amigos, los soldados que montan guardia en el último puesto de control del Ejército ucraniano, a unos 30 kilómetros al sur de Zaporiyia. Carretera abajo, fuera de su campo de visión y acechando tras una colina cercana, se han posicionado un número indeterminado de tanques y blindados rusos que disparan de forma recurrente contra esta última línea de defensa del territorio bajo control del Gobierno de Kiev. Más allá, a unas decenas de kilómetros siguiendo el curso serpenteante de un gigantesco embalse en el río Dniéper, se halla la pequeña población de Vasilivka y, lo más importante, la central nuclear más grande de toda Ucrania, instalaciones que durante la noche anterior habían sido escenario de un inquietante incendio debido a los ataques de las tropas rusas, generando una ola de indignación internacional.

Serguei Koshenko es un sacerdote que lleva cinco días organizando la evacuación de niños de Vasilievka.

Serguei Koshenko es un sacerdote que lleva cinco días organizando la evacuación de niños de Vasilievka. / MARC MARGINEDAS

Los únicos vehículos que durante la mañana estaban siendo autorizados a traspasar las alambradas de espino llevaban adherido un enorme cartel en el parabrisas o en techo en el que se leía la palabra 'dieti' y que en idioma ruso o ucraniano significa "niños". En teoría, gracias a los acuerdos alcanzados la víspera entre representantes ucranianos y rusos, estos convoyes humanitarios gozan de libertad de movimientos para cruzar las líneas de frente y sacar a la población civil que lo desee de los lugares en los que haya podido quedar atrapada debido al avance de las fuerzas ocupantes.

La ONU asegura que no ha habido escape radiactivo en el ataque ruso a la central nuclear de Zaporiyia, en Ucrania

Al frente de la evacuación se halla Serguéi Goshenko, pastor eclesiástico de 60 años, quien lleva ya cinco días en este punto geográfico organizando el trasiego de vehículos y automóviles que circulan entre Vasilivka y Zaporiyia. "Hoy ya hemos sacado a 70; y está por llegar un autobús con otros 50", informa con precisión. A diferencia de lo sucedido durante la jornada anterior, en lo que lleva de día no se han producido disparos desde las posiciones rusas y todas las operaciones están transcurriendo con mayor fluidez: "Ayer abrieron fuego entre las tres y las cinco de la tarde; al menos cayeron 50 proyectiles". Lo único que lamenta, eso sí, es que una de las ruedas traseras de su vehículo haya pinchado, circunstancia que le impide participar personalmente en el desalojo.

Ruslán Kristilne, de una treintena de años y militar de profesión, es uno de los soldados que vigilan el puesto de control y no oculta su indignación ante las noticias del incendio en la cercana central atómica. "Lo que practica la Federación Rusa es terrorismo nuclear", denuncia. Haciendo gala de gran confianza en las capacidades de sus fuerzas armadas, este soldado de barbas rubias y con la cabeza cubierta con un pasamontañas insiste en que las tropas rusas solo dominan el territorio que pisan, algo muy similar a lo que sucedió durante la invasión de la URSS por parte de la Alemania nazi: "Más abajo no solo hay tanques, también hay blindados, pero no controlan nada de territorio porque no tienen suficientes efectivos; de hecho, avanzan muy lentamente porque les falta apoyo en la retaguardia". 

Pese a que los bomberos han apagado el incendio en las instalaciones atómicas a primera hora, el gravísimo incidente ha tenido un efecto llamada inmediato en la región aledaña, dejando prácticamente desiertas las amplias avenidas de Zaporiyia, flanqueadas por edificios neoclásicos y soviéticas construcciones de paneles. Durante la mañana, la localidad ofrecía al visitante un aspecto fantasmagórico, pese a que el avance militar ruso aún se hallaba relativamente lejos y a que apenas se habían registrado bombardeos contra el casco urbano, una suerte muy diferente a la que está corriendo en estos momentos Járkov, 300 kilómetros al norte. Con los comercios, los restaurantes y las gasolineras de la capital regional cerradas a cal y canto, los vehículos locales únicamente podían repostar decenas de kilómetros carretera arriba, ya cerca de la población de Dnipro.

Galina Paravchuk ya no se lo ha pensado más. Este viernes por la mañana, agarró a su hija de nueve años y cargó su coche hasta los topes para alejarse lo más posible de Zaporiyia. "En cuanto me enteré del incendio (en la central) supe que nos teníamos que ir; esto muestra que los rusos no se detendrán ante nada", asegura. Su mayor temor es que vuelva a producirse otro fuego y todo termine en "un gran desastre".

Las inquietudes y las acusaciones de Galina contra los ocupantes rusos son compartidas ampliamente por gobernantes ucranianos, dirigentes occidentales y hasta de la ONU. "Hemos sobrevivido a una noche que pudiera haber puesto fin a la Historia de Ucrania y a la Historia de Europa", clamó el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. El presidente estadounidense, Joe Biden, condenó la "irresponsabilidad" del Ejército ruso, mientras que el responsable de Asuntos Políticos de la ONU, Rosemary Di Carlo, criticó sin ambages el incidente: "Los ataques contra las instalaciones nucleares son contrarios al derecho internacional humanitario".

La agencia de inspección atómica de Ucrania ha certificado que no han variado los niveles de radiación alrededor de la central, según informa Efe. De los seis bloques de que consta la planta, solo uno se halla en funcionamiento, otro ha sido puesto fuera de servicio y los otros cuatro están en proceso de enfriamiento.