Nueva era en Afganistán

El regreso de los talibanes: una espada de Damocles para las afganas

Las activistas, escondidas en el anonimato, alertan del peligro que corren los derechos de las mujeres

Una mujer con burka en Mazar-e -Sharif.

Una mujer con burka en Mazar-e -Sharif. / RICARDO GARCÍA VILANOVA

Ricardo García Vilanova

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Un viejo coche afgano se dirige a las afueras de Kabul. Avanza entre un tráfico denso hasta llegar al principio de un camino angosto cuando ya cae el sol. El automóvil no puede continuar porque muchas de las calles ni siquiera están pavimentadas. Las casas están construidas aprovechando la inclinación de la montaña, que finalmente atravesamos en total oscuridad durante varios minutos a pie. No hay una sola luz en el vecindario, es un barrio pobre, muy pobre. Tras una llamada telefónica, una puerta se abre a varios metros de nosotros y una sombra a contraluz, en silencio, hace gestos con la mano para indicarnos que sigamos el camino hacia su casa. En este piso franco nos encontramos con una de las muchas activistas que se esconden en estos momentos en el Afganistán de los talibanes.

"Ésta no es nuestra casa, hemos venido aquí solo para la entrevista", puntualiza una mujer. Quiere denunciar la situación en la que se encuentran las mujeres en su país. Estaba presente en la detención de los dos periodistas afganos que cubrían una protesta de mujeres que fueron noticia en todos los medios internacionales después de que se publicasen las fotografías con sus cuerpos magullados por los golpes recibidos por los talibanes. Esta mujer habla de varios casos parecidos que conoce en primera persona. Ella no pudo huir del país a diferencia de muchas de sus compañeras, que sabían el terror que aplicaría en breve el nuevo Gobierno. Dos de los casos más conocidos son la cantante de pop más reconocida del país, Aryana Sayeed, que pudo irse en uno de los aviones norteamericanos, y la conocida directora de cine Sahraa Karimi, que pudo salir a Ucrania.

A la universidad con abaya y velo

La versión oficial en referencia a los derechos de las mujeres es que serán respetados: podrán estudiar en la universidad, siempre y cuando lleven una abayao túnica negra larga que cubre todo el cuerpo, y un velo. Las clases no serán mixtas y que los grupos de estudiantes estarán separados por una cortina, según dijo el ministro de Educación Superior, Abdul Baqi Haqqani. Aseguran que en esta ocasión no impedirán que las mujeres vean cumplido su derecho a la educación o a trabajar fuera del hogar

Pero desde que tomaron el control del país el 15 de agosto, los nuevos gobernantes han pedido a todas las mujeres, excepto a las trabajadoras del sector de la salud pública, que se mantengan alejadas de sus empleos hasta que mejore la situación de seguridad. Este mismo martes el mulá Noor Ahmad Sayed ha asegurado a EL PERIÓDICO en Kandahar, la cuna de los talibanes , que "esto una medida temporal". Pero aquí todos tienen en la memoria la sharia (la ley islámica) que fue aplicada de manera muy rigurosa en la anterior etapa talibán, entre 1996 y 2001. Entonces, las mujeres y las niñas tenían prohibido estudiar en las escuelas y universidades.

Pocas mujeres en las calles

La realidad es que pocas mujeres se ven en las calles de Afganistán en proporción al número de hombres. En Kabul tuvieron lugar las protestas más relevantes de las mujeres que se oponen a la imposición de un régimen que las expulsa del espacio público y las condena a la invisibilidad, la falta absoluta de derechos y las más variadas formas de violencia. 

Junto a las mujeres, muchos otros colectivos se esconden en el anonimato de las masas para evitar represalias. “Los talibanes no prometen nada más que un islam moderado. No hay que crerles”, dice el periodista que no se identifica, en el centro de Mazar-i-Sharif, la ciudad fronteriza con Uzbequistán. Nos explica que fue colaborador directo del ahora expresidente Ashraf Ghani, y que ha estado huyendo desde que los fundamentalistas llegaron al poder. "Me quedo en el mismo lugar un día como máximo", cuenta con una mascarilla sobre su rostro, al mismo tiempo que muestra varias fotografías en su teléfono de lo que ya pertenece a su pasado. Mientras, varios curiosos se arremolinan a su alrededor, lo que provoca el fin inmediato de la conversación y su marcha entre la multitud.