Estrategia contra el covid

Singapur cobrará los gastos médicos a los no vacunados

  • La ciudad-estado cuenta ya con el 85% de su población vacunada, un umbral que debería bastar para la inmunidad de rebaño

Un sanitario pone una vacuna en Singapur.

Un sanitario pone una vacuna en Singapur. / Europa Press

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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Singapur cobrará las facturas hospitalarias a esa terca minoría que aún evita la aguja, boicotea su lucha contra la pandemia y tensa sus capacidades hospitalarias. La decisión habla del hastío de un gobierno que sigue sin domar al coronavirus dos años después: epitomizó al principio la eficacia asiática con cuarentenas quirúrgicas y rastreos detectivescos, pagó después su desatención de los inmigrantes laborales en los barracones, recuperó el paso con su estrategia de tolerancia cero y padece ahora un repunte tras jubilarla. Le urge a la diminuta ciudad-estado recuperar su pulso financiero pero los no vacunados retrasan sus planes de abrirse.  

El Ministerio de Salud ha comunicado que el tratamiento médico gratuito a los enfermos de coronavirus dejará de cubrir a los no vacunados. Habla de los “no vacunados por decisión propia”, dejando de lado a los menores de 12 años y los liberados por prescripción médica. Tampoco se aplicará la resolución a los que hayan recibido ya una dosis si se apuren con la segunda.  

Singapur cuenta ya con el 85% de su población vacunada, un umbral que debería bastar para la inmunidad de rebaño. Pero ese 15% restante “supone la gran mayoría de los que requieren cuidados intensivos y una contribución desproporcionada al estrés de nuestros recursos sanitarios”, razona el Ministerio. Donde no llegaron las apelaciones a la solidaridad grupal se espera que lleguen las amenazas al bolsillo porque la sanidad en Singapur no es barata. El Gobierno cubría hasta ahora a todos los nacionales, los extranjeros con residencia permanente y los que cuentan con un visado de larga duración.  

Repunte de casos

Las estadísticas presentadas dos semanas atrás descubrieron la grieta en la lucha contra el coronavirus. Los ancianos sin vacunar, apenas el 1,5% de la población, habían concentrado las dos terceras partes de muertes e ingresos en la UCI en los 28 días previos. El riesgo de los singapureses sin inmunizar de desarrollar síntomas graves es seis veces mayor; el de morir, doce veces mayor. Dos días antes había alertado el Gobierno de que su red hospitalaria, una de las más sofisticadas de Asia, estaba al borde del colapso, con la ocupación del 90% de las camas de aislamiento y el 66% de las unidades de cuidado intensivo. Singapur alcanzaba dos semanas atrás sus récords diarios de contagios, casi 4.000, y de muertos, 18, desde el inicio de la pandemia.  

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Singapur evidencia el peligro de relajar las medidas contra el coronavirus. Su primer ministro, Lee Hsien Loong, ya había aclarado que la capital financiera no podía prorrogar indefinidamente los confinamientos, fronteras cerradas y otras restricciones asociadas a la estrategia de tolerancia cero. La ciudad-estado necesita del febril tránsito de empresarios internacionales para sobrevivir y eximió recientemente a los pasajeros de ocho países (Estados Unidos, Reino Unido y Francia, entre otros) de la cuarentena si estaban vacunados.  

Pero el aluvión de contagios obligó a finales de octubre a detener las políticas aperturistas y recuperar las restricciones sociales. La crisis le alcanza a Singapur cuando ya la daba por concluida, con uno de los porcentajes de vacunación más altos del mundo y sin más deberes pendientes que convencer a los irreductibles de que pasen por el trámite del pinchazo.