Pruebas de armamento

Corea del Norte estrena misiles de crucero de largo alcance

  • Los nuevos proyectiles tienen una autonomía de vuelo de 1.500 kilómetros, pese a no violar las sanciones de la ONU

Archivo - El líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, junto a militares del Ejército del país

Archivo - El líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, junto a militares del Ejército del país

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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Corea del Norte ha lanzado este fin de semana nuevos misiles que amplían su catálogo armamentístico cuando a su pueblo le aprieta el hambre y Washington le tiende la mano. Son misiles crucero de largo alcance que volaron durante más de dos horas en “órbitas ovaladas y en forma de ocho” antes de hundirse en aguas norcoreanas, ha aclarado esta mañana la agencia oficial de noticias 'KCNA'. El lanzamiento ha generado el litúrgico coro de condena.  

Es un “arma estratégica de gran importancia” que servirá para “disuadir y contener las maniobras militares de las fuerzas hostiles", ha añadido la agencia oficialista. “Estratégico” es el eufemismo utilizado para referirse al armamento nuclear cuando asustar al vecindario o a Estados Unidos aún no es prioritario. Los misiles, con una autonomía de vuelo de 1.500 kilómetros, podrían golpear Japón. Son de crucero, y no balísticos, por lo que no violan las prohibiciones de la ONU.

Sólo les diferencia la propulsión pero ambos son capaces de transportar una ojiva si Pionyang las hubiera desarrollado, un asunto sobre el que dudan muchos expertos a pesar de las promesas norcoreanas. La ONU sólo afectó a los segundos porque en aquellos días de hastío generalizado eran los que utilizaba Corea del Norte y ahora, con Rusia y China sintonizando de nuevo con Pionyang, su inclusión parece quimérica. Ya meses atrás lanzó misiles de crucero con un alcance de 500 kilómetros, pensados para Corea del Sur, y es probable que siga aprovechándose de la laguna legal. 

Ramón Pacheco, profesor de Relaciones Internacionales del King College y experto en Corea del Norte, le concede a la última provocación un cinco en una escala de cero a diez. “Si nos atenemos de forma escrupulosa a la legalidad, no ha hecho nada incorrecto. Está a medio camino entre cruzarse de brazos y practicar un ensayo nuclear o lanzar un misil intercontinental”, juzga.

Confluían tantos motivos para el gesto norcoreano que los expertos sólo debatían el momento. Pionyang había prometido responder a las maniobras militares conjuntas de Corea del Sur y Estados Unidos de agosto y meses atrás ya había anunciado que desarrollaba nuevo armamento. La semana próxima se reúnen en Japón representantes de Seúl y Washington para tratar el asunto norcoreano, y esta llegará a Pionyang el jefe de la diplomacia china, Wang Yi. Estados Unidos aprobó recientemente una venta de armamento por valor superior a 250 millones de dólares a Corea del Sur y ésta probó la semana pasada un misil balístico desde un submarino. 

Respuesta japonesa y estadounidense

“Un misil que vuela unos 1.500 kilómetros sería una amenaza para la paz y la seguridad de la zona que rodea a Japón, por lo que estamos preocupados”, ha afirmado Katsunobu Kato, portavoz del gobierno nipón. “El lanzamiento evidencia que Corea del Norte sigue desarrollando su programa militar, lo que supone amenazas para sus vecinos y la comunidad internacional", ha añadido Washington.

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La tibia respuesta de la Casa Blanca subraya su plan de perseverar en la solución dialogada. Washington ha enterrado aquel autismo de Obama que sólo consiguió acrecentar el problema y Biden pretende sacar algo más que las fotos para la hemeroteca de Trump. Sun Kim, su enviado para Corea del Norte, ha pedido a Pionyang que le aclare cuándo y dónde quieren sentarse. Ocurre que Pionyang no descuelga el teléfono ni responde a los emails. “La pelota está en el tejado norcoreano. Se están haciendo de rogar y quizá con los lanzamientos buscan que Washington levante algunas de las sanciones antes de citarse”, juzga Pacheco.

El contexto no sugiere que Pionyang conceda audiencia a Washington en breve. Cualquier negociación recomienda una posición de fuerza y Corea del Norte pasa por dificultades inéditas en la última década por la escasez alimentaria y el cierre de fronteras para blindarse del coronavirus.