Comicios en octubre

Brasil encara su año electoral con Bolsonaro hundido y Lula en el centro

  • El presidente estuvo internado por una obstrucción intestinal de la que sus partidarios trataron de sacar rédito político

  • Las encuestas le auguran una paliza en los comicios de octubre que marcarían el fin de sus ambiciones para ser reelegido

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, tras ser dado de alta de su último ingreso hospitalario.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, tras ser dado de alta de su último ingreso hospitalario. / NELSON ALMEIDA (AFP)

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Abel Gilbert
Abel Gilbert

Corresponsal en Buenos Aires

Especialista en se ha especializado en temas políticos relacionados con la región pero también ha abordado cuestiones culturales y deportivas

Escribe desde se encuentra en la ciudad de Buenos Aires

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Jair Bolsonaro masticó mal unas gambas y tuvo que interrumpir sus vacaciones por una obstrucción intestinal. Mal augurio para el que parece ser el último año de su aventura presidencial: las encuestas le han traído pésimas noticias de cara a las elecciones de octubre. Luiz Inacio Lula da Silva lo derrotaría en primera vuelta. No han faltado adversarios que encontraron en esas predicciones el motivo de su indigestión y la necesidad cada vez más urgente del ex capitán retirado de recuperar votos a toda costa. Al salir del Hospital de la Estrella de Vila Nova, en San Pablo, Bolsonaro, confirmó parte esas sospechas. Dijo que, con su convalecencia, no había intentado "victimizarse" para obtener réditos políticos.

Las vacaciones del presidente previas al incidente habían despertado controversias. Sus paseos en moto acuática por las playas del sur contrastaron con las escenas dramáticas dejadas por las inundaciones en el nordeste. Pero sus problemas de salud silenciaron esa polémica. El Gobierno de ultraderecha recordó el atentado con un puñal que sufrió Bolsonaro durante la campaña electoral que en 2018 lo llevó al Palacio Planalto. Como ocurrió en otras ocasiones, las redes sociales se atiborraron de fotografías del presidente con una sonda nasogástrica o caminando por el pasillo del hospital.

El diputado Eduardo Bolsonaro publicó una imagen del momento de aquel ataque con la frase "¿quién ordenó matar a Bolsonaro?". Su padre ha reclamado la reapertura de las investigaciones judiciales que atribuyeron el ataque a la acción solitaria de un alucinado. "En mi opinión, no es difícil desentrañar este caso. Seguramente llegará a gente importante”.  

El rey de las fake news

Marcos Nogueira señaló al respecto desde Folha de Sao Paulo que, si bien, a estas alturas, "es difícil sorprenderse de cualquier barbaridad cometida" por el jefe de Estado, hay que admitir que "se supera cada día en ineptitud". "¿Quién se compadece del sufrimiento de Bolsonaro?", se preguntó su vez la revista Carta Capital. Una reciente medición de la consultora Datafolha da cuenta que la figura del capitán retirado es aprobada por un 22% de los brasileños. Es esa franja la que cree todavía en un jefe de Estado que, según la agencia Aos Fatos (a los hechos), propagó en 2021 un promedio diario de 6,9 declaraciones falsas o distorsionadas.

De ahí que todo lo ocurrido alrededor de la nueva hospitalización provocara tantas suspicacias. Bolsonaro, escribió Ricardo Kertzman, columnista del semanario Istoé, es "un burdo inhumano, un cruel insensible e incapaz de la más mínima empatía y solidaridad con los demás. Peor aún, tiene la despreciable capacidad de burlarse incluso de los que sufren". Sin embargo, cada vez que se ve afectado por un problema de salud, “intenta atraer, además de la atención con fines electorales, algún tipo de solidaridad. Seguro que no tiene éxito, salvo entre los tontos”.

Campaña anticipada

Los seguidores del presidente oraron por su recuperación y condenaron la falta de empatía de los demás. "¡Gracias a Dios mi padre está bien! Cada vez que pasa por esto es imposible no indignarse con la mentira de que Bolsonaro tiene discurso de odio", dijo el senador Flavio Bolsonaro. Una vez que fue dado de alta, el presidente retomó sus actividades que no son otra cosa que una campaña electoral anticipada. Se lo vio sonreír en el estado de Goiasm durante un festival de música rural.

Los brasileños acudirán a las urnas el 2 de octubre. A 10 meses de la contienda, Datafolha y la consultora Ipec dan ganador en primer vuelta a Lula, el exmandatario que fue proscrito en los comicios de 2018 que allanaron el camino de Bolsonaro y luego, bajo su Gobierno, pasó 580 días en prisión. En caso de ir a una segunda vuelta, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) se quedaría con el 65% de los votos válidos.

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Bolsonaro debería repartirse las adhesiones restantes con Sergio Moro, el juez que en su momento condenó a Lula y, como premio, se convirtió luego en superministro de Seguridad del Gobierno de ultraderecha. Moro rompió con Bolsonaro. Luego, su condición de juez implacable se hizo trizas. El proceso contra Lula demostró ser parcial y fue anulado. El exmagistrado, quien ocupa el tercer lugar en las preferencias electorales, ha salido a buscar bolsonaristas desencantados.

Cerca del mandatario temen otro tipo de deserciones: la del votante evangélico. Una reciente encuesta ha detectado que un poco más de la mitad de esa feligresía esta vez votaría por un Lula cada vez más inclinado hacia el centro para garantizar su victoria electoral. "Tiene capital político", dijo Abner Ferreira, uno de los principales obispos de la Asamblea de Dios. Su padre es uno de los líderes de esa iglesia pentecostal que ha comprometido su apoyo a Bolsonaro en octubre. Acaba de tomarse una foto abrazado con el expresidente. Para el capitán retirado, ese gesto afectuoso debe haber sido más difícil de tragar que las gambas que estropearon su intestino.