Crisis en el país centroasiático

El primer ministro esloveno insiste en que la UE no debe aceptar un corredor humanitario para refugiados afganos

  • "La postura de la UE sobre la crisis humanitaria en Afganistán no corresponde a la presidencia de turno", espeta el presidente de la Eurocámara a Janez Jansa

El primer ministro de Eslovenia, Janez Jansa, durante una rueda de prensa en Estrasburgo el pasado 6 de julio.

El primer ministro de Eslovenia, Janez Jansa, durante una rueda de prensa en Estrasburgo el pasado 6 de julio. / PATRICK HERTZOG (AFP)

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Irene Savio
Irene Savio

Periodista

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Aparcada la diplomacia, el choque institucional en la Unión Europea (UE) sobre la acogida de los solicitantes de asilo afganos está quedando al desnudo; no se oculta. Es lo que se desprende de la pelea pública provocada por la arremetida de Janez Jansa, primer ministro de Eslovenia, país presidente de turno de la UE hasta diciembre, contra la posible puesta en marcha de corredores humanitarios para los que están huyendo de Afganistán. "No repetiremos el error de 2015 (cuando algunos países europeos decidieron temporalmente abrir sus puertas a refugiados procedentes de Oriente Medio)", ha reiterado este martes Jansa, al rechazar así las aberturas apadrinadas por los líderes de otras instituciones europeas.

En primer lugar, la del presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli quien desde la ciudad italiana de Rímini, le ha recordado a Jansa que no le corresponde a la presidencia de turno "decir cuál es la postura de la UE sobre la crisis humanitaria en Afganistán". "Invitamos al primer ministro Jansa a discutir con las instituciones europeas para que podamos decidir cuáles deberían ser los próximos pasos", ha añadido Sassoli, al precisar que aún así "está claro que necesitamos mostrar solidaridad".

Sassoli se ha pronunciado de esta manera después de que Jansa dijera, y republicara en una serie compulsiva de tuits, que la UE "no abrirá ningún corredor humanitario o migratorio para Afganistán". "En la actualidad no hay consenso ni mayoría cualificada ni ninguna mayoría para hacer eso", ha insistido Jansa, en una respuesta directa a Sassoli. Y esto, cuando casi a la misma hora, el comisario europeo de Asuntos Económicos, Paolo Gentiloni, pedía que la UE llegue a un acuerdo común también sin el apoyo de esos "4 o 5 países" contrarios.

Ayuda del Vaticano

"Ya estamos mostrando solidaridad con los que han trabajado con nosotros", ha sido la respuesta de Jansa, al cerrar la puerta así a cualquier afgano que no forme parte de este grupo, como activistas, mujeres, políticos o defensores de derechos humanos que en 20 años de presencia militar de Estados Unidos y de sus aliados en Afganistán han desarrollado modos de vida y experiencias por las que ahora su vida corre peligro con los talibanes en el poder. Es este el colectivo más desprotegido que estaría intentando ayudar incluso el Vaticano, en directo contacto con los talibanes -y a través de una mediación del Gobierno turco-, según en estos días ha escrito un veterano periodista que cubre la información de la Santa Sede.

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Las iniciativas de los países europeos en este sentido, de momento, han sido autónomas, cada uno por su cuenta. Francia ha evacuado a la directora de cine Shahrbanoo Sadat, premiada en el festival de Cannes en 2016 con su 'Wolf and Sheep'. Italia ha hecho lo mismo con activistas de la oenegé Pangea Onlus, algunas de las cuales fueron golpeadas por los talibanes antes de lograr embarcarse en un vuelo operado por las fuerzas aéreas italianas. Y así también se ha comportado Alemania, país en el que ahora se encuentra la defensora de derechos de las mujeres Zarifa Ghafari, quien en 2018 se convirtió en alcaldesa de la ciudad afgana de Maidan Shahr (centro del país).

Pero otros han dejado claro que tienen otras perspectivas. Por ejemplo: Polonia, país que esta semana anunció la construcción de una nueva valla de 2,5 metros de alto en su frontera con Bielorrusia. Allí donde ya se mantienen atrapados en un improvisado campo a decenas de solicitantes de asilo de Afganistán. "Es una situación inhumana y peligrosa para la vida", ha denunciado el diputado de izquierdas Maciej Konieczny, tras una visita en el lugar. Una mano dura que, aun con matices, está en línea con la de los Gobiernos de Austria, Hungría y de otros países bálticos, mientras que desde otros estados como Alemania también crece la hipótesis de una externalización de la acogida en países terceros.